Christoph after the final

imageSERGIO MENÉNDEZ | Thomas Müller no terminaba de creerse lo que estaba escuchando. Escrutaba, de hecho, el rostro de su compañero, tratando de percibir un movimiento involuntario de ojos, un leve arqueamiento de la comisura de los labios que le delatara. Sonreía con un punto de incredulidad, no tanto por el contenido de los comentarios, que, de poco verosímiles, resultaban, al mismo tiempo, divertidos, como por el hecho de que su compatriota fuera tan estúpido de pensar que se tragaría la broma. Pero sus empeños por anticipar ese momento en que, debido a la absurda naturaleza de la ficción que se pretende recrear, el conflicto que se genera con la realidad se vuelve tan intenso que la carcajada acaba por estallar no daban fruto. Había decidido seguirle el juego, sí, con la mera intención de saber por cuánto tiempo sería capaz su colega de seguir con la coña hasta derrumbarse. Podría decirse, incluso, que se estaba divirtiendo al ver cómo un tipo que siempre se había mostrado tan discreto podía resultar, de repente, sumamente chistoso. Las chifladuras, sin embargo, empezaron a perder la gracia a medida que el jugador del Bayern de Múnich se iba percatando de que iban completamente en serio.

Is this real life?. Cuatro simples palabras que forman la cuestión existencial que transformó a David DeVore Jr., un niño residente en el estado de Florida que en mayo de 2008, cuando tenía solamente siete años, fue a su cita con el dentista para que le fuera extraída una pieza sobrante a causa de una hiperodoncia, en todo un fenómeno de masas. La operación, en la medida que involucra a dientes que todavía se encuentran bajo las encías, precisa de cirugía maxilofacial y, por tanto, de la utilización de anestesia. Particularmente, como es el caso, tratándose de un paciente tan joven y especialmente inquieto, ya que cualquier movimiento brusco o involuntario podría ser fatal en el contexto de una intervención que requiere de semejante grado de precisión. Entonces la mejor solución es dormir por completo al paciente. Normal, por tanto, que el pequeño David se sintiese algo confuso y desubicado cuando se despertó a poco de emprender el trayecto de vuelta a casa en coche. Su reacción a la anestesia, no obstante, estaba resultando muy divertida, pues a un deseo prácticamente irrefrenable de tocarse la boca comenzaron a sumarse una serie de dudas bastante disparatadas y dignas de ser grabadas en vídeo y subidas a YouTube en torno al número de dedos en su mano o los cuatro ojos de su padre, si lo que estaba viviendo se enmarcaba dentro de la realidad y, lo que más le perturbaba, si su letargo era puntual o duraría para siempre. Interrogantes que el muchacho trataba de alejar de su cabeza gritando a pleno pulmón, preguntas similares a las que asaltaron a Christoph Kramer los instantes previos a ser sustituido durante la final del pasado Mundial.

Las dudas del mediocampista del Borussia Mönchengladbach no surgían, en cambio, fruto de ningún sedante, sino del golpazo que recibió por parte de Ezequiel Garay. Justo después de consumirse el primer cuarto de hora del partido que enfrentaba a Alemania y Argentina, en un balón que circulaba en paralelo a la línea de fondo de la portería rival, nuestro protagonista se preparaba a recibir un pase de Klose, marcado por Marcos Rojo. Ni uno ni otro contaban, sin embargo, con la capacidad de anticipación del central del Benfica, que salió con rapidez al corte para despejar el peligro con la mala suerte de que su hombro fue a impactar directamente con la cabeza de Kramer a la altura de la sien. Un violento choque que postró al ’23’ de la Mannschaft de inmediato sobre el suelo, dolorido y en estado de shock. Las asistencias médicas, por supuesto, saltaron al terreno de juego dispuestas a atender al futbolista, que daba la sensación de no comprender lo que le estaba sucediendo. Al igual que David, vaya.

Kramer consiguió, pese al golpe, reponerse y seguir jugando con normalidad. Parecía que la esponja con que los médicos humedecieron la nuca del jugador había surtido un efecto reparador. Un remedio propio de madre que le mantuvo en el campo hasta que empezó a soltar desvaríos. El primero en sufrirlos, precisamente, fue el colegiado, Nicola Rizzoli, que asistía con gran sorpresa a la pregunta del futbolista sobre si realmente era la final de un Mundial lo que se estaba disputando en esos momentos. “Es importante saberlo”, le confesó.

Las consecuencias de su desorientación se dirigieron, entonces, a sus compañeros del Bayern de Múnich. El primero en padecerlas fue Manuel Neuer, al que le pidió un cambio de puesto para colocarse de portero; luego Philiph Lahm, al que le exigió el brazalete de capitán y le manifestó su deseo de intercambiar su camiseta con Rizzoli al final del encuentro; y el propio Thomas, finalmente, que alucinaba de ver a Kramer confundiéndole con Gerd ‘Torpedo’ Müller, felicitándole por la conquista del Mundial de 1974 o destacando el ambientazo que presentaba el Estadio Ruhr cuando se encontraban, ni más ni menos, en esa especia de meca del fútbol llamada Maracanã. El delantero, por su parte, llegó a declarar la importancia de que lo cambiaran porque, de lo contrario, quizá hubiera terminado bajándole los pantalones al árbitro.

Efectivamente, la sustitución no se hizo esperar y se retiraba de la final a la media hora del pitido inicial por Schürrle. Las pruebas que le fueron realizadas concluyeron que la acción con Garay le provocó una conmoción cerebral que había desencadenado, a su vez, un episodio transitorio de amnesia que, si bien no conllevaría secuelas más graves que verle jugando a ‘piedra, papel o tijera’ contra el escocés Morrison aprovechando la lesión de un compatriota, le impediría retener en su memoria todo recuerdo sobre el partido en que su país se proclamó tetracampeón. Una verdadera lástima para un joven que llegó a la convocatoria como recambio de última hora en lugar de Hahn, quien a día de hoy milita también en las filas del Gladbach, pero se descubrió durante la cita de Brasil como un talento prometedor y una de las grandes revelaciones del torneo.

27/10/2014

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