La otra vida de Alfaro

ALFARODAVID PALOMO | “Impuso su código”. Dio “una exhibición de pisotones”. Fue “sancionado por una acción brutal”. Se creyó “una víctima” y, sin embargo, siguió “dando leña”. No lo dice este artículo, sino la hemeroteca de un periódico nacional. Cinco titulares que resumen la carrera del ‘Doctor terror’, del ‘Cirujano de Híspalis’. De nombre Pablo Alfaro y de profesión defensa central. Licenciado en Medicina, nacido en Zaragoza y ex futbolista de heavy metal. Su memoria en Primera división sigue vigente por un distinguido récord, el de jugador más expulsado de la historia: 18 veces por tarjeta roja y 10 más por doble amarilla. Hoy sigue su camino en Segunda B, recién contratado por el Marbella, en la búsqueda de otros titulares que cambien su historial en Google.

Los años le han consagrado como el Pepe español’, una especie de asesino con botas que fue capaz de hacer del engaño y la patada un arma productiva. Tozudo como buen maño, educado conversador y regateador de tópicos. Su melena se rizó por genética y no por imitación. Puyol vino después. El precursor fue él, llegado desde Zaragoza a la ciudad condal por petición expresa de Cruyff, se imaginó pisando el Camp Nou durante mucho tiempo. Sin embargo, tuvo que exiliarse al Racing para volver a sentirse futbolista. Allí comenzó con sus travesuras: “Una vez que jugué en Barcelona, me quedé en casa de Txiki Begiristain, con el que guardaba una buena amistad. Durante el partido, en un saque de esquina, noté que alguien me pisaba y le pegué un codazo. Era él. No veas luego cenando los dos, y él con el ojo morado. Pero no hay que darle más importancia”, bromeaba en una entrevista concedida a El País.

Cuentan sus botas que tuvieron otra oportunidad en el Calderón, pero que fueron rechazadas por un Madrid Río que entonces era simplemente una ciénaga. Era el año 1996 cuando decidió fichar por el Mérida para volver a dar caricias al albor del teatro romano, donde Paco Herrera le suavizó por el bien del equipo. “A la próxima sanción que te pongan, te la triplico”, le gritó en un entrenamiento. Y al parecer, funcionó. Fue su medicina antes de intentar ser el primer exiliado español en Grecia y volver al Sevilla para ser indiscutible. Llegó junto a Joaquín Caparrós, que le hizo capitán general en simbiosis con Javi Navarro, el ‘Carnicero de Valencia. Y allí se convirtió en el ‘Monstruo de las galletas’, un tipo al que se quería y se temía a partes iguales y parte activa del conjunto que consiguió la Copa de la UEFA en 2006.

Sus últimas calcetas se las pondría en el Racing antes de retirarse. Su leyenda negra dice que casi deja sin pierna a Capiy que pisó a Míchel Salgado sin querer. “A Cardeñosa se le recuerda por el gol que falló, a Đukić por el penalti y a mí por dos o tres cositas”, bromeaba al colgar las botas. Sin embargo, no tardó mucho en volver a pisar un terreno de juego. Se quitó la camiseta y se colocó el traje y la corbata: se hizo en entrenador.

Dicen en Ponferrada que cuando llegó, en 2009, las abuelitas creían que se las iba a comer, pero se llevaron una grata sorpresa, pues Pablo era todo un caballero. Su primera experiencia fue buena. Consiguió clasificar al equipo para la fase de ascenso a Segunda división. Su logro le permitió después fracasar en el Recreativo, de donde le destituyeron tras no sumar un punto en las primeras ocho jornadas. Dio igual, Alfaro siempre lo intentó dos veces. Si no podía robar la pelota a la primera, lo hacía a la segunda o le hacía una caricia al delantero. Y la misma filosofía ha enarbolado como entrenador. Tras dejar Huelva, encadenó aventuras en el Leganés y en el Huesca. Hoy, dirigirá por primera vez al Marbella en la Copa Federación contra el San Roque de Lepe. Tiene contrato hasta final de temporada. Eso sí, podría renovar si cumple determinados objetivos. No lo tiene fácil. Su equipo marcha decimocuarto del Grupo IV de la Segunda B. De su progresión como técnico dependerá erradicar una fama que le persigue desde hace muchos años. “Es un sambenito. Algunos llevan la cruz a cuesta en Semana Santa y otros la llevamos todo el año”. Y no le falta razón.

02/12/2014

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