Zarra

zarraMARIO BECEDAS | Zarra fue el hollín desprendido de los zapatos del viejo deporte, una botonadura con pecho de ‘león’ y el relámpago rojiblanco de la posguerra. Su gol fue un continuo espacio-tiempo que empezó cuando al fútbol se jugaba con camisa y todo tenía un halo de trapo. Años en los que siempre estuvo nublado y los gabanes eran un sueño.

Los mitos del fútbol se fraguaban como héroes de tebeo y una constante reminiscencia de gesta nacional rodaba por los fríos solares de todo el país. Zarra fue más rápido que nadie, en parte por anotar, en parte por huir de las locomotoras de tantas zagas de España a las que temía como a un toro desbocado.

En la fluorescencia de Maracaná, Zarra vengó el casi tricentenario de la Armada Invencible y metió la cabeza a la Pérfida Albión para mayor gloria de Matías Prats, barítono en la ópera de la retransmisión deportiva. El siglo se quebraba en favor del fútbol y el delantero del Athletic se tornaba en leyenda impar de un mundo de cuero.

Hambre de galgo y azabache repeinado, Zarra fue de esa generación de españoles que respiró por un costado y que no pudo volver a dormir, pendientes todos de una Guerra Civil que nadie sabía si había terminado. Los petardos de los cariocas fueron un suplicio para él, como me cuenta Juli que le leyó a Toni Padilla.

Tímido hasta lo insultante, Zarra apareció en muchas áreas sin que nadie supiese cómo para alcanzar un saco de goles vigente por seis décadas. Si el delantero fue la tinta de las hojas calientes de tantos lunes, cada estadística del geométrico fútbol de ahora remite sin paliativos a unos registros que hacen sudar a los astros de hoy: es la barrera de las 251 detonaciones.

En búsqueda de lo exquisito, la leyenda se cobra un indiferente “¿Ah, sí?” del padre aferrado al naipe de taberna cuando el hijo marcó a Inglaterra y la alta dignidad de un profesional que siempre vistió Athletic y que tuvo que esperar, alimentando el gallo como el Coronel, casi 40 años para ser homenajeado en su Catedral: se retiró en Segunda y sin cobrar.

Si las portadas de hoy aún siguen tipografiadas con su apellido, qué más se puede decir de Zarra, que fue la supervivencia, la locura del balón, el desenfreno de unos pies, la ruptura de cualquier guarismo, la ilusión de niños con moco y tizne, el miedo valiente, el escorzo ante la tragedia y los ojos oscuros de quien ha visto demasiado. De quien no se atrevería a quejarse al verse superado por Messi este sábado o atropellado por los ‘hat-tricks’ de Cristiano.

No es posible dudar, no está permitido dejar de mirar hacia atrás porque siempre regresa a cada remate; pero este hombre pertenece irremediablemente a un fútbol que ya no existe.

23/10/2014

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2 thoughts on “Zarra

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