Parole, parole

imageSERGIO MENÉNDEZ | No han estado lo que se dice afortunados ni Arrigo Sacchi ni Fabio Capello en las declaraciones que han vertido a lo largo de la semana pasada. No tanto por su contenido, que, de por sí, resulta también bastante reprobable, sino por el momento en que se produjeron. El primero en desmarcarse como protagonista de la polémica fue el hombre que marcó una época con el Milan y revolucionó los fundamentos del deporte rey desde el banquillo. En esta ocasión, sin embargo, lo únicos códigos que dinamitó fueron los de la corrección política.

Sucedió durante una entrega de premios en la idílica localidad de Montecatini Terme, en la Toscana, cuando se le preguntó por sus sensaciones en torno al futuro más o menos próximo del fútbol transalpino. “Italia ya no tiene dignidad ni orgullo porque hay demasiados jugadores de color y extranjeros”, resumió Sacchi, al más puro estilo Carlo Tavecchio, actual presidente de la Federación Italiana de Fútbol, que a finales del pasado mes de julio mostraba su indignación ante el hecho de que jóvenes que ayer estaban comiendo plátanos pudiesen ser alineados al día siguiente en el once titular de la Lazio. “Mira el torneo de Viareggio”, prosiguió quien fuera seleccionador italiano y coordinador de sus categorías inferiores, “acabo de ver un partido en que un equipo ha alineado a cuatro chicos negros”. “Yo diría que son demasiados”, sentenció, para, a renglón seguido, como percatándose del cariz xenófobo que destilaban sus palabras, igual que lo haría la típica señorona que se acaba de quejar ante las cámaras de televisión de que los inmigrantes de hoy en día solamente vengan a España a delinquir, aludir a su papel como principal valedor de los fichajes de Ruud Gullit y Frank Rijkaard, dos jugadores negros con pasaporte neerlandés y raíces de Surinam, para el Milan con el objetivo de rebatir cualquier acusación de racismo.

De nada le sirvió recular, sin embargo. Gary Lineker, ex jugador internacional con Inglaterra, que ya celebró la reacción por parte de Dani Alves de comerse la banana que le tiraron al césped de Villarreal la temporada pasada, siempre tan activo en redes sociales, se apresuró a reprender en su perfil de Twitter las declaraciones de su colega a través del siguiente mensaje: “There are too much racists in Italian football” (“Hay demasiados racistas en el fútbol italiano”). Y es que las declaraciones de Sacchi se produjeron en una semana especialmente sensible en lo que se refiere a la erradicación de ese mal endémico que parecen representar para el fútbol los comportamientos racistas, después de que varios aficionados del Chelsea que se habían desplazado a París a presenciar el partido de ida de los octavos de final de la Champions League que les enfrentaba al PSG impidiesen a Souleymane, un francés de raza negra, acceder al vagón de metro donde se encontraban a base de empujones. La escena, que fue grabada por el circuito cerrado de cámaras del suburbano, muestra, por si acaso no resultaba lo suficientemente bochornosa, a este grupo de hinchas entonando We’re racist, we’re racist, and that’s the way we like it!” (un cántico que, traducido al castellano, vendría a significar: “¡Somos racistas, somos racistas, y éso nos gusta!”), lo que ha generado a nivel general y, en particular, entre la afición del Chelsea, una respuesta en forma de repulsa. Mensajes como “Black or white, we’re all blues” (“Negros o blancos, todos somos ‘blues'”) o “No racism at the Bridge, that’s the way we like it” se pudieron observar en las gradas del estadio del club londinense el pasado sábado en el partido que les enfrentó al Burnley.

Desgraciadamente para la imagen de su país, el charlatán de Arrigo no se ha quedado solo. Fabio Capello, por su parte, ha querido acompañar a su compatriota en el capítulo de micciones fuera del tiesto con unas declaraciones que, si bien permanecen ajenas al tono que debería presentar la piel de los jugadores, sí que ahondan en su orientación sexual. Si hace un par de temporadas fue Aitor Karanka quien afirmó en la sala de prensa del antiguo San Mamés que la práctica del fútbol era un derecho sólo reservado a los hombres justo cuando Duygu Erdoğan se postulaba como entrenadora provisional del Galatasaray, preguntado en Onda Cero sobre si el Atlético de Madrid merecía la consideración de equipo violento, el antiguo preparador del Real Madrid sostenía que los chicos de Simeone no constituían en absoluto un conjunto particularmente agresivo. Una contestación que no tendría por qué haber levantado más indignación de la necesaria de no ser porque ‘El Sargento de Hierro’ decidió sacar a relucir su faceta más marcial matizando que “el fútbol no es para mariquitas”, coletilla poco oportuna en la medida que esta pasada jornada se pretendía llevar a cabo en España la llamada ‘Liga Arco Iris’, iniciativa que trata de luchar contra la homofobia en el fútbol a través de un gesto tan sencillo como cambiar los cordones monocromáticos que los jugadores lucen habitualmente en sus botas por un modelo multicolor, similar a los que ondean en la bandera del colectivo gay.

La propuesta, pese a ser de lo más encomiable, ha pasado casi desapercibida entre los clubes de Primera División, pues únicamente ha calado en el caso de Rayo Vallecano, Espanyol, Deportivo de La Coruña y Almería y jugadores como Raúl Jiménez, Saúl Ñígez, del Atlético de Madrid, o Jona, portero del Getafe, que han decidido sumarse a título individual, mientras la LFP se escudaba en lo restrictivo de su política en relación a este tipo de iniciativas para no adoptarla a nivel institucional, cuando sí lo han hecho con otras causas como la lucha antidroga o, precisamente, a la hora de combatir el racismo en los estadios. Una iniciativa que, en contra de lo que cabría esperar a la luz de las declaraciones de Fabio Capello o de futbolistas como Fabio Cannavaro, que en su día se mostró reticente a que gente del mismo sexo pudiesen contraer matrimonio, o el polémico Antonio Cassano, que en la previa del encuentro que Italia disputó ante Croacia en la Eurocopa 2012 declaró que esperaba que en su equipo nunca hubiese homosexuales, tiene su germen en Italia. Concretamente, en Daniele Dessena, mediapunta del Cagliari, que fue el primero el lucir los cordones arco iris durante un partido frente al Inter hace aproximadamente un año y que le convirtieron, al igual que Thomas Hitzlsperger o, sobre todo, Justin Fashanu, en abanderado de la lucha contra las conductas homófobas en el fútbol.

23/02/2015

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