Pepe

pepeMARIO BECEDAS | Sobre esta piedra quiso edificar Ramón Calderón no se sabe muy bien qué iglesia. Pero al final lo hizo Mourinho. Képler Laverán Lima Ferreira llegó a un Real Madrid convulso. Era 2007 y el equipo perdía ADN en cada partido que disputaba. Vino como uno de los saldos que el Oporto colocaba a precio de oro y ascendió hasta el corazón de la manzana madridista como Pepe.

Se cuestionó si merecieron la pena los 30 millones desembolsados. Se justificó el dispendio en su potencia, su disparo y su cabeceo. No sabían que fichaban una religión. Pepe se hizo hueco a base de ímpetu, tanto, que se pasó. Su instinto para la sangre fresca en el campo era una sospecha para propios y extraños, pero un día de abril de 2009 se abrió la veda.

Fue una jugada loca, como el partido. El Madrid desplegó un encuentro ‘Blitzkrieg’, su favorito desde que se fue Floro, contra el Getafe. Un intercambio de golpes en el que, de repente, todo el mundo soltó la caña en el bar porque Pepe apareció dando violentas patadas a la chepa de un Casquero sufriente en el suelo. La partida de Tekken se había iniciado.

Le cayeron 12 partidos, pero la afición vio entre tantos años de abulia un gen competitivo que abría la espita, ya sólo faltaba Mourinho. Fichado el entrenador, los portugueses se hicieron con el mando y el Madrid se levantó el cuello de la gabardina. Cristiano, Mourinho y Pepe se convirtieron en el poli malo, el poli más malo y el poli más malo todavía.

Comenzó la verdadera guerra contra el Barça de Guardiola. El cráneo afeitado de Pepe exageraró su morfología, sus miradas escondían algo de caricatura y sus dientes, como dijo Jabois, algo de dibujo animado japonés. Pisó manos a Messi, quiso exterminarse con Alves y marcó goles decisivos. Más tarde, su cabeza acabaría en el taco de Busquets.

Tanta metralla trajo lo inevitable, y el madridismo aupó como ‘buen chaval’ a un jugador que era llamado ‘asesino’ por el resto de la Liga. El error ‘404 not found’ de Pepe en sus habituales cruces de cables escondía por momentos la progresión de uno de los mejores centrales de Europa: todo generosidad, entrega y velocidad en el corte de balón.

Fue el lugarteniente de Mourinho hasta que explotó la caja de los fados. El sadino preparador le dejó en el ostracismo en su perentoria operación de tierra quemada. Le humilló diciendo que un joven como Varane le había “atropellado” en su camino a la titularidad. Pepe saltó del barco y besó la mano de Casillas: algunos no le perdonaron el plato de lentejas.

Ya con la calma de Ancelotti y Ramos como comodoro, Pepe volvió a ser el central fugaz y expeditivo, un dechado de reflejos, una fortaleza infranqueable. Su primavera de oro junto al de Camas dio media Champions al Madrid. Algo que ha permanecido hasta que este año la edad y las lesiones le han dejado varado en la playa de la melancolía.

Se empezó a cotejar en los mentideros el peligro de su treintena, la conveniencia de traspasarle, la rentabilidad de no esperar a que se queme como una falla. Sin embargo, ya recuperado, ha vuelto a ser el guante con alambres de Ancelotti, que no sólo le sabe para la causa, sino que le ha elegido como protegido. El italiano es listo y sabe quién le ayudó a florecer entre tanto capullo. Era aquella primavera de oro.

26/02/2015

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