Sobrepeso específico

imageSERGIO MENÉNDEZ | Solamente dos de la veintena de hombres que Ramón Calderón incorporó a la nómina de jugadores del Real Madrid a lo largo de sus dos años, seis meses y 14 días de mandato permanecen a fecha de hoy en las filas del club. La vuelta de Florentino Pérez a la presidencia del equipo en sustitución de Vicente Boluda, ese charlatán de pelo engominado que vaticinó un chorreo que nunca se produjo y asumió las riendas de una entidad descabalgada después de que el juez Santiago Torres —el mismo que envió a Jesús Gil a prisión en 1999— precipitara la dimisión del ahijado favorito de Mariano Rodríguez Barutell, una versión beta de ‘El pequeño Nicolás’ a la que sus amigos llamaban ‘Nanín’, desencadenó un zafarrancho inspirado por el rencor hacia la administración saliente que comenzó por Cannavaro, Saviola, Sneijder, Heinze, Robben, Huntelaar y Faubert, quienes causaron baja durante el mercado de fichajes del verano de 2009, y habría vivido su último barrido con la salida de Gonzalo Higuaín el verano pasado rumbo a Nápoles.

Así las cosas, únicamente Pepe, que desde que pisó el césped del Santiago Bernabéu por primera vez, para bien o para mal, ha jugado un papel destacado en la plantilla, y Marcelo continúan en la disciplina blanca. Mención aparte merece el lateral brasileño, que aterrizó en el vestuario merengue en noviembre de 2006 sin apenas generar ruido, desapercibido entre compañeros y afición, y, tras casi una década como jugador merengue, ha conseguido que esos kilos de más que solían acompañarle a la vuelta de vacaciones se traduzcan poco a poco en peso específico hasta convertirse, con permiso de Isco, en uno de los futbolistas en mejor estado de forma de cuantos tiene a su disposición Carlo Ancelotti. No en vano, hablamos del tercer capitán del equipo por detrás de Iker Casillas y Sergio Ramos, un logro nada desdeñable para un muchacho del que algunas malas lenguas llegaron a decir que llegaba al Real Madrid en calidad de bufón, para reírle las gracias y hacer de poltrona a un Robinho que apuntaba a reencarnación de Pelé y terminó abandonando el conjunto por la puerta de servicio, al más puro estilo Didí.

Lo cierto, de hecho, es que Marcelo tardó un tiempo en empezar a dar muestras de la calidad que atesoraba. Concretamente, hasta la llegada de José Mourinho, que contagió al futbolista de una seguridad en sí mismo, motivación y confianza que sus predecesores en el banquillo no supieron administrarle. Fue entonces cuando el brasileño, hasta ese momento relegado a disputar los minutos finales de los encuentros o eliminatorias de Copa de Rey frente a conjuntos de Segunda B a caballo entre las demarcaciones de lateral, extremo e interior, se familiarizó con la titularidad en el costado izquierdo de la retaguardia. Esa continuidad, sin embargo, se veía interrumpida más veces de las deseadas a causa del sobrepeso que acumulaba por culpa de los excesos navideños, que lastraban su rendimiento hasta finales de temporada en forma de lesiones musculares. Sin ir más lejos, hace escasamente un par de años, Mourinho se vio obligado a diseñarle un plan específico a fin de hacerle bajar los seis kilos de propina que se había traído de casa. En esta ocasión, sin embargo, ha sido diferente. Y menos mal, porque, de no ser por sus vertiginosas internadas hasta la línea de fondo y los destellos de magia de Francisco Alarcón, dos puntales que están sosteniendo al equipo en este principio de año, el bajón que viene pegando el equipo en su estado físico se habría acusado, si cabe, en mayor medida.

Marcelo está de dulce y la afición, que en el último partido contra el Deportivo de La Coruña se quedó momentáneamente sin aliento después de que Laure le clavara los tacos a la altura del talón, lo sabe. En ese sentido, ese joven futbolista al que Ramón Calderón presentó en sociedad recién alcanzada la mayoría de edad procedente de Fluminense como “una perla que quemaba a media Europa” y “sucesor de Roberto Carlos, se encuentra en mejores condiciones que nunca a la hora de cumplir con las expectativas. Y para muestra, los 300 partidos oficiales que lleva disputados con la elástica merengue, cifra que alcanzó frente al Sevilla a principios de mes y le permitió superar a Uli Stielike como cuarto extranjero con más encuentros de Liga a sus espaldas, sólo por detrás de José Emilio Santamaría, Alfredo Di Stefano y, precisamente, ese ilustre cuádriceps del calibre 90 con nombre de cantante de bossa nova.

16/02/2015

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