La vida detrás del récord

messiDAVID PALOMO | Vive el ser humano de momentos de lucidez, pero también de otros tantos que cuelgan del señuelo de la vulgaridad. Sólo algunos genios —no todos— son capaces de convertir la inspiración en rutina, la magia en algo común y la magnificencia en un detalle sin importancia. No son muchos. En el fútbol, Messi y otros pocos elegidos. Unidos por siglos mediante el sonido del gol. Da igual si éste sonó en Argentina, Estados Unidos o Alemania. Su naturaleza es la misma. Como ha demostrado una vez más el argentino, superando el récord de Zarra con 252 tantos. El primer peldaño de una escalera que le invita a subir en busca de los máximos artilleros de las otras tres grandes competiciones europeas: Uwe Seeler, en Alemania (404); Jimmy Greaves, en Inglaterra (357); y Silvio Piola, en Italia (274); pero más allá de los datos, compilados en varios artículos, interesa saber qué hay detrás de esos números: sus historias.

Los récords son el oro, los buenos momentos, el éxtasis del momento único, el ruido, la histeria y el aplauso. Sin embargo, después de todo eso sólo queda el silencio. La vida real dista mucho del escenario futbolístico. Los focos no son más que una máscara que se superpone al relato de la existencia. Como bien supo Piola, al que dieron por muerto al comienzo de la Segunda Guerra Mundial celebrando alguna misa en su memoria. Todos se equivocaron, pues el jugador huyó para no ser reclutado. Durante algún tiempo, nadie se acordó de él. Fue un fantasma al que en realidad pocos conocían. ¿Y acaso alguien sabe cómo es Messi cuando se retira al vestuario?

El olvido, al fin y al cabo, no es más que el castigo involuntario al que se somete a las estrellas. Una vez colgadas las botas, el brillo pretérito deja paso a la aparente normalidad. Incluso a un segundo estrellato, a veces, destructivo. Así le ocurrió y le sigue ocurriendo a Jimmy Greaves, campeón del mundo con Inglaterra en 1966 y alcohólico empedernido. Los que le conocen dicen que llegó a beberse 20 pintas al día y una botella de vodka al anochecer. “Mi ídolo era Smirnoff, confesó en más de una ocasión. Jugador de Chelsea, Tottenham y West Ham, sus 357 tantos le mantienen como el máximo artillero de la historia de Inglaterra —no de la actual Premier League, donde Shearer (260) ostenta el récord—. Su adicción por el gol y las espirituosas tiene similitudes con la vida de Best, pero él nunca fue tan mediático como el icono del Manchester United, aunque guarde similitudes: “Los grandes deportistas no piensan. George [Best], Gazza‘ y yo no necesitábamos hacerlo. Sólo jugábamos”. Y beber, eso también.

A la historia de Messi todavía le quedan muchos capítulos por contar. Su leyenda sólo conoce de fútbol. Las referencias a su vida privada apenas si han pasado a territorio de lo público. Las malas lenguas dicen que le gusta mandar, pero no pueden confirmar nada. Su vida detrás del récord está por escribirse. Porque, a estas alturas, todavía puede alcanzar a los tres jugadores anteriormente citados. Hasta entonces, quizá lo único que se pueda hacer sea disfrutar al verle con las botas puestas. Suficiente. O eso debe pensar Uwe Seeler, quien, con los años, no ha tenido más que contar. Ni alcohol ni drogas ni muertes falsas. Una vida normal, el ideal de cualquier ser humano, por muy estrella que pueda ser. Aunque anoche, La Pulga volviera a ser divina superando el gol de Raúl (71) en Champions y alcanzando la cifra de 74.

26/11/2014

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