Raphaël Varane, el regreso del central total

varaneFIRMA DE RAFAEL AZNAR | En el fútbol, hay pocas posiciones más desagradecidas que la de central, pues, como la de portero, está predestinada a ser la encarnación del mal, al menos en su objetivo más puro e inmediato: evitar la felicidad del gol. Sin embargo, en ese territorio tan yermo para el espectáculo, surgen, de vez en cuando, artistas que despejan con clase los tópicos. Es el caso de Raphaël Varane, que deslumbró a todos con su meteórica eclosión en la temporada 2012/13. Por desgracia, una grave lesión de menisco le apartó durante muchos meses del césped y, para cuando quiso volver, se encontró otra vez como en sus albores blancos, como suplente de Sergio Ramos y Pepe. Hasta ahora. Este fin de semana, el Real Madrid visita el estadio Vicente Calderón para medirse al Atlético y lo hace con los inquilinos habituales del eje defensivo en el dique seco. Sí, como hace dos años, cuando, en una semifinal de Copa del Rey contra el Barcelona, se aupó a los hombros del mundo.

Es llamativo el caso del defensor galo. Llegó a Valdebebas en 2011, con apenas 18 años y avalado por su compatriota Zinedine Zidane, que, por aquel entonces, ejercía labores de asesor dentro del club, nada que ver con su actual rol de entrenador del Castilla. A su juventud se añadía el hecho de que llegaba del Lens, un club que acababa de descender a segunda división esa misma temporada. Si se tiene en cuenta que el Real Madrid suele ser un sumidero despiadado para imberbes y centrales —¿quién no recuerda aquellos años de experimentos con la gaseosa de Walter Samuel, Jonathan Woodgate, Francisco Pavón o incluso el ‘autorreconvertido’ Raúl Bravo?—, pocos habrían dicho que ese fichaje sería la mayor ganga en la historia reciente del club, con permiso del de Toni Kroos. Por ‘sólo’ 10 millones de euros —una cifra aberrante en términos absolutos, pero calderilla en términos balompédicos—, se firmó a un jugador por cuya desgarbada figura fluían ya las condiciones de un central total.

En sus primeros meses pasó bastante desapercibido, pero desde que le metió aquel gol de espuela al Rayo Vallecano, quien más y quien menos se dio cuenta de que ese jovencito tenía algo especial. José Mourinho lo tenía claro y, con el tiempo, acabaría dándole la titularidad en detrimento de Pepe. Tal vez en el relevo hubiera algo de inquina hacia su compatriota, pero hay que reconocerle al técnico portugués que tuviera la valentía de apostar por un jovenzuelo. En la citada semifinal contra el Barça, Varane se consagró con un gol en cada partido y un auténtico recital de cómo hacer agradable de ver algo a priori tan antiestético como las labores defensivas.

Raphaël Varane es uno de esos futbolistas engañosos, que parecen una cosa y, en realidad, son su contraria. Viendo su percha estrecha y sus 190 centímetros de altura, lo primero que le pide a uno la mente es caer en el prejuicio: tiene una figura desgarbada, un junco con trazas de tuercebotas. Craso error. Hoy en día hay pocos defensas que sean más completos y tengan más clase que él. Corre como un atleta —una cualidad positiva, pese a lo que pueda pensar algún maldiciente—, cabecea como un gigante, rebaña balones con la pulcritud de un mayordomo —o de Don Limpio, que diría el diario MARCA—, conduce el balón como un ‘dandi’… Y lo mejor es que lo hace todo de buena fe y con serenidad, a diferencia de muchos de sus congéneres: para que le saquen una tarjeta amarilla tiene que producirse un cataclismo; para que le saquen una roja, que se alinearan todos los planetas, porque es algo que nunca ha acontecido. Es poco habitual que suceda, pero si alguien logra irse en carrera de él, saca a relucir la segada más fina y flemática que exista. Hay pocos que sepan pasar el cortacésped mejor que él.

El Madrid llega al Calderón con la defensa en cuadro, pero las lesiones de Pepe y Ramos pueden ser el motivo perfecto para que Varane vuelva a brillar como de él se espera, como lo hacía antes de lesionarse y verse relegado a la suplencia. El desafío promete ser doble para el francés: por un lado, según lo que decida hacer el ‘Cholo’ Simeone, tendrá enfrente a Fernando Torres y Mario Mandžukić; por otro lado, su pareja de baile será Nacho, un futbolista poco curtido en encuentros de tan alto nivel. Si Raphaël pasa esta reválida, el fútbol estará de enhorabuena y Carlo Ancelotti hará bien en empezar a dudar sobre quién debe ser titular y quién suplente cuando las aguas de la enfermería vuelvan a su cauce.

07/02/2015

Rafael Aznar es periodista de Hobby Consolas y ex del diario MARCA.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s