Genio indeleble

imageSERGIO MENÉNDEZ | Hubo un tiempo en que Maradona fue extraordinario, un jugador fuera de lo común, un futbolista genuino, un talento inconmensurable. Sucede, no obstante, que la saludable peculiaridad que en su día mostraba sobre los terrenos de juego ha ido tornando a medida que Diego se distanciaba del césped en extravagancia. Bien es verdad que la personalidad del argentino siempre fue compleja. Lo que tienen los genios. Reconocen los pocos afortunados que pertenecen a su círculo de confianza, a propósito de las dificultades que se encontraron en su momento a la hora de tratarle, que si nunca resultó sencillo mientras se encontraba en activo, cuando más a raíz de colgar las botas. Y es que el astro fue, poco a poco, deviniendo de figura en personaje. Los servicios que durante su brillante carrera le prestó al deporte hacen indiscutible su condición de ídolo. Quizá por eso resulte tan patético asistir a esa metamorfosis que ha convertido al mejor futbolista de la historia en una caricatura de sí mismo, un histrión, un fantoche y, en definitiva, lo que sus compatriotas suelen denominar coloquialmente como un ‘desubicado’. Y lo peor de todo es que apenas tiene gracia.

Capaz de lo mejor con el balón en los pies, lo cierto es que ‘El Pelusa’ ha protagonizado durante los últimos meses una serie de episodios que, al margen de la relación que mantuvo en el pasado con las drogas, nos han mostrado su peor cara. El primero se produjo a principios del pasado mes de septiembre, a los pocos días de que el Papa Francisco le recibiera en Roma con motivo de la celebración de un partido a favor de la paz en el mundo. Hecha su contribución a la causa, aprovechando que le quedaba relativamente cerca, se marchó el bueno de Maradona a buscar su propia placidez a la costa de Duvrobnik, donde fue grabado en estado de embriaguez a altas horas de la madrugada a la salida de una discoteca mientras proclamaba a los cuatro vientos lo distraída de moral que resultaba la madre de Sergio Agüero, a quien tiene por innombrable desde que el delantero del Manchester City decidiera acabar con el matrimonio que le unía a su hija Gianinna. Parece que las provocaciones de un transeúnte fueron lo que generaron el enfado de Diego, que perdió los estribos y empezó a soltar puñetazos al aire al más puro estilo Luis Fabiano con Diogo, llegando a incluso a lanzar una botella de vidrio que no alcanzó a nadie. Lo normal en una persona de 54 años que hacía un mes se había bajado del coche para abofetear a un periodista sólo porque le pareció que  le estaba poniendo ojitos a la que fue su mujer, Verónica Ojeda.

Recientemente se han producido dos escándalos que han terminado por desatar por completo la polémica en torno al mítico ’10’, ambos con Rocío Oliva, una visitadora médica que, si bien no había nacido el día en que Maradona anotó su famoso gol a Inglaterra, pasa por ser su actual pareja. Un noviazgo un tanto rocambolesco, no sólo por la diferencia de edad, sino también por el hecho de que la muchacha jugara en el pasado en la sección femenina de River Plate o por un currículum amoroso que incorpora una relación con un barra brava condenado a cadena perpetua por asesinato y fotos besándose con gente de su mismo sexo. Y es que sólo unos días después de su incidente en las calles de Croacia, se difundió a través de los medios de comunicación un vídeo grabado desde el móvil personal de Rocío donde se podía ver cómo Diego se acercaba a su chica sin apenas tenerse en pie a causa de la bebida, ordenándole que le dejara de grabar para luego soltarle un par de bofetadas que fueron captadas por la lente y dispararon los rumores sobre la posibilidad de que la joven estuviera sufriendo un caso de violencia de género.

Sea como sea, la prueba del vínculo tan animal que mantienen la hemos observado a principios de este año, momento en que Maradona ha decidido imprimir sobre su cuerpo un nuevo tatuaje en honor a Rocío. En esta ocasión, sin embargo, no ha optado por grabarse ni su rostro, como sí hizo con El Che o Fidel Castro, ni limitarse a su nombre de pila, como con su nieto Benjamín o sus hijas Dalma y Gianinna, pues la aguja ha vuelto a penetrar para dibujar el apodo con que Diego se refiere cariñosamente a su novia: PERRA. Un gesto de dudoso gusto que nos ofrece la medida del lamentable macarra en que se ha terminado convirtiendo el futbolista más brillante que jamás ha pisado una cancha.

12/01/2015

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