Un ‘cebolla’ condenado a llorar

imageSERGIO MENÉNDEZ | Su piel bañada en tinta y complexión fuerte le confieren una apariencia física realmente intimidatoria, incluso feroz en determinadas ocasiones. Se trata, de hecho, de uno de esos futbolistas de los que, a juzgar por su aspecto, podría decirse que han pasado un tiempo a la sombra mientras mataba el aburrimiento haciendo press de banca en el patio del correccional. Nada más lejos de la realidad, sin embargo. El único problema con la autoridad que se le conoce tuvo lugar el 20 de diciembre de 2009, durante su etapa como jugador del Oporto, después de caer derrotados por la mínima ante el Benfica, su antiguo club. ¿El motivo? La agresión a dos guardias de seguridad que Cristian Gabriel Rodríguez Barotti protagonizó junto a Săpunaru, su paisano Jorge Fucile, Hulk y esa calamidad de portero llamada Hélton, compañeros de vestuario en aquel momento, en el túnel de vestuarios del Estádio Da Luz. Un incidente constitutivo de delito a la integridad física que, si bien podría haberles costado a cada uno hasta tres años de prisión, en el caso del primero se saldó únicamente con una multa de 45.000 euros.

Volviendo a sus facciones, el hecho de que las cavidades de sus ojos se encuentren particularmente socavadas aporta a su gesto, penetrante de por sí, una oscuridad que haría realmente difícil batirle en un duelo de miradas sin que las piernas de su contrincante empezaran a temblar desde el primer pestañeo. Todavía no ha cumplido la treintena y las patas de gallo, las ojeras y otras líneas de expresión han arrugado su rostro haciéndole parecer diez años mas viejo. A veces da la sensación de que Cristian está de vuelta de todo, como si se hubiese cansado de mirar a la muerte cara a cara, desafiarla y salir siempre ileso. En definitiva, lo más feroz que había conocido la Liga desde otro uruguayo con tatuajes, cara de loco y destellos esporádicos de calidad que solía celebrar los goles pegándose un tiro en la sien y respondía al nombre de Chevantón.

Y, pese a lo particular de su fisonomía, lo cierto es que ha pasado prácticamente desapercibido para los espectadores de nuestro país. Por lo menos, en lo que a nivel deportivo se refiere. Salvando aquel magnífico tanto que le hizo al Sevilla en la jornada inaugural de la temporada pasada, a dos minutos de la conclusión del tiempo de descuento, cuando recibió el esférico de Léo Baptistão en la banda derecha a la altura del centro del campo, lo controló, se hizo un autopase que le valió para superar la entrada de Israel Puerto, avanzó hasta internarse en el área para luego driblar a Fazio con un recorte hacia dentro y dejar en evidencia a Beto colándole por el palo corto un balón que a punto estuvo de perderse a saque de puerta. Quizá la única acción que nos ha permitido ver una muestra de aquel futbolista tremendamente hábil y rápido al que por su capacidad de dejar llorando a sus desconsolados defensas le apodaron ‘El Cebolla’. Un futbolista que Simeone pidió de manera expresa para reforzar su plantilla a comienzos de la campaña 2012/13 que, si bien nunca ha gozado de muchas opciones de titularidad, participó de manera activa desde el banquillo en la consecución de la Supercopa de Europa de 2012 y de la Copa del Rey de 2013, pero venía sufriendo a lo largo del curso anterior y lo que llevamos de la actual temporada una caída en cuanto a su popularidad dentro del equipo que ha terminado por precipitar su salida de la disciplina rojiblanca. Hasta tal punto es así que el ultimo recuerdo mas o menos nítido que conserva el aficionado de a pie del charrúa se reduce a ese gesto de desolación e incredulidad, las manos cubriéndole la cara, que captaron las cámaras de televisión a raíz del gol de Sergio Ramos en la final de pasada Champions League.

Su salida, como no podía ser de otro modo, ha resultado un tanto peculiar. Después de varias especulaciones que apuntaban a una posible marcha a Sunderland, Mónaco o la vuelta a Peñarol, el club que tiñó su corazón de negro y oro para siempre, movimientos que nunca llegaban de completarse, ‘El Cebolla’ habló públicamente, no se sabe si para tranquilizar a los afición colchonera o hacer cundir el pánico definitivamente, para comunicar que su salida del Atlético de Madrid era un asunto que estaba gestionando en primera persona. Sea como fuere, a mediados de enero el Parma anunciaba la contratación de un Cristian Rodríguez que, a los pocos días de haberse incorporado a los entrenamientos con el conjunto de gentilicio quesero y haber disputado incluso su primer partido contra el Milan, manifestaba a los compañeros de Kaiser Magazine su tremenda sorpresa al enterarse de que sus nuevos compañeros llevaban seis meses sin cobrar. Declaraciones que dejan al futbolista en evidencia, teniendo en cuenta que el club ya fue privado a principios de temporada de su derecho a disputar la presente edición de la Europa League debido a sus problemas financieros, ha sido penalizado a lo largo de esta campaña por no pagar los impuestos correspondientes al ejercicio de 2013, rescindió hace solamente unos días su contrato con Antonio Cassano después de que el polémico delantero se hartara de ingresar una nómina y, para colmo de males, es último en la clasificación de la Serie A. Un movimiento maestro a cargo de un futbolista que, a la luz de los circunstancias actuales, tendrá que aplicarse su propia medicina y llorar si quiere terminar mamando algo a final de temporada.

05/02/2015

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