Laporta 2016

laportaMARIO BECEDAS | No valió para médico, como sí lo fue el padre, así que pronto empuñó el bisturí del derecho. Fue un soplo dinámico, una brisa burguesa: una luminaria de la sociedad barcelonesa. Se montó a lomos del ‘Elefant Blau’ y creció después como el ‘noi’ integrado en la candidatura Lluís Bassat, Papá Noel de la publicidad que llevó el trineo de la oposición contra un nuñismo cada vez más pequeño, como su líder. Desde ese trampolín decidió viajar por libre y acabó cumpliendo el sueño catalán: Joan Laporta llegaba a la presidencia del Barça.

Se pintó como el Kennedy de la burguesía tetrabarrada y se hizo con el sillón culé prometiendo a Beckham y trayendo a Ronaldinho: no le salió mal. Le dio magnetismo al club, se estrenó con una gazpachada a las 12 de la noche que atragantó a su amado enemigo —odiado amigo— Del Nido. Hizo inmortal la corbata blaugrana y ofreció la Champions de París a Zapatero en una España candente de Estatut: aún no nos faltaba el dinero.

El Barça de Rijkaard jugaba al fútbol sala en todos los campos y la afición se giraba continuamente porque Cruyff podría aparecer por cualquier parte: el entorno del club volvía a ser el club. Laporta aprendió a desabrocharse la americana con más estilo que nadie y su fisonomía se empezó a hinchar al mismo tiempo que desinflaba la de los Boixos Nois y éstos le garabateaban la casa de caligráficas amenazas.

Nos acostumbramos pronto a su comandita continua con Rosell, a los aspavientos de Sala i Martín —americana fosforita, capitalismo salvaje— como si estuviera guiando aviones desde el palco o a la bonhomía entre hombros de Txiki Begiristain. Laporta rozaba el estrellato apareciendo con los segundos tiempos de los partidos empezados, corriendo por las escaleras, fruto de una superstición que nació de la casualidad: si lo hacía, el equipo ganaba.

Poco a poco el óxido corroyó las sólidas estructuras del Imperio y una asamblea de tormenta dejó para la Historia los tropos más memorables de Laporta:  “Y eso es lo que no me gusta… que nos embauquen!” y ¡Al loro! Qué no estamos tan mal, hombre!. Justo un mes después, el Barça hacía el pasillo en el Bernabéu a un Madrid que le ganaría por 4-1. Pero de todo ello salió a flote Jan, mejor presidente de la historia culé, legando una pila de títulos amén de noches de descorches en Luz de Gas, vegueros de vanidad, chorros de champán, sensualidades neumáticas de neón o una figura de Buda en yate de lujo y posterior corsario de piscina. El foco mediático ya no le abandonaba ni perdida la presidencia.

entorno

Antes había estado el divorcio con Rosell, que acabaría en la tragedia griega que nos concitó hasta ayer. Solitario en la cúspide le vinieron a Laporta las elecciones ganadas sin rivales, la primera disidencia en años, la cosa de los espías, las renovaciones millonarias, casi blindajes, y el primer incendio institucional.

Ahorcado por la corbata en aquel crítico 2008, Laporta hizo mantra de ‘poker’ y se sacó de la manga su última baza: Guardiola. Niño mimado del ‘seny fupbolero’, Pep salvó a una Junta en declive. Un golpe de suerte no esperado. El club llegó a la cima de su historia, pero la oposición de Rosell fue demasiado y las elecciones de 2010 cambiaron la inercia. Comenzó una serie de litigios entre Junta y ex Junta que ha llegado hasta hoy. En medio han estado todo el ‘Expediente Rosell’, decapitado por la Justicia de un Jordi Cases ya arrepentido, y la fracasada peripecia política e independentista de Laporta —una CUP con terno de sastre no era la opción— seguida de sus amaneceres de playa.

Haciendo balance, el culé puede desear un acercamiento de Guardiola al entorno, un regreso triunfal de Cruyff a la grada, una unicidad de sentiemiento catalano-culé o unos golpes de timón lejos de las uñas de Bartomeu y su estirpe ‘roselliana’. Con Ruz instruyendo el club, la deriva fiduciaria por Neymar, la guadianescas relaciones con Messi, el adiós de Valdés, la zozobra Xavi, la siesta de Zubi, el no fichar hasta 2016, una remodelación mortal del estadio, el concubinato con Qatar y mucho más, sería lógico pensar —sería— que Laporta volverá al Camp Nou montado a caballo en olor de multitudes. Podría haber ocurrido ya, pero la Junta actual prefiere quedarse hasta borrar el escudo. Tras la sentencia juidicial que le da la razón y se la quita al oficialismo presente, la consigna ya es clara para este fin de mandato tan legal como poco moral y sus consecuentes comicios: ‘Laporta 2016′.

30/10/2014

Fotos: Twitter / WordPress.

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