Huracán

Tottenham Hotspur v Chelsea - Premier LeagueJULIÁN CARPINTERO | A mediados del siglo pasado el boxeo se convirtió en el deporte que más expectación levantaba en la población de Estados Unidos por todas las connotaciones que llevaba en su espalda. Fue aquella la época dorada de los pesos pesados, las cuerdas, el humo sobre los rings, las fotografías en blanco y negro, la mafia y la figura de Sinatra sonriendo en el Garden. Un período que, desde la retirada del célebre Rocky Marciano en 1954, estuvo dominado por púgiles de raza negra, como Ali, Frazier, Patterson, Liston o Foreman, circunstancia que provocó que las publicaciones especializadas anhelaran la presencia de un campeón que no fuera de color y al que ellas mismas bautizaron como ‘la gran esperanza blanca’. Algo parecido es lo que ha vivido la afición inglesa, que tras muchos años de espera parece haber encontrado en la figura de Harry Kane a esa suerte de Moisés que guíe la inacabable peregrinación por el desierto que agota a los inventores del fútbol.

‘To dare is to do’. Esas cinco palabras son las que forman el lema que preside la entrada de White Hart Lane, el feudo del Tottenham Hotspur londinense. ‘Proponérselo es conseguirlo’, una inspiradora frase motivacional que, sin duda, ha debido espolear en más de una ocasión a Harry Kane, el delantero de moda en Inglaterra gracias a su facilidad para ver puerta. Porque parece evidente que, a pesar de los obstáculos que ha ido encontrando en el camino, Kane está dispuesto a lograr todo lo que se proponga, empezando por triunfar en el club en el que se ha criado desde que era un niño, esa misma entidad cautiva por la personalidad ostentosa de su propietario, Daniel Levy, cuya máxima parece ser vender caro para comprar más caro aún. No en vano, en las últimas temporadas, los ‘spurs’ se han convertido en uno de los grandes agitadores en los mercados de fichajes continentales, un instante en el que Levy hace gala de sus grandes dotes como negociador. Quien puede dar buena fe de ello es Florentino Pérez, al que las contrataciones de Modrić y Bale han provocado más de una úlcera, pues en dichas negociaciones no ha sido capaz de arañar un centavo al dueño del Tottenham, un club tradicionalmente vinculado a la etnia judía.

En este contexto, cegado por las libras que ingresaba por Berbatov, Robbie Keane o Darren Bent, Levy hacía las veces de Julia Roberts en “Pretty Woman” y aprovechaba para salir de compras tarjeta de crédito en mano. Así, a medida que los arietes antes citados iban saliendo del vestuario ‘spur’ otros abrían las puertas del mismo: Crouch, Defoe, Adebayor o Soldado. Un rosario de millonarias incorporaciones que, además de impedir que los jóvenes valores de su cantera se asomaran al primer equipo, apenas si han reportado la Copa de la Liga —por aquel entonces llamada Carling Cup— de 2008 con Juande Ramos a los mandos. No obstante, esta sequía podría acabar en la presente temporada, cuando, a pesar de que el Leicester les eliminara de la FA Cup hace sólo unas semanas, ya han alcanzado la final de la Capital One Cup, el mismo torneo que alzaron hace siete años, en cuya final se verán las caras con el Chelsea, y siguen vivos en la Europa League, competición en la que se medirán a la Fiorentina. Así, gran parte de la culpa del buen momento que vive el cuadro blanquinegro, instalado ya en el escalón previo a la Champions League, la tiene Harry Kane, ese delantero espigado y potente del que Toni Padilla dijo tener cara de aviador de la Royal Air Force y que el pasado fin de semana terminó de hacerse un hueco en el corazón de sus aficionados anotando un doblete en la victoria por 2-1 ante el archienemigo Arsenal.

Leyton Orient, Millwall, Norwich y Leicester. El sendero por el que ha vagado Kane antes de asentarse en el Tottenham ha sido largo y sinuoso. El punta, de sólo 21 años, ha tenido que fajarse en las ásperas raíces del fútbol británico, esas divisiones en las que los defensas rivales no hacen prisioneros y cada salto es una batalla. Pero, a pesar de la feroz competencia, el chico que sobresalía en las categorías inferiores de la Selección inglesa ha acabado consolidándose en la elite gracias a dos padrinos que se atrevieron a apostar por él cuando nadie antes lo había hecho. El primero fue Tim Sherwood, que la campaña pasada se hizo cargo del equipo tras la destitución de André Villas-Boas, y que no dudó en darle unos galones a los que Kane respondió como mejor sabe, con goles. El segundo, y no por ello menos importante, ha sido Mauricio Pochettino, que desde el primer momento entendió que Harry, independientemente de su inspiración de cara al marco contrario, podía prometerle trabajo y ganas. Pero es que, además, el famoso bote de ketchup del que habló van Nistelrooy no ha dejado de gotear en estos meses; tanto es así que Kane ya ha marcado este año 22 goles entre todas las competiciones y será convocado por Roy Hodgson en la próxima convocatoria de los ‘Three Lions’.

Aunque su envergadura le pueda hacer parecer torpe una de las grande virtudes de este ‘Hurri-Kane’ es su inteligencia para interpretar el juego. De hecho, la prensa británica ya afirmaba ayer que la Secretaría Técnica del Real Madrid ya le ha visto en directo hasta en tres ocasiones, por lo que quién sabe si éste podría ser el tercer zarpazo en forma de fichaje que Levy diera en la cara de Florentino. Lo que sí parece un hecho es que Inglaterra ha encontrado en su espigada figura su ‘gran esperanza’ —con permiso de Sterling, Berahino o Barkley— que guíe su rumbo en los próximos años tras las decepciones de Walcott, Wilshere o Welbeck. Un soplo de aire fresco, nunca mejor dicho. Un huracán.

10/02/2015

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