‘El Chino’ olímpico

ÁlvaroRecobaJULIÁN CARPINTERO | Cesáreo Onzari fue un pionero, una especie de Neil Armstrong del fútbol. Este delantero argentino, que comenzó y terminó su carrera en Huracán, grabó su nombre en los anales del fútbol un lejano 1 de octubre de 1924, cuando anotó el primer gol de córner directo de la historia del balompié después de que la regla se hubiera modificado meses atrás —hasta entonces el saque de esquina se consideraba un lanzamiento indirecto—. El tanto en cuestión lo convirtió Onzari en el estadio del Sportivo Barracas en el encuentro amistoso que disputaban Argentina y Uruguay, vigente medalla de oro en los Juegos de París, por lo que éste, presenciado por 30.000 personas, recibió el apelativo de ‘gol olímpico’. Curiosamente, tuvo que ser un uruguayo quien perfeccionara el arte de transformar en gol los saques de esquina, un fino estilista que a punto de cumplir los 40 sigue dando a los espectadores motivos para pagar una entrada con tal de verle jugar.

En la madrugada del pasado domingo Nacional y Peñarol se veían las caras en el Gran Parque Central en un episodio más del derbi eterno de Montevideo, un duelo en el que ‘albos’ y ‘manyas’ luchan por demostrar quién es el rey del fútbol charrúa. Todo parecía indicar que, a pesar de su mala temporada, Peñarol haría doblar la rodilla, una vez más, a Nacional, líder de la tabla, pues un tanto de Pacheco permitió que los visitantes llegaran con ventaja cuando se cumplía el 90. Sin embargo, en un final inexplicable, el ‘Seba’ Fernández puso el empate ayudándose de la mano en un instante en el que los de Álvaro Gutiérrez olieron la sangre de sus vecinos. Así, tras cinco minutos de prolongación, el árbitro señaló como falta un inexistente derribo sobre el ex deportivista Taborda y emergió su eterna figura. Con mimo, Recoba colocó el balón sobre el césped a unos 30 metros del arco, dio media docena de sus característicos pasos y golpeó con su pierna izquierda de funambulista un balón que Migliore, el meta de Peñarol, vio cómo se alejaba de su guante para besar sus redes. Nacional se llevaba los tres puntos en un final que ni el mejor de los guionistas de cine se habría atrevido a escribir con el eterno Recoba como actor principal.

Producto de la cantera del modesto Danubio, es curioso cómo el tiempo ha convertido a Recoba en uno de los grandes iconos de Nacional en las últimas décadas. Al parecer, aquel joven que impactó en el fútbol de Uruguay a finales de los 90 lo tenía todo atado para vestir la camiseta de Peñarol, puesto que a su representante, Paco Casal, le unía una estrecha relación de amistad con el presidente de los ‘carboneros’, José Pedro Damiani. No obstante, discrepancias en los términos económicos del contrato del ‘Chino’ hicieron que Casal, despechado, se lo sirviera en bandeja de plata al eterno rival. Dos temporadas —en las que ganó un Apertura y un Clausura— fueron suficientes para que Moratti pusiera el dinero encima de la mesa y le vistiera de ‘nerazzurro’ por la vía rápida. Aunque su desembarco en el Inter no fue del todo fácil, ya que su representante cerró el traspaso sin el consentimiento del club. Sea como fuere, la gran esperanza charrúa aterrizó en Milán en julio de 1997 con la intención de hacerse un nombre en el viejo continente.

Inter Milan's Adriano (R) jubilates with

Recoba y Adriano, dos zurdas de oro que vistieron la camiseta del Inter a mediados de los 2000.

Y su debut no pudo ser más prometedor. El mismo día en que Ronaldo ponía sus pies en la Serie A, un Recoba de 21 años fue capaz de darle la vuelta al marcador del choque que los de Luigi Simoni perdían ante el Brescia por 0-1 con dos golazos en los últimos diez minutos: el primero, con un disparo desde 30 metros; el segundo, de falta directa. ‘O Fenómeno’ no fue Ronaldo, fue ‘El Chino’. Y es que a aquel uruguayo de ojos rasgados no le asustó verse entre leyendas de la talla de Zanetti, Pagliuca, Djorkaeff, Simeone o Zamorano que, sin embargo, sólo vería puerta una vez más en toda la temporada. Fue entonces cuando en la planta noble del Giuseppe Meazza empezaron a preguntarse si no estaría un poco verde para vestir una camiseta con casi un siglo de historia. Cedido al Venezia un año después, fue en la ciudad de los canales donde Recoba se tomó su particular revancha callando las bocas que le habían dado por perdido antes siquiera de empezar el camino. Así, el Inter le repescó en 1999 y le convirtió en el jugador mejor pagado del mundo con más de siete millones de dólares por temporada.

Sus excelentes condiciones para el golpeo del balón le permitieron jugar para el Inter hasta 2007, justo el año en que hizo el primer gol olímpico de su carrera. Mermado por las lesiones, inició el declive de su carrera con sus pasos por el Torino y el Panionions griego antes de regresar a Danubio y, finalmente, Nacional, equipo para el que ha marcado otros cuatro tantos de córner, una marca que le confiere el estatus de mito. Con decenas de distinciones individuales y de títulos a nivel de clubes, quizá el gran anhelo en la carrera de Recoba haya sido perderse el renacer de la Celeste, a la que defendió en 69 ocasiones liderando la transición de los Francescoli y Bengoechea hasta los Forlán y Suárez. De lo que nadie puede dudar es de que hasta Onzari habría tenido envidia de su zurda.

11/11/2014

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