Fowler’s tribute

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SERGIO MENÉNDEZ | “Había contaminación y tenía la nariz congestionada. Quien habla de consumo de cocaína no soy yo. Es usted”. La escena se produjo en el transcurso del partido de exhibición que Brasil y Argentina disputaron el pasado fin de semana en Pekín. Famosa desde el punto de vista medioambiental por padecer unos niveles de polución más elevados de todo el planeta, la capital china recibía la visita de los hombres de Dunga y Gerardo Martino aprovechando que el parón de las competiciones de liga brindaba la oportunidad de que sus respectivas federaciones se llevasen un buen pellizco bajo el pretexto de continuar con la expansión del negocio del fútbol por el mercado asiático. Y allí que se presentaron los protagonistas del conocido a nivel popular como ‘El Superclásico de las Américas’, pese a que desde las instituciones sanitarias se había desaconsejado la práctica de cualquier deporte que requiriese una exposición de forma prolongada a cielo abierto. El propio seleccionador de la ‘canarinha’, de hecho, también se había encargado de llamar la atención sobre lo extraordinario de la situación en la medida que obligaría a los dos combinados a realizar más cambios de los permitidos de cara a prevenir que sus futbolistas se asfixiasen y la calidad del juego pudiera verse perjudicada.

Llegada la hora del encuentro, sin embargo, las miradas descendieron hasta el balón. Cuando menos tratándose de un Brasil-Argentina. Probablemente, el choque que mayor expectación es capaz de generar a nivel de selecciones debido a la rivalidad que estos dos países han mantenido a lo largo de la historia en materia futbolística, razón por la cual resulta imposible hablar de enfrentamientos de semejante calado en términos de “amistoso”. Se trata de citas, por tanto, donde los ambientes enrarecidos suelen ser la tónica general, de modo que ese componente de polución que acompañaba al partido solamente venía a conferir un plus de literalidad. Por supuesto, fue cuestión de tiempo que la cosa se pusiese tensa, si bien lo que nadie se esperaba es que la turbación viniese de los banquillos y no desde el terreno de juego.

El caso es que el juego transcurría con total normalidad hasta que, superado el tiempo de descuento, las cámaras se giraron hacia la línea de banda para fijar su objetivo en Dunga, que había comenzado a señalar de manera visiblemente airada a Jorge Pautasso, segundo de a bordo en la albiceleste, haciendo que se sonaba la nariz y repitiendo: “Tú eres igualito, ¿eh? Eres igualito”. Y no parecía estar acusándole de mocoso, precisamente, sino de cocainómano. Un gesto desafortunado que se ha visto sometido a múltiples interpretaciones por parte de la prensa, pues es evidente que el preparador de la pentacampeona del mundo le estaba comparando con Maradona, algo que le ha convertido en receptor de numerosos insultos y críticas, no tanto por faltar al respeto al asistente, que seguramente sea lo menos importante, como por recordar la relación tan tortuosa que Diego mantuvo en el pasado con las drogas. Hipótesis, en definitiva, de las que el técnico ha querido salir al paso diciendo que no, que todo se reduce a un problema de congestión nasal por culpa de la contaminación que reina en Pekín. La mejor excusa jamás dada por un entrenador desde que Mourinho reveló no conocer a “Pito Vilanova”

Casualidad o no, el hecho es que la anécdota se produce a poco más de una semana de que el Real Madrid viaje a Liverpool para disputar su tercer compromiso de Champions League en lo que va de temporada. Y es que la grada de Anfield ya fue testigo en su momento de un episodio similar al protagonizado por Dunga que constituye a día de hoy una de las celebraciones más polémicas de cuantas se han presenciado dentro de un campo de fútbol.

Se produjo en abril de 1999, durante un partido frente al Everton, su némesis local. ‘El derbi de Merseyside’, que se llama. Indicaba el marcador 1-0 cuando Robbie Fowler fue derribado en las proximidades de la portería rival y el árbitro señala la pena máxima. El carismático punta del conjunto en ese momento dirigido por Gérard Houllier se dirigió a por el balón dispuesto a transformar el gol. Su mirada desprendía un brillo especial, algo tramaba en su cabeza.

Por supuesto, Fowler depositó el esférico en las redes. Imposible que fallara. No había terminado de marcar el gol y el jugador salió corriendo como una exhalación hacia en dirección a los aficionados. Sin embargo, a escasos metros de la valla publicitaria, se detuvo repentinamente sobre la línea de fondo para ponerse de rodillas, pegar la cara al césped y simular que se esnifaba la cal a modo de respuesta a todos los hinchas del Everton que, justamente, lo tildaban de drogadicto. Una acción que sus defensores calificaron de valiente y sus detractores consideraron una provocación. Steve McManaman, temeroso de que su compañero se expusiese a una sanción, quiso detenerlo. No sirvió de nada. Incluso el mismísimo Houllier trato de proteger a su estrella y justificar la celebración diciendo que había sido malinterpretado. No pretendía, según su versión,  simular que se estuviese consumiendo cocaína, sino reproducir la celebración que le había enseñado su compañero Rigobert Song haciendo que comía hierba. Las explicaciones, por el contrario, fueron totalmente en vano y Fowler fue castigado con 32.000 libras de multa y cuatro partidos de suspensión mientras que Dunga, al menos de momento, sigue indemne.

20/10/2014

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