Carlo

ancelotti-carlo-real-madridDAVID PALOMO | Un servidor sólo se ha cruzado una vez con Ancelotti, la temporada pasada, antes de que el Madrid conquistara Múnich. No es mucho para conocer a una persona, pero es suficiente como para hacerse una idea del personaje, para esbozar los primeros trazos de un dibujo que los años y las experiencias van modificando. Quizá por eso estas letras parten de la ignorancia y susurran al texto con precaución. Hace tiempo, aprendí que la opinión sólo es creíble cuando se domina un tema y la escritura se debe ejercer con un mínimo de conocimientos. Esa enseñanza se la tengo que agradecer a un profesor de la Complutense, que la primera semana, nada más llegar, se encargó de dejar claro uno de los principios básicos de la profesión: “¡Si usted no sabe del tema, no opine!”, le gritó a un compañero desde su estrado. ¡Cuánta razón llevaba!

Sin entrar a valorar la cara de aquel alumno, lo cierto es que la temporada pasada, en la sala de prensa del Allianz Arena, cualquier periodista recién llegado que escuchara al italiano pudo hacerse una idea del personaje que tenía delante. Y la realidad es que no hacen falta ni más conocimientos ni más conversaciones para adivinar quién es Ancelotti. Un tipo diferente al que pocas horas antes se había sentado en la misma silla —Guardiola—, pero igual de convincente. Le gusta decir a Carlo que “un equipo no es sino la imagen de su entrenador”. Pues bien, desde que llegara, ha conseguido convertir al Madrid en su réplica; es decir, en un conjunto que se le parece: conciso, socarrón, directo y con mucha confianza.

Es fácil decirlo meses después, pero el italiano ganó aquel partido en la rueda de prensa. El resto no es necesario rememorarlo. El Madrid se hizo grande en Múnich y no ha dejado de serlo desde entonces, dejando para la historia otros cuatro partidos memorables —además del mencionado—: la final de la Champions, la Supercopa de Europa, el encuentro en Anfield de la pasada semana y el Clásico. En el último de ellos, mostrando a un equipo sin complejos, al que ya no le importa que le digan que sólo juega a la contra, porque también lo hace al toque. Con carácter, determinación y talento. Un Madrid que puede llegar a rozar las cotas de excelencia de aquel que montó Florentino en su primer mandato, el conjunto que puede dejar pequeños a los Galácticos.

Si lo hará o no está por ver, pero lo cierto es que el conjunto blanco ha dejado de preguntarse quién es. Tiene un juego reconocible, una entidad. Con Ancelotti sabe a qué juega, sin cuestionarse nada, con todos sus jugadores implicados, desde Isco a Keylor Navas, acabando con las polémicas —con la venta de Diego López—, sin voces ni griteríos y la personalidad necesaria como para marcar una época. “¿Se va a quedar mucho tiempo en Madrid?”, le preguntaban a Carlo en la radio hace unas semanas. “Espero que sí”, contestaba. “Ojalá”, deberían gritar los aficionados.

29/10/2014

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