Pura y nueva vida

Costa RicaJULIÁN CARPINTERO | El sueño acabó cuando van Gaal hizo creer a todo el planeta que estaba cometiendo una locura. El tiempo reglamentario ya se había cumplido en el Arena Fonte Nova de Salvador de Bahía en el momento en que el excéntrico seleccionador holandés retiró a su portero titular, Cillesen, que hasta entonces había disputado todos los minutos del torneo, para dar entrada a Krul, que saltaba al césped ante la atónita mirada de los jugadores de Jorge Luis Pinto. Apenas diez minutos después, una piña holandesa se abrazaba en torno a Van Gaal y el propio Krul, los dos artífices de que la ‘Oranje’ se hubiera metido en las semifinales del Mundial de Brasil tras derrotar a Costa Rica en los penaltis. El pequeño país centroamericano lloró en aquel momento lo que parecía el final de una epopeya única e irrepetible. Sin embargo, el viaje de la mayoría de aquellos jugadores no había hecho más que empezar.

Que un país con menos de cinco millones de habitantes se quede a once metros de plantarse en las semifinales de una Copa del Mundo es una de las grandes historias que encierra el fútbol. Ese fue el hito que el colombiano Jorge Luis Pinto y sus 23 chicos alcanzaron el pasado mes de julio, cuando pusieron patas arriba a todo el planeta fútbol con sus exhibiciones de juego y pundonor. Fueron los ticos un equipo alegre, casi entrañable, que asomó la cabeza más alto que otras tres campeonas del mundo en un grupo en el que sólo los más osados habrían apostado por su clasificación: ganó a la rocosa Uruguay, derrotó a la combativa Italia y no cedió cuando la mediática Inglaterra quiso hacerle hincar la rodilla. En octavos, un escalón que ya habían pisado en el carismático Mundial de Italia ’90, se encontraron con una Grecia que era pura nitroglicerina, pues de tan inestable podía explotar en las manos de aquel en el que cayera, incluidas las suyas propias. Decidieron los penaltis, que fueron de todo menos una lotería: el otrora guerrero Gekas se encontró con Keylor; los de Costa Rica, con las escuadras. En la siguiente ronda esperaban Robben, van Persie y Sneijder y su pandilla de adolescentes, pero ese capítulo ya es historia.

Lo que también es historia es que Costa Rica terminará este glorioso 2014 como el mejor equipo de la CONCACAF en el ránking FIFA por delante de México o Estados Unidos. Su victoria por penaltis —otra vez los penaltis— tras empatar 3-3 ante Uruguay el pasado jueves en el Centenario de Montevideo no ha hecho sino refrendar el presente y el futuro de una generación a la que Pinto ha ido quitando y añadiendo detalles desde la derrota ante Holanda pero que es reconocida y cotizada a lo largo y ancho del planeta. Y es que 12 de los 23 futbolistas que estuvieron en Brasil cambiaron de equipo tras la cita que encumbró a Alemania cambiaron de equipo una vez terminado el torneo, una diáspora que pone de manifiesto tres realidades: que no hay mejor escaparate que un Mundial para un jugador, tenga el cartel que tenga; que casi nadie sabía nada de los costarricenses; y que éstos eran buenos.

Así las cosas, la fiebre mundialista que llevó al Real Madrid a fichar a Kroos y a James no se detuvo con la contratación de Keylor Navas, el guardián de Pinto que tanto había brillado en el Levante y que se consagró a ojos del mundo con las ‘master class’ que impartió en Brasil. Pero Keylor sólo fue la punta del iceberg, puesto que Gamboa, Umaña y Giancarlo González, tres fijos en la defensa tica cambiaron, se enfundaron, respectivamente, las camisetas del West Bromwich Albion, el Persepolis iraní y el Palermo. En el mismo contexto, Diego Calvo dejó el Vålerenga para fichar por el IFK de Goteborg y el veloz Ureña se marchó al Midtjylland danés desde el Kuban Krasnodar ruso. Por su parte, Brenes, Cubero y Yeltsin Tejeda dijeron adiós a la liga local para recalar en el Sandnes Ulf noruego, el Blackpool y el Evian, mientras que sólo el polivalente Christian Bolaños hizo el camino inverso al pasar del Copenhague al Cartaginés. También es llamativo el caso de los dos jugadores que probablemente tengan más talento en Costa Rica, Bryan Ruiz y Joel Campbell, cuyo gran torneo hizo que Fulham y Arsenal decidieran repescarlos de sus cesiones a PSV y Olympiacos y que, sin embargo, no están disfrutando de minutos en este primer tramo de la temporada —del mismo modo que Navas, por otra parte—.

El gran artífice de todo este proceso no es otro que Jorge Luis Pinto, un hombre que a sus 61 años ha hecho patria en Costa Rica tras haberse pasado años olfateando el rastro de las jóvenes promesas en la competición local. Los jugadores tienen fe en él, un motivo más que suficiente para pensar que tras este brillante 2014 su reto y el de todo el país para el año próximo sea hacerse con la Copa de Oro que se disputará en Estados Unidos en el mes de junio, una competición que los ticos nunca han ganado con su formato actual y en la que tendrán que pelearse con sus vecinos del norte. Quizá otra buena actuación costarricense sirva de trampolín para que los que aún siguen allí dejen el país de la pura vida para iniciar una vida nueva.

18/11/2014

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