Memoria

Gareth-BaleDAVID PALOMO | Llegó el chico a Cardiff, como casi todas las Navidades, para celebrar la Nochevieja, como si fuera un estudiante de Erasmus, con jamón y polvorones, pero también con la maleta cargada de trofeos: Copa del Rey, Champions League, Supercopa de Europa y Mundialito de clubes. Su primera temporada no podía haber ido mejor. Bale había aterrizado en la capital de España para ganar títulos y los había conseguido. Quizá por eso brindó por 2014 como no lo había hecho antes en su vida, pidiéndole al cielo que el nuevo año se pareciera, al menos, un poquito al anterior. Sin embargo, no está siendo así. ¿Por qué? Unos dicen que su rendimiento no es el esperado, otros le acusan de egoísta y algunos vuelven a hablar de su precio, pero ninguno hace mención a que marcó en tres de las cuatro finales que jugó el conjunto blanco la pasada temporada.

Se ha acostumbrado el fútbol a desterrar la memoria, quizá en base a intereses económicos o, simplemente, en conformidad a las modas. La realidad es que el aplauso, máxime en el Bernabéu, hace tiempo que se convirtió en una heroicidad. Por momentos, el templo blanco aparece como un tigre en celo, dispuesto a saltar a por su presa en cualquier momento de debilidad, como si estuviera más cómodo entre pitos que entre aplausos. No hay año en que el respetable no descargue su ira contra alguno de sus jugadores. Da igual lo que haya hecho con anterioridad. O que el equipo marche primero en la Liga, esté en octavos de Champions League y siga vivo en la Copa del Rey. Eso no importa.

La pasada temporada, contra el Barça, en la final de la Copa del Rey, cuando Bale comenzó la galopada, con esa carrera grácil con la que acarició la línea de cal, se llevó a Bartra y encaró a Pinto. Entonces, nadie le llamó chupón. No hubo silbidos ni pitos. Con Cristiano en la grada, él fue el ídolo. Como lo fue pocos meses después, en Lisboa, anotando el segundo en la prórroga. Otra vez erigiéndose como protagonista. Sin embargo, todo eso esta temporada da igual. A nadie le importa que lleve 12 goles y cinco asistencias en 25 partidos. O que marcara contra el Espanyol. La grada ha puesto en él su mirada. Y la prensa acompaña el movimiento. Si teclean Bale en Google, los tres primeros titulares que aparecen son: “Los celos de Bale”, “Ronaldo: ‘La relación con Bale es estupenda’” y “Bale quiere galones”. Todo claro, ¿no?

Dicho lo anterior, su resurrección —para los que le dieron por muerto— podría llegar ante el Atlético. Quizá en el escenario que más se parece a una final. En octavos, sí, pero con la obligación de ganar y golear al eterno rival. Será en el Bernabéu, con el juzgado del graderío sobre sus espaldas. El mejor lugar para recuperar la estrella que ha perdido en estos primeros quince días de 2015. Nada preocupante. Al fin y al cabo, durante este tiempo, Messi —dicen— estuvo a punto de irse del Barça; Luis Enrique —dicen—, a horas de ser destituido; e incluso Torres —dicen— estuvo cerca de marcar un gol. Jodida memoria.

14/01/2015

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