Decinos qué se siente

DEP_RIVER_BOCAJULIÁN CARPINTERO | Pronunciar las palabras ‘River’ y Boca, en el orden que sea y dentro de una misma frase, produce una reacción parecida a la de acercar una cerilla a un bidón de gasolina. Es decir, una explosión en cadena producida por millones de variables impredecibles e ininteligibles para la lógica de todo aquel ser humano que sufra la desgracia de no emocionarse con un gol. Porque, pese a que suene a tópico, un Superclásico argentino es mucho más que un partido de fútbol. De hecho, el periódico británico The Observer lo catalogó como uno de los 50 espectáculos deportivos que hay que ver antes de morir, mientras que sus colegas de The Sun lo definen como “la  experiencia deportiva más intensa del mundo”. Un duelo al sol —o a la lluvia, como en el caso del pasado domingo— en el que cualquier artimaña se convierte en legítima con tal de no padecer el calvario de tener que escuchar, día tras día, la ya célebre cantinela que surgió tras el Mundial de Italia ’90.

Cinco amarillas, dos rojas, un par de goles, un diluvio… Y un penalti que no fue. Ni guionizado por Juan José Campanella habría tenido más ingredientes un Superclásico que registró kilotones de pasión en las gradas de un Monumental en el que, como ya es tradición en los últimos años, no había un solo hincha ‘bostero’. Y es que ni los técnicos, Gallardo y Arruabarrena; ni los autores de los tantos, Pezzella y Magallán; ni los ausentes, Lanzini y Riquelme; fueron tan protagonistas como Mauro Vigliano, el árbitro del choque, que en el minuto 41, y con 0-1 a favor de los ‘xeneizes’, pitó penalti para River y expulsó a Gago por unas supuestas manos dentro del área. Sin embargo, la repetición demostró que el ex centrocampista del Real Madrid despejó el cuero con la cabeza, en un gesto tan poco ortodoxo como valiente, que le condenó a él al vestuario y a los del ‘Vasco’ a afrontar toda la segunda parte con uno menos. Pero, como por obra de la justicia poética, el uruguayo Mora erró la pena máxima en un bonito homenaje al ídolo boquense Martín Palermo en su trágica noche ante Colombia.

Sea como fuere, el daño ya estaba hecho, porque aunque el ‘7’ de River desaprovechara la oportunidad de poner a funcionar a ‘La Maquinita’ de Gallardo, tanto fue el cántaro a la fuente que, a falta de diez minutos, Pezzella salió de la cueva, se disfrazó de Marcelo Salas y batió al mundialista Orión tras recoger un rechace en el área pequeña. Pero, inconformista, Vigliano debió pensar que un hombre como él merecía una cuota de share más alta que la que estaba teniendo y no quiso señalar el final sin igualar a ambos equipos en lo que a expulsados se refiere. Así, en el minuto 85 le indicó a Funes Mori el camino de los vestuarios después de que éste se sobreexcitara en una entrada sobre Insúa. Con el final del partido, ninguno de los dos gigantes de la Argentina quedó conforme con su actuación, de manera que el quilombo no había hecho más estallar. Claro que, en 101 años de duelos, no iba a ser ésta la primera vez…

A pesar de que ambos equipos se vieron las caras en un amistoso en 1908 —victoria para los auriazules—, hay que remontarse a agosto de 1913 para encontrar el primer Boca-River oficial de la historia. Aquel día, los ‘millonarios’ ganaron por 2-1 en el viejo estadio de Racing gracias a los goles de Cándido García y Antonio Ameal, aunque poco más se sabe de aquel enfrentamiento, pues los periódicos de la época aún no le prestaban mucha atención a aquel juego que los ingleses habían llevado en barco hasta el Río de la Plata. Sin embargo, dos décadas después llegaría el primer gran primer escándalo de esta legendaria rivalidad.

El 20 de septiembre de 1931, en el primer Superclásico tras dejar atrás el amateurismo, River y Boca firmaron una de las páginas más pintorescas del fútbol argentino. Jugado en la vieja cancha de Boca, los visitantes se adelantaron en el marcador en el minuto 15, pero en el 28 el árbitro decretó penalti para Boca. ‘Pancho’ Varallo, goleador histórico de los ‘xeneizes’, vio cómo Iribarren le detenía la pena máxima y el primero de los rechaces; antes del segundo rebote, Varallo agarró la pierna del arquero y convirtió el gol del empate. Los jugadores de River rodearon al colegiado Enrique Escola para pedirle explicaciones pero, en vez de anular el tanto, se encontraron con que tres de ellos fueron expulsados por las protestas. Desde las gradas, que para entonces ya eran un hervidero, se pidió la retirada de los ocho franjirrojos que aún quedaban sobre el césped, quienes finalmente abandonaron el terreno de juego, una decisión que el Tribunal de Penas de la Liga Argentina de Football castigó dándole los puntos a Boca.

Desde aquel día, Boca y River, River y Boca, han jugado entre sí 233 encuentros oficiales que han sido de todo menos distendidos. Cuando los boquenses recuerdan el penalti que Roma le paró a Delem en el 62, los de Núñez contraatacan con el 2-5 en La Bombonera del 80. Si los ‘millonarios’ se jactan de la vuelta olímpica del ‘Beto’ Alonso en el 86, sus rivales se relamen con la exhibición de Tévez en la Libertadores de 2004. Y así hasta el fin de los días. La mayor rivalidad del mundo del fútbol representó el domingo el enésimo acto de una obra en la que el bueno y el malo son el mismo actor. Así pues, Pezzella y Magallán, los últimos goleadores del Superclásico, podrán responder a la popular tonadilla. Decinos qué se siente.

07/10/2014

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