Casualidades

Aguirre-JapónDAVID PALOMO | Hay momentos en que la vida empieza a dar vueltas sin que nadie sepa aparentemente dónde va a parar. La realidad suele cargar con los sueños para desecharlos, superpone desgracias a la cotidianidad, hace milagros en la aburrida sencillez de los otoños, trae lágrimas sin nombre a un mundo que insiste en apartar a los blandos y, por supuesto, elige el camino de los hombres sin que éstos puedan dominar su ruleta vital. Aparentemente, ocurre todos los días. Sin excepción. Nadie se escapa a la aleatoriedad del destino. De repente una llamada, un mensaje o un cambio de actitud modifican el porvenir. Así ocurre. En un instante, toca la lotería. O te echan del trabajo. O te contratan. O aparece esa persona. O compras un billete. O, si eres entrenador, llega el Madrid o el Barça. O, como en el caso de Aguirre, recibes una llamada desde Japón. ¿Me van a decir que se lo hubiera imaginado?

Quiso el destino que el país del sol naciente telefoneara al ‘Vasco’ para invitarle a ser seleccionador del combinado nacional. Una oferta rara. ¿Un mexicano entrenando a nipones? De primeras, la combinación no pega. Sin embargo, así lo quisieron las máximas instancias del país. Y Aguirre aceptó. ¿Por qué no? “Es un trabajo cómodo, pagan bien y me sirve como experiencia”, pensaría el ex de Osasuna Espanyol, no sin razón. Porque cualquier hijo de vecino hubiera hecho lo mismo. Al fin y al cabo, Japón sigue siendo el vigente campeón de la Copa de Asia, no tiene a mafiosos que le insten a amañar partidos —¿recuerdan Zaragoza?— y es una nación seria. Demasiado, incluso.

Con las condiciones aprendidas, releídas y estudiadas, se hizo con el control de la selección. Y, de momento, le va conforme a lo esperado. Japón ha conseguido pasar de la primera fase imbatido: Palestina (4-0), Jordania (2-0) e Irak (0-1). Sus resultados son buenos y el fútbol le acompaña. Siete goles a favor y ninguno en contra. Ha conseguido plantar los cimientos en la retaguardia y avivar el ataque. “¿Saben por qué los japoneses no ganamos Mundiales?”, me preguntó una vez una profesora nipona de alemán —raro, pero cierto—. “Porque pensamos tanto en lo colectivo que cuando el delantero tiene que tirar a puerta cree que no hace lo correcto”. Dada la explicación, Aguirre ha conseguido cambiar la tendencia en la Copa de Asia y ya encara los cuartos de final de la competición, donde se medirá a los Emiratos Árabes Unidos el próximo viernes en el Stadium Australia.

A sus 56 años, el último o penúltimo capítulo de su carrera se puede escribir en Hiragana, Katakana, Kanji o Romanji. O quizá en todos a la vez. Silabarios de una historia que podría tener un titular en tres partidos, los que le restan para levantar el trofeo. “Las grandes competiciones se ganan por detalles”, suele afirmar Guardiola. Y así será en la Copa de Asia. Un torneo como la vida misma: aleatorio, azaroso y fortuito. Como el destino o las casualidades, determinados por esa ruleta vital incapacitada para detenerse.

21/01/2015

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