#jojahevotat

imageSERGIO MENÉNDEZ | Poco importa su respaldo legal o los índices de participación. La jornada del 9 de noviembre de 2014 quedará para la posteridad en la memoria del pueblo catalán como el día en que los ciudadanos de ese pequeño país al que se refirió Pep Guardiola desde la sala de prensa del Reyno de Navarra en tiempos del volcán Eyjafjallajökull manifestaron su voluntad de constituirse como estado independiente del resto de España. El desafío soberanista de Artur Mas al Gobierno de Madrid por fin cristalizaba en forma de votos. La consulta serviría para que las gentes que pululan “ahí arriba” demostraran, a diferencia de lo que manifestó en su día el gurú de Santpedor, que algo sí pintan. Momento histórico, por tanto. Y por muchas razones.

En primer lugar, porque la fecha adquiría una nuevo sentido, totalmente opuesto en términos de significación política. Quiso el capricho del calendario hacer coincidir la fecha del referéndum de la discordia con la efeméride que conmemora la caída en 1989 del llamado Muro de la vergüenza en Berlín. Curioso que un día reservado para la celebración del derribo de las barreras políticas a escala mundial pueda contribuir a cimentar la primera piedra de una frontera entre miembros de una misma sociedad. Quien mejor ejemplifica ese cambio de tendencia y aporta un plus en términos de relevancia histórica es, precisamente, el hoy técnico del Bayern de Múnich, que abandonó su habitual enclaustramiento en Baviera y se desplazó hasta Barcelona con motivo de la consulta.

Sin embargo, no ha sido la de Guardiola la única figura del orbe futbolístico a la que han captado las cámaras acudiendo a las urnas. Carles Puyol, Martín Montoya, Sergi Roberto, el excéntrico Xavier Sala i Martín, Sandro Rosell, Josep Maria Bartomeu o Joan Laporta, némesis de los dos anteriores, también se dejaron fotografiar depositando su voto en diferentes puntos de la geografía catalana. Xavi Hernández, en una metáfora de su actual momento de forma, acudía vestido de arriba a abajo en gris, enfundado en un chaleco negro de plumón y luciendo una gorra del mismo color. El look de incógnito y, sobre todo, el accesorio brindaban una oportunidad inmejorable de ridiculizar al mítico José A. H., el euroabonado del Real Madrid popularmente conocido como Tosepower. Ni rastro, sin embargo de Gerard Piqué, quien no hace ni un par de meses se dejaba ver por las calles de la ciudad condal celebrando la Diada junto a su hijo Milan, vestido para la ocasión con la equipación de la ‘senyera’. Tampoco del hombre que hace no mucho ocupaba la demarcación del cuestionado defensa culé y que tanta polémica desató en el pasado reciente por culpa de una serie de declaraciones donde mostraba su ideología, abiertamente independentista.

“Yo de niño quería ser campesino y no resultó, al menos de momento. Es decir, que yo de pequeño era del Barça, pero de mayor habría podido hacerme del Espanyol, que nadie es perfecto. O del Madrid, que todos cometemos errores imperdonables”. Declaraciones de Oleguer Presas durante la presentación del libro que publicó en 2006 a pocos días de la disputa de un Clásico. Fecha idónea para dar a conocer a la sociedad “Camí d’Ítaca”, la obra donde daba rienda suelta a sus impresiones más personales sobre el deporte rey y, en particular, política. Porque, tal como el propio jugador reconoce, si bien su vocación futbolística no estuvo completamente definida desde la infancia, en contra de lo que suele ocurrir con la mayoría de sus compañeros de profesión, siempre tuvo claros sus principios.

Hijo de una experta historiadora en movimientos sociales, lo cierto es que su faceta como ferviente partidario de la autodeterminación de los ciudadanos catalanes, al igual que su activismo de izquierdas y sus posturas contrarias a la globalización y el capitalismo, nunca fue un secreto. En 2003, sin todavía formar parte siquiera de la plantilla del primer equipo del Barcelona, fue desalojado junto a varias personas por la policía de un bar de Sabadell en un incidente donde Oleguer llegó a herir a un agente en el codo después de lanzarle una piedra. Precisión inusitada para un jugador que después de cuatro temporadas completas en Primera división logró un único gol. De hecho, su juego distaba mucho en cuestión de brillo comparado con un palmarés que incluye, por si alguien lo había olvidado, dos Ligas, una Copa de Europa y dos Eredivisie, fruto de su posterior militancia en el Ajax. Se ve que tanto y tan temprano le caló ‘Els Segadors’ que decidió hacer del himno su mantra sobre el césped. Central expeditivo y contundente, la guadaña constituyó su principal recurso ante cualquier situación comprometida.

En lo que a su desempeño fuera del campo se refiere, la cita sirvió, por ejemplo, para descubrir que este licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Barcelona sabía manejarse con cierta ironía a la hora de plasmar sus convicciones. No en vano, una de los pasajes del libro que más impacto generó entre la prensa fue el dedicado a Luis Carrero Blanco, principal mano derecha de Franco durante la Dictadura, de quien llegó a escribir que “cuando ganó el concurso de salto de altura, pareció que todo daría un giro definitivo, que muerto el perro se acabó la rabia, pero todo siguió igual”, a propósito del atentado que sufrió a manos de ETA cuando una bomba hizo saltar por los aires el coche donde viajaba. En esa línea se manifestó también a comienzos de 2007, año en que decidió mostrar públicamente su apoyo a la huelga del hambre que entonces protagonizaba Iñaki de Juana Chaos en un artículo donde aprovechaba para criticar el Estado de Derecho y cuestionaba la falta de independencia del poder judicial, hecho que le costó la rescisión de un contrato de publicidad con Kelme y, según cuenta Quique Peinado en ‘Futbolistas de izquierdas’, más peticiones de entrevista que Ronaldinho.

Resulta extraño, en definitiva, no haber visto al ex futbolista en una jornada tan señalada, a juzgar por su historial. Aunque, pensándolo mejor, tampoco es que hiciera falta, pues hace ya varios años se posicionó en relación a esa dicotomía. Fue en 2005, momento en que Luis Aragonés aprovechó un buen momento de forma del defensa para convocarle a unas jornadas de convivencia con la Selección española. Oleguer Presas no sólo acudió, sino que llegó a enfundarse el chándal oficial del equipo y todo. En cambio, su relación con el combinado nacional llegó inevitablemente a su fin al ser preguntado sobre la posibilidad de defender a ‘La Roja’ en un futuro cercano. Aquella vez, no obstante, le tocó votar en contra.

10/11/2014

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