Ødegaard: ¿futura estrella o juguete roto?

martin-odegaard-real-madrid_13ci6t5bggw6h1dro56ytn1nc7FIRMA DE JESÚS GUALIX | Por fin se ha acabado uno de los culebrones futbolísticos más sonados en los últimos tiempos. Martin Ødegaard ya es jugador del Real Madrid. Muchos dirán que el joven noruego está cumpliendo un sueño, otros tantos le verán como alguien que no triunfará en la casa blanca y se quedará por el camino. Lo que está claro es que, de entrada, dispondrá de sueldo y privilegios de estrella —cobrará unos nada desdeñables 100.000 euros a la semana, más de lo que gana, por ejemplo, el alemán Sami Khedira— y compaginará el Real Madrid Castilla con la primera plantilla merengue.

Bayern Múnich, Ajax, Liverpool y hasta Barça suspiraron por una de las futuras perlas del fútbol mundial. El centrocampista de Drammen tendrá como objetivo formarse dentro de uno de los clubes más exigentes del planeta y cumplir con las expectativas puestas en él. De momento se puede decir que ha brillado en una liga en la que juegan semi-profesionales y en una selección de segunda o tercera fila. Sin embargo, algo es en un adolescente que acaba de cumplir los 16 años.

Tal contratación recuerda a la de otro ‘niño prodigio’ del balompié, en este caso español, y que se crió en tierras cántabras. Corría el año 2008 y Sergio Canales cumplía su sueño de debutar, con 17 años, en el Racing de Santander, su equipo de toda la vida. Al año siguiente la joven promesa santanderina adquiriría más protagonismo en El Sardinero y enamoraría a propios y extraños con su fútbol, lo que haría a Florentino Pérez fijarse en él, para, posteriormente, sacar la chequera a relucir. A principios de 2010 el club de Concha Espina se haría con los servicios del mediapunta, pero las promesas y esperanzas se tornaron en desastre.

Comenzó a las órdenes de José Mourinho su primera y única temporada de blanco. Y, aunque disputó algunos encuentros al principio de la misma, e incluso el técnico portugués se deshacía en elogios hacia la emergente estrella —manifestó que tenía “cosas de Guti”—, finalmente se cruzó en su camino otro joven valor de ojos saltones y origen teutón, Mesut Özil, quien se ganó la titularidad y los aplausos del Bernabéu, mientras que el cántabro se hundía en lo más al fondo del banquillo y participaba en los entrenamientos con el semblante triste día sí y día también.

En 2011 Canales se fue cedido a Valencia, donde posteriormente recalaría de manera definitiva. Allí, tras dos desafortunadas lesiones en el ligamento cruzado de su rodilla derecha, empezaría de nuevo a mostrar un buen fútbol, aunque nunca gozó de la regularidad necesaria. Tras su periplo ‘ché’, llegaría dos años después a una Real Sociedad donde apenas ha mostrado un ínfimo porcentaje de lo que fue en un primer momento. Podría decirse que es un ejemplo de los muchos ‘juguetes rotos’ que ha producido el deporte rey.

Ahora está por ver si el nuevo ‘niño de oro’ cumple con lo prometido y se convierte en uno de los pilares del Real Madrid en los próximos años, o si, por el contrario, como le pasó a Canales, toma la salida de emergencia antes de que le hayan dado siquiera una oportunidad seria. En sus manos estará ser el deseado ‘Vickie, el vikingo’ o acabar como Macaulay Culkin, oséase, superado por el dinero y la fama que se le vienen encima.

25/01/2015

Jesús Gualix es periodista, ex redactor de Expansión.

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