Biosca

bioscaMARIO BECEDAS | Se consumen en el estertor de la bobina de nitrato las últimas proyecciones de fútbol en blanco y negro. Se silencian para siempre los pasos de aquellos hombres repeinados hacia atrás, secos y vertiginosos, que corrieron tantos campos de España en tardes de domingo. Balones de cuero, carteles de Cinzano y un mar de cabezas entre el césped y el cielo.

Emprende el camino hacia la gloria otra vieja leyenda culé, primer central con exquisitez, dandi con mangue de la farándula y último anciano que buscó el tiempo perdido en un eterno paseo hasta Les Corts. En el Día de Todos los Santos nos tuvo que dejar Gustau Biosca, zaguero para antologías y capitán del Barça de ‘Les Cinc Copes’.

Expeditivo al corte, jerarquía en calzonas y anticipación en la construcción, Biosca fue figura de una España atrapada en el medio siglo. Antes de que Di Stefano se montara en el blanco y el Madrid se marchara para siempre, hubo un gran Barça reflejado en el oro del tupé de Kubala, un brillo al que cantó Serrat sobre una época en la que todos los jugadores se parecían un poco a Jesús Navas y otro poco a Pedrito.

Nació en L’Hospitalet un 29 de febrero del 1928, y por eso siempre aparentó cuatro años menos; simpatizó con el Espanyol y aprendió a defender a ritmo de castañuelas porque su padre, menestral de la Campsa de entonces, hubo de emigrar a Sevilla. De ahí le vino a Biosca el azabache tras la frente y un amor por el flamenco que le haría cubrir a Lola Flores cuando ‘La Faraona’ echaba flores por la tripa y enamoraba a todos lo sorches sin visera del fútbol español.

Fue un romance sonado, una consecuencia lógica de las noches de ‘tablao’ por Barcelona. Cuentan las crónicas que el defensa era titular indiscutible en las convocatorias nocherniegas junto a César y Kubala. Y en uno de aquellos lances le robó, con mirada gitana, la damisela a Manolo Caracol. Luego Biosca habría de dejar a ‘La Faraona’ por su mujer de siempre, el salto que pondría a la Flores embrujando al pobre de Coque.

Biosca fue una centinela en la retaguardia del Barça durante ocho años en los que disputó 187 partidos y conquistó dos Ligas, cuatro Copas de España, una Copa de Ferias y cobres tan exóticos como una Copa Eva Duarte o una Copa Latina. Un palmarés de gala que se detuvo cuando la rodilla dijo basta y la historia del gran futbolista varado por una lesión volvió a ser final de película.

Atrás quedaba la leyenda de que Bernabéu lo tuvo fichado y Biosca padre le dijo sin sacar la mirada del plato que entonces ni volviese por casa. Atrás quedaba la opción de saborear esa incipiente Copa de Europa. Atrás quedaba esa mirada esmeralda, claridad traslúcida, que desde la trinchera vio las obras de arte de un quinteto que muchos de nuestros padres se supieron de carrerilla: Basora, César, Kubala, Moreno y Manchón. Atrás va quedando un fútbol en blanco y negro que, como le ocurre al cigarro de la vida, el tiempo va tornando en ceniza.

06/11/2014

Imagen: Twitter / Barça

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