Un Levante a la deriva

JoséLuisMendilibarFIRMA DE FÁTIMA MARTÍN | Las siempre arcillosas aguas del río Turia bajan especialmente turbias por Orriols desde principio de temporada. El Levante no carbura. Pese a que el club siempre ha tenido claro que su único objetivo es la permanencia en Primera, los malos resultados del arranque y las pésimas sensaciones sobre el césped cubrieron de dudas el proyecto que lideraba José Luis Mendilibar hasta el pasado lunes. La destitución llegó tras la goleada ante el Real Madrid (0-5), convirtiendo al técnico de Zaldívar en el segundo despido de la Liga sólo unas horas después del de Ferrer en Córdoba. Sin embargo, la decisión ya estaba tomada. Quico Catalán podía presumir hasta hace unos días de no haber destituido a ningún entrenador desde que accedió al cargo de presidente, pero la sensación de deriva del equipo pedía decisiones urgentes. Lucas Alcaraz, nuevo capitán de la nave, tendrá que enderezar el rumbo del último clasificado de la tabla —cinco puntos— para llevar a buen puerto un buque cuya tripulación se ha acostumbrado a navegar en el temporal sin que el agua le llegue al cuello.

La incertidumbre se instaló en Orriols en mayo, cuando Joaquín Caparrós, el hombre llamado a liderar el viraje del Levante hacia un paulatino rejuvenecimiento de plantilla mirando a la cantera —Morales, Camarasa, Iván López—, decidió abandonar el barco y recalar en Granada. La Dirección Deportiva granota tuvo que improvisar un entrenador que encajara en un proyecto ya perfilado. Manolo Salvador se inclinó por Mendilibar, quien ya había figurado en la terna de candidatos para suplir a Juan Ignacio Martínez un año antes. Aunque la elección parecía acertada, la realidad ha demostrado que la adaptación del equipo al técnico vasco era imposible. Y es que uno de los primeros objetivos que se marcó el de Zaldívar para su Levante fue implementar un sistema ofensivo, adelantando la presión y la zaga. Un cambio significativo respecto a la fórmula que ha venido dando resultados al club desde su último ascenso en 2010. Sin embargo, los jugadores nunca creyeron en este golpe de timón y los resultados les acabarían dando la razón. Con 20 tantos encajados en ocho jornadas con Mendilibar en el banco, el conjunto blaugrana tiene la peor defensa de la Liga; así como el peor ataque, con sólo cuatro goles a favor. El Ciutat de Valencia, antaño fortín inexpugnable, se ha convertido en el chollo de Europa, pues los locales han recibido 14 dianas y no han logrado ni marcar ni puntuar en dos meses de competición.

Tal era la inestabilidad de la nave que, en la previa del Granada-Levante (0-1), el entrenador vasco mantuvo una reunión de más de una hora con su vestuario para aclarar los conceptos tácticos que algunos jugadores habían puesto en duda públicamente y otros ‘sotto voce’. Al término del cónclave, el propio Mendilibar especificó en rueda de prensa que uno de las conclusiones adoptadas fue “que tenemos que estar más agrupados en todo momento, que no estemos desperdigados por el terreno de juego”. La consigna duró lo que aquel partido —única victoria en el casillero granota— y el equipo volvió a las andadas ante Rayo (0-2) y Eibar. Especialmente sintomático fue el empate en Ipurua, porque no llevaba al optimismo que un equipo al que le cuesta tanto ver puerta no sacase mayor renta de los tres goles marcados. Quedará siempre como incógnita si la sequía levantinista se ha debido más a los desajustes del nuevo sistema, al desacierto del Director Deportivo en la elección del delantero centro o a que la mala suerte se ha cebado con el técnico vasco y las tres lesiones musculares consecutivas del fichaje ‘estrella’ de la temporada: Rafael Martins.

levante

La polémica foto que subió —y que minutos después borró— David Barral a su cuenta de Twitter, en la que los veteranos del Levante cenaban entre cervezas y tabaco.

Y es precisamente ésa otra de las dudas que pronto planearon sobre la figura del entrenador. Una plaga de lesiones puso en cuestión la preparación física del grupo. En en dos meses de competición, once han sido las bajas por problemas musculares: David Navarro, en dos ocasiones, Iván López, Toño, Nikos, Vyntra, El Adoua, Gavilán y el citado Martins. Siete de ellas se acumularon en la zaga y, de forma inverosímil, en la séptima jornada de Liga el equipo no pudo contar con ninguno de los tres laterales zurdos que conforman la plantilla —Juanfran arrastraba una lesión de rodilla desde el final de la pasada temporada—. Una lista de ausencias que impidieron a Mendilibar repetir alineación ni una sola vez.

La gestión psicológica del grupo tampoco tardó en quedar en entredicho. Un caso paradigmático fue el de Rubén García. El emblema granota parecía una de las piezas fundamentales de un proyecto ofensivo como el de Mendilibar. Sin embargo, el talentoso medio zurdo apenas dispuso de minutos en las primeras tres jornadas, llegando a quedar fuera de la convocatoria ante el Málaga (0-0). En su primer partido como titular, respondió marcando el gol de la única victoria levantinista de la temporada. Sin embargo, apenas una semana después, el entrenador volvió a señalar públicamente al jugador en rueda de prensa al compararle con Silva —a quien entrenó en su etapa en Eibar—: “Rubén tiene muchas condiciones, diferentes a las de David. En algunos casos mejores y en otros peores. Donde hay mucha diferencia es de cabeza. El canario es un gran competidor; Rubén… A ver cuándo empieza a competir”. Unas declaraciones que sentaron tan mal al futbolista como al propio club, que hubiera preferido lavar los trapos sucios en casa. Pronto las salidas de tono de otros futbolistas mostraron que el técnico no controlaba el vestuario: la negativa de Vyntra a volver a Valencia tras lesionarse con su selección, la petición de salida del club de Momo Sissoko por falta de minutos, el amago de abandono del Ciutat de Simão Mate tras ser sustituido al descanso en el encuentro ante el Rayo, la polémica cena de veteranos cuya foto —cervezas y tabaco incluidos— subió Barral a su cuenta de Twitter… Demasiadas vías de agua en tan poco tiempo. Tantas que cuanto más repetía el vestuario el mantra ‘estamos a muerte con el míster’, más cerca parecía estar el motín.

Mientras Manolo Salvador otea el mercado de delanteros ‘ganga’ —ha llegado a preguntar al Everton por las condiciones de un posible retorno de Arouna Koné en invierno— para reforzar el proyecto y se espera a que Diego Mariño dé un paso adelante y se sobreponga a la alargada sombra de Keylor Navas, todas la miradas están fijadas en Lucas Alcaraz. El técnico granadino tiene ante sí el gran reto de la permanencia por quinta temporada consecutiva, que además le garantizaría la continuidad en el banquillo del Ciutat un año más. La primera derrota, cosechada el viernes en Balaídos (3-0), y los primeros tres días de trabajo ya le habrán indicado a Alcaraz por dónde empezar: recuperar el tono físico de sus futbolistas, trabajar a fondo con el sistema y los automatismos para que el Levante recupere la solidez defensiva, encajar a los jóvenes en el proyecto, encontrar el gol perdido y poner firme a un vestuario descarriado. Porque sólo así mejorarán los resultados que le permitan enderezar la deriva de un barco que, a día de hoy, sigue buscando una mano firme que lo gobierne.

26/10/2014

Fátima Martín es periodista ex del diario MARCA y futmi.com.

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