“¡Que te pego, leche!”

imageSERGIO MENÉNDEZ | La fotografía que ilustra el texto no corresponde al traslado de los restos mortales de Miguel Boyer, el carismático Ministro de Economía, Hacienda y Comercio durante la mayoría del primer gobierno de Felipe González, fallecido hace exactamente una semana. Fue tomada, en realidad, a finales de mayo de 1992, por lo que tiene ya más de dos décadas a sus espaldas. El fondo de la imagen nos ofrece, de hecho, pistas suficientes a la hora de situar la escena tanto en tiempo como en lugar. El par de estructuras metálicas que asoma por detrás de las cabezas de los retratados no son otra cosa que el esqueleto de unas Torres Kio en plena fase de construcción. Todo un reclamo para japoneses y turistas de cualquier nacionalidad que hoy buscan llevarse de Madrid un ‘original’ recuerdo que les permita verse a sí mismos sosteniendo con sus propias manos el peso de estos dos gigantes en reverencia permanente. Un punto de interés, en definitiva, como se solía convertir en su momento el acceso a la sede general de los Juzgados de Plaza de Castilla, el preciso lugar desde el que se captó la escena, siempre que José María Ruiz-Mateos era citado para declarar sobre lo relacionado con la expropiación del que constituyó su negocio por antonomasia a cargo, precisamente, de Boyer.

Nos referimos, por supuesto, al llamado ‘caso Rumasa’, un escándalo financiero que tomó su nombre del grupo fundado por el empresario de Jerez de la Frontera que, a fecha de 23 de febrero de 1983, momento en que el ‘Superministro’ dio la orden a través de un real decreto de que su control pasara a manos del Estado, constituía el holding de mayor tamaño del país con alrededor de 400 compañías pertenecientes a los sectores de la banca, el turismo, la alimentación, el mercado inmobiliario, la industria química y la textil. Un conglomerado, por decirlo de algún modo, de dimensiones sólo comparables a los de su nutrido linaje.

¿El motivo de la intervención? Asuntos de utilidad pública e interés social que se traducían en doble contabilidad, fraude fiscal y un agujero patrimonial de miles de millones de pesetas que Ruiz-Mateos aprovecharía para resucitar la sociedad años después incorporando a la nómina del nuevo proyecto al Rayo Vallecano, club de fútbol que el patriarca de la familia adquirió en 1991 al convertirse en el máximo accionista de la entidad y cuya presidencia traspasó al cabo de poco tiempo a esa fuente inagotable de campechanía de trasero inquieto y dudosa puntualidad llamada Teresa Rivero. La misma que negaba la mayor cuando la acusaban de dormirse en el palco. Si cerraba los ojos se debía, naturalmente, según sus propias palabras, a que buena parte de los encuentros se los pasaba rezando por el equipo.

El hecho es que la expropiación de Rumasa constituyó para su gran impulsor una medida con un grado de exposición sin precedentes en la historia de la Democracia, pues le hizo ganar un peso a nivel mediático que no había alcanzado siquiera con el proceso de liberalización económica que protagonizó a principios de legislatura y que tantas rivalidades de tipo ideológico le granjeó, a título particular, con el incombustible Alfonso Guerra. Únicamente el matrimonio con Isabel Preysler y la inmersión de lleno en la ‘beautiful people’ le supusieron una notoriedad parecida. Porque no halló una némesis fuera del gabinete capaz de hacerle sombra al Marqués de Olivara, quien emprendió una campaña de desprestigio contra el señor Boyer a la que puso la guinda en mayo de 1989 cuando, justo después de que ambos salieran de prestar declaración por una denuncia que el empresario le había presentado al Ministro por calumniarle, se abrió paso entre la multitud de periodistas que había acudido a cubrir la vista y le propinó ese famoso capón al grito de ¡Que te pego, leche!, que llegó incluso a partirle las gafas. Un gesto de lo más pijo, similar al picotazo de un avestruz, denominación de origen Somosaguas, que sirvió de inspiración a la hora de crear la publicidad navideña de los bombones Trapa.

Son sólo un par de batallas dentro de la guerra de desgaste que Ruiz-Mateos puso en marcha con la intención de menoscabar la figura de Boyer y de obtener el favor popular sin importar que para conseguirlo tuviera que ridiculizarse haciendo de mártir cargando una cruz a la espalda, disfrazándose de Superman, haciéndose un traje a medida con los colores del típico uniforme de presidiario o sobrepasar la barrera del mal gusto simulando el entierro de su archienemigo. Una serie de episodios que, lamentablemente, terminaron por salpicar a nuestro fútbol en la medida que el Rayo Vallecano se vio obligado a someterse a concurso de acreedores a causa de la quiebra que Nueva Rumasa confirmó a mediados de 2011 y trajo como consecuencia la venta del club a su actual presidente, Raúl Martín Presa.

06/10/2014

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