Mbia, el demandante de gloria

MBIA SEVILLADAVID PALOMO | “Jugó al fútbol en este campo, marcó su primer gol en ese callejón, su abuela vivía en aquella casa…”. Las historias en torno a la vida de Roger Milla forman parte del decorado de Yaundé (Camerún) desde que en el Mundial de Italia se hiciera eterno. Su legado se transmite todavía hoy bajo el mandato de la palabra y su herencia cosida al balón. No hay niño que no aspire a repetir sus hazañas ni mayor capaz de olvidar sus goles en 1990. Entre ellos, muchos de los otros ciudadanos ilustres de la ciudad: Luc Bessala, Emana o Makoun. Todos ellos futbolistas, soñadores en una infancia de goles de trapo, zapatillas invisibles y hambre exterminada a base de puntapiés. El último de ellos, Stéphane Mbia Etoundi, viejo demandante de gloria y presente ídolo del Sánchez Pizjuán tras sus dos goles contra el Deportivo y su agónico tanto en las semifinales de la Europa League la temporada pasada.

Su historia no dista mucho de la de sus compatriotas. Nació de la pobreza, durmió para despertarse un día con un billete de Ryanair con destino Europa y albergó esperanzas de jugar en el Estadio Nacional de Omnisport. Y sus sueños se cumplieron. En 2005 debutó en el Stade Rennais; en 2009 fichó por el Olympique de Marsella; y en 2012 dio el salto a la Premier League para jugar con el Queens Parks Rangers. Desde Inglaterra voló a España con una sanción por conducta violenta tras una falta a Thomas Vermaelen y su despedida del club —descendido— vía Twitter.

A su llegada a la capital hispalense, se rumoreó sobre su posible gusto por los bares —tradición de calado tras cada fichaje—. Sin embargo, según el propio jugador, esa faceta suya la desterró en Marsella: “Gracias a Deschamps y Gabi dejé de hacer el loco”, reconoció en una entrevista en 2011. Y lo cierto es que el rumor se ha debilitado tras sus buenas actuaciones. Mbia ha pasado de ser ese jugador que salía por la noche y apenas cuidaba su alimentación a convertirse en uno de los grandes ídolos del Sevilla. Esta campaña, en seis partidos oficiales —cuatro de Liga y dos en Europa League— lleva los mismos tantos (cinco) que la temporada pasada en 27 encuentros —19 de Liga y ocho de Europa League—.

Su labor y la de Carlos Bacca —también con cinco dianas— le han servido a la entidad hispalense para poner en cuestión el reinado de los dos grandes. El Sevilla es tercero en la Liga con 16 puntos, por encima del Real Madrid (15), y por debajo de Valencia (17) y Barcelona (19). Su ascensión a lo alto de la clasificación es tan épica como el gol que hizo Mbia la temporada pasada en Mestalla en la semifinal de la Europa League, uno de los muchos goles que lleva de cabeza el camerunés. Porque del total de diez que ha anotado con los de Unai Emery, siete han sido con la testa.

Confirmado su buen arranque de campeonato, viajará con Camerún a Sierra Leona en el parón de selecciones con la vista puesta en la Copa de África que se juega entre el 17 de enero y el 8 de febrero. Su sueño no es otro que seguir el legado de Roger Milla, y eso equivale a hacer algo grande con el combinado nacional. Eso sí, que alguien vaya avisando a Ana Mato, no vaya a ser que a su regreso…

08/10/2014

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