Música visual en el Bernabéu

MÚSICA-EN-EL-BERNABÉUFIRMA DE RAFAEL AZNAR | Los Beatles, U2, los Rolling Stones, Queen, los Ramones, REM, Red Hot Chilli Peppers, The Clash… En todos esos nombres, hay dos denominadores comunes: la presencia de cuatro personas y la habilidad para hacer grandes composiciones musicales. Aceptando como válida la premisa de José Antonio Martín,Petón, de que el fútbol tiene música, quizá convendría ir haciendo un hueco entre esa nómina de cuartetos a una nueva banda que viene pegando fuerte en los últimos tiempos, con actuaciones capaces de levantar estadios, en especial a uno llamado Santiago Bernabéu —mientras los petrodólares no tengan a bien hacer acto de presencia financiadora—. Toni KroosLuka Modrić, James Rodríguez e Isco Alarcón conforman ese grupo de moda, cuyo rock melódico está triunfando en las listas de venta balompédicas.

Cuando dio comienzo la temporada 2014/15, las voces más expertas convinieron en señalar que el Real Madrid tenía la plantilla más completa del planeta. Sin embargo, tras alzarse con la Supercopa de Europa, para ser fiel a su atracción por los terremotos mediáticos, el club desmontó buena parte de la función. Deprisa, corriendo y a última hora, Ángel di María y Xabi Alonso se bajaron del escenario para irse a tocar a Manchester y Múnich, el primero por caché y el segundo por hastío y afán de nuevos ritmos. El populacho, olvidado ya el delicioso sabor de la Décima, se temió la conversión de la sinfonía en astracanada, y no sin motivo, como dejaron patente el 4-2 encajado ante la Real Sociedad y el 1-2 ante el Atlético de Madrid. Sin embargo, aquello fue un bache pasajero. Carlo Ancelotti, que ha demostrado ser un funámbulo de los banquillos, mantuvo la calma y, en poco tiempo, aunque en el club de Chamartín siempre se corre el riesgo de caer a un vacío en el que no hay red salvadora, se sacó de su chistera de mago una solución para recomponer el hueco dejado en el rompecabezas del once titular por la desaparición de las dos citadas piezas. Para empezar, el italiano, tan versátil como elegante, dio una vuelta de tuerca a su ideario, cambiando su habitual 4-3-3 por alternativas de ida y vuelta como un 4-4-2 o un 4-2-3-1. Ahí, aprovechando, en parte, los problemas físicos de Gareth Bale, entró en juego la decisión más alabada en años en Concha Espina: juntar en el centro del campo a cuatro virtuosos del balón.

Hubo un tiempo no muy lejano en que los equipos de fútbol jugaban con ‘centrocampistas’ puros y duros, sin especificidades como el cacareado pivote defensivo o incluso el doble pivote. En el Real Madrid, esa fórmula funcionó con un solista de potentísima voz como Claude Makélélé, pero, después de él, se prodigaron medianías como Mahamadou Diarrá, Emerson o Lass, cuya afonía más allá de la línea divisoria era inaudita. Muy atrás quedaba la época de un ‘todocampista’ como Fernando Redondo, que era capaz de hacer de todo: defender, atacar y hasta hacer un jugadón de tacón en la línea de fondo de Old Trafford. Sin embargo, muchos años y vaivenes después, el Madrid vuelve a priorizar la melodía en la medular, algo que no sucedió casi ni en la época de los Galácticos, cuando hubo quien se inventó a David Beckham como mediocentro o quien se sacó de la manga un cuadrado mágico tan rimbombante como ineficiente. El toque de este Madrid es muchísimo más vertical que el del Barça de Guardiola, pero es toque. Para darse cuenta, baste con ver la vertiginosa transición ofensiva con la que el Liverpool cayó ajusticiado en el Bernabéu hace sólo unos días.

Curiosamente, los cuatro motores que mueven el centro del campo han tenido que readaptar los mecanismos que les sirvieron para fichar por el club blanco. Ninguno juega como lo hacía en su anterior club. Modrić fue el primero en aterrizar, y lo hizo tras haber brillado como mediapunta en el Tottenham. En su primer año, con José Mourinho, rascó poca bola de titular, pero, la temporada siguiente logró asentarse, ya con Carlo Ancelotti. Y se asentó porque Sami Khedira, un jugador sobrevalorado donde los haya —al menos en su versión ‘española’, que poco o nada tiene que ver con la alemana— se lesionó de gravedad y el técnico italiano tuvo que reinventarle como mediocentro, posición en la que no tardó en demostrar una gran capacidad no sólo para desplazar el balón, sino también para hurtarlo de pies ajenos. Jamás una lesión había hecho tanto bien a un club.

El segundo en llegar fue Isco, un virtuoso que tuvo un arranque fulgurante hace algo más de un año y que, luego, se hundió en el ostracismo para volver a renacer hace poco, añadiendo a sus gráciles movimientos una capacidad de sacrificio que, anteriormente, brillaba por su ausencia. Es el ojito derecho del Bernabéu, como Keita fue la ‘niñita’ de Guardiola en su día. En tercer lugar, está Kroos, probablemente el fichaje más acertado del Madrid en años, por la relación calidad-precio. Tras salirse en el Mundial de Brasil, el Bayern de Múnich se vio obligado a venderle por ‘sólo’ 25 millones, ya que no estaba a gusto en Baviera y acababa contrato, con el consiguiente riesgo de no ver ni un solo céntimo de euro. El teutón, un portento con las dos piernas y de mente privilegiada para el pase, ha tenido que retrasar su posición unos metros y, con ello, ha logrado que ni los fans más acérrimos de Xabi Alonso se acuerden del tolosarra. Lo mismo ha sucedido con James Rodríguez, que, pese a haber llegado con el sambenito de los 80 millones de su traspaso, ha hecho olvidar a Di María. Cuando el colombiano recibe el balón, parece tener andares de tortuga reumática, pero, en cuanto balancea su zurda de seda, el balón ya está convertido en una asistencia o colocado en la escuadra de la portería rival. Se podría considerar incluso a Karim Benzema entre esta banda de virtuosos del rock melódico, pero lo del francés, ese ‘nueve y medio’ que dijo Varane, da para un artículo aparte.

Si se tiene el balón, no hace falta tener ningún perro de presa que se dedique a dar dentelladas, y el Real Madrid, tras muchos años de cerrilismo, ha vuelto a hacer suya esa filosofía vital. Si el cuarteto KroosModrićIscoJames tiene continuidad en el tiempo, no sería de extrañar que acabara en el Salón de la Fama. Su forma de tocar es música para los ojos.

08/11/2014

Rafael Aznar es periodista de Hobby consolas y ex del diario MARCA.

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