Messi y la fábula del dragón de Hong Kong

Depo32_2ÁLVARO MÉNDEZ | Éramos jóvenes. Arremolinados en las últimas filas de las aulas de la nueva Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid contábamos inquietos los minutos que quedaban para que cada clase tocara a su fin y escribiéramos su epílogo en la cafetería entre mixtos y cañas. La monotonía y el tufillo teórico era cualidad perenne de las asignaturas, aunque de vez en cuando aparecía alguna que escapaba a lo superficial y ahondaba en lo interesante. Era el caso de Sistema Mundial de la Información, cuyo profesor, Sergio Príncipe, nos acompañó incluso en nuestra ceremonia de graduación con un discurso que sin duda estuvo a la altura de las clases que había impartido en su año con nosotros.

China era con frecuencia una de las protagonistas en sus exposiciones, no sólo por ser una dictadura que va camino de convertirse en el país más poderoso del mundo, sino también por sus particulares modelos económico y político. Los grandes problemas que afronta, nos contaba nuestro profesor, era las tensiones en la región de Xinjiang —de mayoría uigur y musulmana—, en el Tíbet —con tendencias independentistas y monjes budistas quemándose a lo bonzo— y en Taiwán —la isla a la que huyó el Gobierno nacionalista del Kuomintang tras el asalto al poder de los comunistas liderados por Mao Tse-Tung.

No es descabellado imaginar, por lo tanto, que el profesor Sergio Príncipe habrá incluido en sus clases a la ciudad de Hong Kong como una más de la lista china de quebraderos de cabeza. La ex colonia británica, uno de los dragones asiáticos que más riqueza genera, lleva semanas con la mecha encendida y con decenas de miles de personas manifestándose en las calles alentadas por los estudiantes y las elites culturales. ¿Cuáles son sus demandas? Democracia. Simple y llanamente. No hay que olvidar que Hong Kong heredó del pasado colonial británico el sistema de elecciones libres y democráticas que el Gobierno chino se comprometió a mantener después de que Reino Unido devolviera la ciudad al control del gigante asiático en 1997. Sin embargo, el Comité del Partido Comunista anunció que los candidatos que se presenten a las elecciones de 2017 en Hong Kong serían filtrados por el Gobierno comunista del país.

Ante semejante amenaza, las calles se llenaron de paraguas para recordar la democracia y el aperturismo del que gozaban en tiempos en los que la ciudad era una colonia británica. Y, en medio del huracán de la libertad, aterrizó el avión de la Selección argentina para disputar un inocente amistoso en tierras asiáticas. Pese a no jugarse nada, el ‘Tata’ Martino apostó por un once de garantías, rico en estrellas pero dejando en el banquillo al todopoderoso Messi. La propia inercia se encargó de poner de cara el marcador ante un rival que poco podía ofrecer. Banega, Higuaín y Nico Gaitán marcaron en la primera parte. Tanto el ariete del Nápoles como el mediocampista del Benfica completarían sendos dobletes en una segunda parte que tuvo al astro argentino como protagonista. Porque, a medio gas, Leo también tuvo tiempo de anotar otros dos tantos con el fin de ganarse el favor de los dragones, esas extrañas criaturas que, según la mitología china, dotan de esperanza, fuerza y valor a quienes los invocan. A días del Clásico, toda ayuda es poca.

Sin embargo, la noticia estaba en las gradas. O, mejor dicho, en la ausencia de aficionados en ellas. Cuesta creer que un estadio de 40.000 asientos sólo presentara una media entrada para ver al que tantos califican como el mejor jugador de la historia junto a la vigente subcampeona del mundo. El mismo Presidente de la Federación de Fútbol de Hong Kong se lamentaba amargamente de semejate oportunidad perdida mientras afirmaba que el error, quizá, estuviera en el alto precio de las entradas. Puede ser. O a lo mejor es que los dragones que buscaba Messi en el campo estaban realmente en las calles, guiando a la muchedumbre que, desafiando al gigante comunista, sigue día tras día luchando por la democracia. Y es que poco importa lo que ocurre en el terreno de juego cuando lo que realmente está en juego es la libertad.

24/10/2014

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