‘El titán de Guinea’

imageSERGIO MENÉNDEZ | Sucedió hace ya más de siete años. Por entonces, el bueno de Benjamín Zarandona militaba en las filas del Real Betis, el club en el que recaló tras deslumbrar a Vicente Cantatore en Valladolid a gracias a su velocidad y fuerte disparo. Sus botas, de hecho, si bien habían empezado a proporcionar muestras evidentes de que la merma física va creciendo a medida que las hojas del calendario van perdiendo grosor y parecían haberse vuelto un tanto plúmbeas, conservaban posos de calidad que regalaba esporádicamente. A pesar, sin embargo, del tiempo que ha transcurrido desde entonces y de que todo quedó en un susto, el episodio dejó en el jugador de padre español, madre ecuatoguineana y doble nacionalidad una huella imposible de borrar en ese talante bromista que siempre le ha caracterizado y que le permitió integrarse con éxito en la comunidad hispalense. Hasta tal punto es así que resulta inevitable ver cómo su gesto se tuerce de forma repentina, la mirada se le extravía en el infinito, como tratando de buscar una explicación a lo sucedido y el tono de su voz se torna grave y profundo cada vez que alguien le saca a colación esa fatídica tarde en que, según reconoce el propio Benjamín, vio la película de su infancia proyectada ante sus ojos cerrados. “Sentí que me moría”, repite mientras una chispa de miedo recorre sus pupilas.

Corría el 25 de marzo de 2007, fecha en que las selecciones de Guinea Ecuatorial y Ruanda se enfrentaban en el Nuevo Estadio de Malabo en un encuentro de clasificación para la Copa de África de 2008. Un torneo que desde el pasado 24 de enero y hasta el próximo 8 de febrero se disputa, precisamente, en la tierra que vio nacer a la madre de nuestro protagonista, después de que Marruecos renunciara a ser la sede del torneo por culpa del brote de ébola que desde su descubrimiento a finales de 2013 ha dejado a sus espaldas un total de 10.000 fallecidos, aproximadamente. Allí se encontraban, entre los miembros de la expedición del combinado local, Benjamín Zarandona y su hermano Iván, actual futbolista del Hong Kong Rangers que entonces pertenecía a la Unión Deportiva Los Palacios, dispuestos a saltar a un terreno de juego que presentaba una temperatura superior a los 40 grados centígrados a la sombra y un 90 por ciento de humedad relativa. Las muelas se derretían, las sisas de las camisetas se empañaban y el mero hecho de respirar ese aire viciado de fuego bastaba como calentamiento. Nada fuera de lo común, en realidad, cuando se programa un partido en esas latitudes a las 4 de la tarde.

Y, claro, pasó lo que tenía que pasar. Se llevaban transcurridos varios minutos de la primera parte, con los jugadores empapados en sudor prácticamente desde los estiramientos a causa del asfixiante calor, hasta que un imprevisto obligó a detener el juego: Benjamín, conocido en determinados círculos de su confianza como El titán de Guinea, se había desplomado. Su colosal envergadura permanecía completamente extendida sobre el césped sin conocimiento, incapaz de responder a los intentos de sus compañeros y rivales por devolver a su dueño a la realidad, que daba bocanadas como un pez en lo que constituía una señal evidente de ahogamiento. Sin embargo, pasados unos instantes de gran incertidumbre y verdadera tensión, el futbolista logró ir abriendo los ojos con parsimonia, incorporarse, recuperar la verticalidad y reencontrarse consigo mismo.

Es entonces, en ese momento en que le comunican que tiene que abandonar el campo para ser sustituido, cuando sufre una nueva pérdida. No de consciencia, en esta ocasión, sino de juicio, si es que llegó a recobrarlo del todo. El caso es que Benjamín empezó a reaccionar como un poseso, ceño fruncido, ojos inyectados en sangre, mandíbula de pitbull, víctima de la enajenación, mientras se abría camino entre sus compañeros a gritos de “¡Dejadme, hostia, que yo puedo!”,“¡Yo remato, cabrones!” o “¡Que estoy bien, coño, que puedo jugar!”, justo antes de ser llevado a marchas forzadas al vestuario, desmayarse de nuevo y ser evacuado del estadio en ambulancia.

Declaraciones que recogieron las cámaras de Canal +, naturalmente. Chascarrillos que han quedado grabados en el anecdotario de nuestro fútbol, al igual que sucedió en su día con los “No sabes cómo jodernos!” , “¡Eres más feo que un dos caballos, hijoputa!”, todo el repertorio de Juan Banderas‘ o el mítico “Rafa, no me jodas” que Mejuto González no llegó nunca a pronunciar. Imágenes que, vistas a través de la televisión, incluso pueden resultar divertidas y sacarnos alguna que otra carcajada, pero en realidad ilustran uno de los peores momentos en la vida de Benjamín Zarandona, un hombre que siempre ha llevado con orgullo su condición de africano. No en vano, Guinea Ecuatorial le dio la oportunidad de seguir sintiéndose importante y sumar partidos internacionales después de quedarse sin sitio en la Selección española, con la que conquistó el Europeo sub-21 de 1998 junto a Guti, Michel Salgado o Juan Carlos Valerón bajo las órdenes de Iñaki Sáez. Porque no todo iba a consistir en organizar fiestas de Halloween hasta las tantas de la madrugada con Manuel Ruiz de Lopera y Juande Ramos como invitados de última hora y Denilson protagonizando números de escapismo a través de una ventana, ¿no?

29/01/2015

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