Resbalones

LopeteguiDAVID PALOMO | Aquel día se tropezó. Como casi siempre. Salió en la tele. Con otra indumentaria. Chaqueta de pana —eso parece en el vídeo— y camisa clara. Lopetegui hacía su aparición en laSexta como uno de los muchos futbolistas que hacen carrera tras las cámaras, como un analista más, aprovechando el Mundial. Sin embargo, se desmayó. En riguroso directo, como demandan los manuales de periodismo, delante de millones de espectadores. Fue su presentación antes de iniciar la retirada y buscar refugio en los banquillos. ‘¿Volveré a caer?’, pensaría en aquel momento. Pasados unos años, tiene ante sí otra oportunidad, esta noche y ante el Basilea, en octavos de final de la Champions League. El escalón no es muy grande, pero el precipicio, en caso de resbalar, desde las alturas, se ve demasiado profundo.

Ha sido Lopetegui, históricamente, un hombre dado a las caídas. Casi desde el principio, cuando cogió un tren desde San Sebastián para llegar a Madrid, con la maleta cargada de sueños. Pero la capital, como es sabido, o te trata muy bien o te mata. A su llegada, comenzó a jugar con el Castilla —no le quedaba otra— y en 1988 se fue cedido a Las Palmas. Volvió a salir de la gran urbe, pero esta vez con un billete de avión. No importó. Un año después regresó al Bernabéu para formar parte de la primera plantilla. Sin embargo, no tuvo oportunidades y quedó relegado como tercer portero.

Miró al norte de nuevo, buscando un lugar donde poder jugar, y fichó por el Logroñés. Allí no resbaló. Las estadísticas no engañan: jugó 108 partidos en Primera división. Fue titular indiscutible. ¿Recibió goles? Sí, pero también salvó otros tantos. Llegó a vestir la camiseta nacional y firmó por el Barcelona, aunque su suerte no volvió a ser la misma. En la final de la Supercopa de España contra el Zaragoza un fallo suyo mató a los azulgrana. Fue relevado por Busquets —igual de poco fiable durante años— y tapado por Vitor Baía, posteriormente.

Su aura de jugador promesa se deshilachó en Vallecas antes de que decidiera colgar las botas. Acabada una etapa, lo intentó, como bien saben los zapping, en laSexta, pero su mala pata —literalmente— le hizo replantearse su futuro. Volvió a entrenar y a hacer de ojeador para el Madrid. Sin embargo, el gran salto lo dio como técnico de las categorías inferiores de la selección. Revalidó el título de campeón de Europa con la sub-21 y, tras un paso por la sub-20, llegó a Oporto.

Con el equipo portugués disputará esta noche los octavos de final contra el Basilea, como segundo clasificado de la liga lusa —a cuatro puntos del Benfica— y con la vista puesta en no tropezar en el próximo escalón. Como decía, no es muy grande, pero dicen que, si se mira hacia abajo, su profundidad puede matar a cualquiera. Porque la historia de Lopetegui en el Oporto puede acabar de dos maneras: en cuartos de Champions y ganando la competición doméstica. O bien, cayendo en octavos y a rebufo del conjunto de Lisboa. En cualquier caso, cuidado con los resbalones.

18/02/2015

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