El atentado que Eto’o esquivó

Atentado DaguestánÁLVARO MÉNDEZ | Tras el parón invernal, el próximo fin de semana se reanudarán las competiciones rusas. La llegada de la esperada primavera permitirá que el balón vuelva a rodar en los esteparios coliseos eslavos y que Zenit y los moscovitas CSKA y Dinamo continúen su pulso por el primer puesto. Todo seguirá igual. Pero en la Liga Nacional, la división de plata rusa, el torneo comenzará con una notable ausencia. Los crespones negros se impondrán en las insignias de los 19 clubes para recordar la figura de una de las grandes promesas del balompié norcaucásico, el difunto mediocampista Gasan Magomedov.

Todo sucedió el pasado 4 de enero, en una típica noche gélida en el pueblo daguestaní de Novokuli, cuando el joven futbolista del Anzhi regresaba a casa de sus padres. Una vez había aparcado su coche, unos encapuchados abrieron fuego contra el vehículo y Magomedov resultó gravemente herido. Inmediatamente, fue trasladado de urgencia al hospital de Majachkalá, pero falleció en la ambulancia sin que los sanitarios pudieran hacer nada para salvar su vida. El fútbol ruso se estremeció a causa de la brutalidad del asesinato y automáticamente se abrió una investigación para aclarar lo sucedido, pero apenas se obtuvo alguna conclusión relevante. Magomedov estaba totalmente limpio. Ni pertenecía a las fuerzas armadas ni existía evidencia alguna de que estuviese afiliado a una banda criminal o terrorista. Su sueño, como el de tantos jóvenes de las categorías inferiores, era devolver a su amado equipo a la primera división rusa. Pero la mala suerte se cruzó en su camino. Al parecer, su único delito fue tener el mismo coche que algún miembro de la administración de Daguestán que sí podría haber sido un objetivo de los comandos terroristas que se esconden en las montañas de la región.

Su caso se une al de tantos y tantos nombres que fallecen en el inestable Cáucaso Norte a causa de los combates espontáneos entre el Ejército ruso y las milicias chechenas fundamentalistas islámicas. No es el único ni será el último. La república de Daguestán —al igual que las vecinas Chechenia o Ingustetia— es un auténtico hervidero de terror después de que dos guerras sembraran el caos y la muerte durante los años 90 y la pasada década. Ahora los delfines de Vladimir Putin intentan pacificar la zona —por las buenas o por las malas— en aras de la normalización política y social en uno de los muchos focos de tensión que tiene abiertos la madre Rusia

En esta política de radical de ‘postureo’ sin ambages, el fútbol ha sido una de las armas principales para convencer al mundo de que, al contrario de lo que la realidad afirma, la violencia ya es cosa del pasado. Por un lado, ahí está el escaparate del Terek Grozni de Ramzán Kadýrov, y por otro el Anzhi Majachkalá del oligarca Suleiman Kerimov. Este hombre de negocios que se hizo de oro con las masivas privatizaciones yeltsinianas de la década de los 90 gracias a sus negocios en la industria minera intentó convertir al club daguestaní en uno de los clubes más punteros de Rusia. Al amparo de la figura del mediático Guus Hiddink, el empresario logró atraer a nombres como Eto’o, Roberto Carlos, Willian o Lassana Diarra, que no dudaron en dejar sus clubes europeos para probar suerte en la utopía galáctica de Kerimov.

Sin embargo, el sueño pronto se hizo trizas al tiempo que el equipo se hacía insostenible a nivel económico y el club era penalizado por incumplir el ‘fair play’ financiero de la UEFA. Eso sí, el rublo no fue la única causa del éxodo de estrellas que experimentó el Anzhi Majachkalá en 2013 y 2014. A causa de la inestabilidad y los brotes de violencia que experimentaba la región día sí y día también, los jugadores vivían en Moscú y se trasladaban a Daguestán para jugar los partidos, lo que suponía viajar 2.000 kilómetros para jugar ‘en casa’. Los dirigentes del club insistían en que no había nada que temer. Pero claramente se equivocaban. Y si no, que se lo digan a los familiares del joven Gasan Magomedov. Su trágico destino podría haber sido perfectamente el de Eto’o, Roberto Carlos o Willian si no llegan a abandonar la entidad caucásica a tiempo. Pero, al final, la fatalidad siempre se ceba con los más débiles.

04/03/2015

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