El adiós de ‘El Chanfle’

image1_recortadaSERGIO MENÉNDEZ | Las más de 40.000 personas que el pasado domingo 30 de noviembre se reunieron en el Estadio Azteca para despedir a nuestro protagonista ilustran mejor que ninguna cita o corte de televisión su gran magnitud. El césped, de hecho, presentaba un aspecto similar al del Santiago Bernabéu cuando Florentino Pérez convocó masivamente a sus fieles con motivo de la presentación en sociedad de los Cristiano Ronaldo, Kaká o Karim Benzema. En este caso, sin embargo, el estrado no se iba a utilizar con objeto de bienvenidas ni de propagar gritos de júbilo a los cuatro vientos, sino todo lo contrario.

Una estructura metálica de ocho columnas presidía el centro del campo y cobijaba bajo una lona y decenas de focos el altar donde se había instalado la capilla ardiente con los restos mortales de Roberto Gómez Bolaños. Varias coronas y centros florales y dos retratos en blanco y negro flanqueaban una enorme cruz que servía de referencia al pequeño patio de sillas que se había improvisado sobre el terreno de juego para sus familiares y amigos cercanos. La llegada del féretro se había producido después de que una carroza fúnebre de color rojo decorada con dos estatuas de bronce de sus personajes más emblemáticos se paseara durante horas por el Distrito Federal. Una comitiva de fans, incluso, quiso acompañar a pie su traslado en volandas hasta el baldaquino provisional disfrazados de Chapulín Colorado y de Chavo del ‘8’.

Todo el mundo deseaba darle un último adiós. Unidos por una misma causa, a los ciudadanos de a pie, que a lo largo de varias horas desfilaron con lágrimas en los ojos y el rostro compungido frente al cuerpo sin vida del hombre que tanto les había hecho disfrutar cuando eran niños, personalidades mexicanas del mundo de la política, empezando por Enrique Peña Nieto —Presidente de país—, la cultura, los medios de comunicación y, por supuesto, del deporte se pronunciaron de una forma u otra para lamentarse por lo que valoraban como una grandísima pérdida. Particularmente las del fútbol, pues no sólo se les había ido junto a Bolaños una parte importante de su infancia, sino también un tipo que amaba profundamente la pelota. Según dicen, además, su salto a la interpretación se produjo después de que su sueño como futbolista se viera frustrado por culpa de un cuerpo demasiado menudo.

Antes del probarse sobre la hierba, sin embargo, Chespirito —transcripción totalmente libre del diminutivo de Shakespeare acuñada por el cineasta mexicano Agustín Porfirio Delgado—, tanteó sus posibilidades encima del cuadrilátero. Y el caso es que no se le daba mal en absoluto, pues dicen que era muy ‘peleonero’. El problema es que sus compañeros crecían en altura, peso y volumen a mayor velocidad y no tardó en ser desplazado a la fuerza de los rings. Fue entonces cuando se centró en convertirse en futbolista. Ingresó con esa idea en la Escuela Preparatoria de José María Morelos, donde conoció al costarricense Rodolfo Muñoz Castro, alias ‘Butch’, miembro destacado de las filas del Real Club España durante su etapa como jugador, que quedó maravillado con la capacidad goleadora, rapidez y extraordinaria habilidad de Bolaños para la gambeta. Tras varias temporadas jugando en infantil y juvenil, quiso el ‘tico’ llevárselo consigo cuando empezó a entrenar a Marte, equipo perteneciente a la Liga Mayor, denominación que en ese momento recibía la primera división de México. Tenía el chamaco 16 años, pero su baja estatura (media 1’61 metros) y extrema delgadez (pesaba 48 kilos) truncaron de nuevo su carrera en el deporte de élite. No contaron, sin embargo, quienes pensaron que estos dos varapalos le amargarían la existencia, con su astucia y dotes para la reinvención. Así las cosas, halló en la interpretación el futuro profesional tan dichoso que fútbol y boxeo le habían negado previamente. Pensándolo bien, ser actor le habilitaba para introducirse en la piel de cualquier personaje. Incluso en la de un utillero metido a entrenador, un papel al que Bolaños dio vida en “El Chanfle”, película de 1979 donde coincidió con Ramón Valdés y Carlos Villagrán, quienes encarnaban en ‘El Chavo del 8’, respectivamente, a Don Ramón, aquel vecino cascarrabias de piel morena, bigotazo y sombrero de pescador, y Quico, niño consentido de carrillos prominentes, traje de marinerito, gorra multicolor y medias amarillas que nunca recibió su pelota cuadrada.

Compatriotas como Miguel Herrera, actual seleccionador de México, ‘Memo’ Ochoa, Héctor Moreno, Sebastián González, Oribe Peralta o ‘Chicharito’ Hernández le rindieron su pequeño y particular homenaje vía Twitter. Por su parte, Carlos Vela, el delantero de la Real Sociedad, le brindó los tres goles que esa misma noche le había endosado al Elche. Estrellas internacionales de ayer y de hoy de la talla de Bebeto, Ronaldinho, Javier Mascherano o Filipe Luís se acordaron, igualmente,  del más carismático de los súper genios que se solían reunir en torno a una mesa cuadrada. “Problema discutido, problema resolvido”.

En este sentido, el mismísimo Maradona, “genio del fútbol mundial”, según Víctor Hugo Morales, la deidad futbolística que la mañana del 22 de junio de 1986 logró con un eslalon antológico levantar de su localidad a los espectadores que entonces ocupaban las gradas del mismo estadio que hace escasamente una semana se volcaba con Bolaños, mostraba en Facebook sus condolencias por la desaparición del carismático actor. Y no es para menos. El propio Roberto solía recordar con frecuencia cómo en la previa de una partido que Boca Juniors disputó en suelo mexicano frente a Club América, el equipo de sus amores, el astro argentino le contactó para verse y agradecerle en persona lo mucho que le habían ayudado sus vídeos a superar los numerosos estados de depresión que atravesó a lo largo de su proceso de rehabilitación contra las drogas en Cuba. “Viéndolo me siento mas libre, mas tierno, me río y quiero más a mis hijas”, le confesaría al cabo de un tiempo, cuando acudió en calidad de invitado a ‘La noche del 10’.

“Para mi ídolo eterno, ‘El Chavo’. Mi chavo”, rezaba la dedicatoria de la camiseta que le regaló al terminar aquel programa. Puño y letra de Diego… Casi nada.

Descanse en paz, Roberto Gomez Bolaños.

08/12/2014

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