Con ‘Prosikito’ a Azerbaiyán

prosineckiÁLVARO MÉNDEZ | Aunque aquel anuncio de furgonetas ridiculizaba en cierto sentido su calvario de lesiones y sus continuas resurrecciones en la noche española a base de alcohol y tabaco, Robert Prosinečki fue mucho más que un simple muñeco animado. Futbolísticamente criado en las arenas movedizas de los Balcanes de los años 80, ‘Žuti’ logró ganarlo prácticamente todo con el Estrella Roja de Belgrado —incluida la Copa de Europa de 1991— antes de poner rumbo a España para jugar en un Real Madrid que trataba de encontrarse a sí mismo tras los años dorados de la ‘Quinta del Buitre’.

Prosinečki aterrizaba en la capital de España con el aval de pertenecer a esa gran generación de jugadores balcánicos entre los que figuraban los inolvidables Predrag Mijatović, Davor Šuker, Zvonimir Boban o Robert Jarni. Sin embargo, nunca llegó a ser capaz de competir al nivel que había demostrado con la Selección yugoslava en el Mundial sub-20 de 1987 y en Italia ’90. El maldito cuádriceps y la imagen de su familia huyendo de las bombas en Croacia y Serbia tejieron una telaraña que nubló la visión de juego del mediocampista que un día fue la gran promesa de su país.

En Oviedo, Barcelona y Sevilla intentó Prosinečki hallar la forma de encontrar un nuevo camino balompédico, pero su intermitencia le obligó a iniciar un largo viaje que le llevaría de vuelta a Croacia, Bélgica, Inglaterra y Eslovenia antes de retirarse a los 35 años. Fue entonces cuando decidió buscar un refugio en los banquillos y las pizarras. Tras cuatro años como asistente de Slaven Bilić en la Selección croata, Prosinečki aceptó en 2010 dirigir al querido Estrella Roja de su juventud, lo que le convirtió en el primer técnico croata en dirigir un equipo serbio desde la Guerra de los Balcanes. Su fichaje supuso un gesto de reconciliación entre dos naciones que habían perdido a decenas de miles de hermanos en un largo conflicto armado, aunque en el plano estrictamente deportivo su etapa en el banquillo con los ‘crveno-beli’ no pasará precisamente a la historia. Tras ello, un breve e infructuoso paso por el Kayserispor turco fue su última experiencia a los mandos de un gran club.

Hasta ahora. Y es que la próxima semana se hará oficial su fichaje como seleccionador de Azerbaiyán. Esta nueva y exótica aventura le llevará a dirigir a un combinado nacional que jamás ha sido capaz de clasificarse para una gran cita continental ni mundial y que en la presente fase de grupos aún no ha logrado si quiera puntuar. El centrocampista sucede así a Berti Vogts, quien fue el seleccionador de la Alemania campeona de la Eurocopa de Inglaterra 1996.

Técnicos impronunciables azeríes aparte, el banquillo del pequeño país del sur del Cáucaso ha dado también cobijo, junto a Vogts, a otras grandes figuras del universo fútbol. El mismísimo Carlos Alberto, quien tiene el honor de haber marcado un tanto en la misma final de Mundial que Pelé, Gérson y Jairzinho, ocupó el cargo que ahora hereda Prosinečki entre 2004 y 2005. Por lo tanto, la cuestión es saber cuáles son los encantos con los que Azerbaiyán consigue seducir a nombres como Carlos Alberto, Vogts y al propio entrenador croata.

Ciertamente, el fútbol ocupa un lugar secundario en un país cuyo deporte nacional es la lucha libre. Además, Azerbaiyán mantiene el legado soviético del culto al ajedrez. De hecho, la capital Bakú vio nacer y crecer al célebre campeón del mundo Gari Kaspárov. Sin embargo, existe algo en las costas del Mar Caspio que es capaz de atraer incluso al Atlético de Madrid. Ese algo no es otra cosa que el petróleo. El oro negro es el máximo responsable de que año tras año se levanten gigantescos rascacielos en las urbes azeríes, se inauguren lujosos centros comerciales y hoteles, de que la policía patrulle en potentes BMW y de que la Federación de fútbol sea capaz de fichar a entrenadores cuyos honorarios no son ni mucho menos modestos.

El sueño de Prosinečki huele a crudo. Y no precisamente a causa de los resultados que pueda lograr con una escuadra que ocupa el puesto 126 de la clasificación FIFA, sino porque su importante sueldo será financiado gracias a las decenas de plataformas petrolíferas que verá por la ventanilla de su avión antes de aterrizar en el Aeropuerto Heydar Aliyev de Bakú.

28/11/2014

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