Bombay es un paraíso

Anelka-03-05-2000ÁLVARO MÉNDEZ | Tal vez era demasiado joven. Quizás la suerte se ensañó demasiado con él. O a lo mejor, simple y llanamente, nunca supo estar a la altura. Al hablar de Nicolas Anelka, un recuerdo nostálgico unido a una tierna sonrisa suele emerger en el corazón de todo buen madridista. Al fin y al cabo, su rostro sereno aparece en todas las fotos que conmemoran la consecución de la mítica ‘Octava’ en el césped del Stade de France ante el Valencia. Es cierto que su temporada de blanco jamás será recordada, que sus continuos roces con don Vicente del Bosque acabaron con una expulsión temporal de la plantilla y que su falta de acierto causaba cierta mofa más allá de la capital. Inolvidable, sí. Sin embargo, tampoco conviene borrar de la memoria que su presencia fue tan crucial en las semifinales de Champions ante el Bayern de Múnich que incluso se hizo merecedor de la titularidad en la gran final de París.

Ello no quita que pasara sin pena ni gloria por el conjunto merengue y que su marcha al verano siguiente no fuera llorada por un solo aficionado. Anelka había llegado a Chamartín con el aval de todo un cazatalentos como Arsène Wenger y con la etiqueta de estrella después de suceder al mismísimo Dennis Bergkamp como máximo artillero ‘gunner’. Con sólo 20 años, el ariete galo venía de anotar una treintena de tantos en sus dos últimas campañas con la elástica del Arsenal. Pero de poco le sirvió su éxito en la Premier League cuando abandonó la disciplina blanca por la puerta de atrás. Aunque la Eurocopa lograda desde el banquillo ‘bleu’ en el verano de 2000 anunciaba un año realmente apasionante, el frío otoñal se encargaría de desnudar el frágil árbol de su futuro.

A partir de entonces, la inestabilidad se cebó con el delantero, que vio cómo un sinfín de grandes equipos inundaban su currículo sin que él pudiera aportar nada a cambio. PSG, Liverpool, Manchester City, Fenerbahçe y Bolton apostaron por su fútbol, aunque sólo en el recién estrenado Etihad Stadium pudo volver a parecerse a aquel voraz chaval que perforaba incesantemente la red rival con el pecho tatuado de JVC. En tres campañas a las órdenes del ‘citizen’ Kevin Keegan consiguió una cifra de goles que dejaban entrever su esperado resurgir: 45 tantos en 103 apariciones. En cambio, en Turquía, su acierto de cara a la portería se redujo, si bien es cierto que colaboró notablemente en la consecución de la Süper Lig en 2005.

Cuando, en enero de 2008, Anelka llegó de nuevo a la capital del Reino Unido para unirse a las filas del Chelsea, pocos confiaban en una segunda juventud del delantero francés. Sin embargo, Carlo Ancelotti fue capaz de exprimir sus habilidades para que rindiera un par de temporadas a un buen nivel. Pero su estrella se apagó cuando decidió vivir el retiro dorado en China para ser el líder indiscutible de uno de tantos clubes que sueñan con tener en sus onces a viejas glorias del balompié mundial para llenar sus estadios. Con la camiseta del Shanghai Shenhua logró únicamente tres tantos en 23 partidos y su equipo terminó noveno en la clasificación final. Un fracaso que tuvo su epílogo en una fugaz aparición con la Juventus y en media temporada con el West Bromwich Albion.

Ahora, siguiendo los pasos de otras figuras del fútbol continental como Del Piero, Trezeguet, Capdevila o Luis García, Nicolas Anelka aterriza en la Liga India para fichar por el Mumbai FC, una entidad fundada en 2007 que jamás ha sido capaz de superar la séptima posición en la tabla. Sin lugar a dudas, ‘Le Sulk’ será la pieza en torno a la cual gire todo el equipo de Bombay para tratar de aspirar al título liguero con una plantilla repleta de jugadores patrios y sin estrellas de primer nivel. Él es la gran esperanza para los seguidores que eligen el balompié en lugar del todopoderoso cricket en la India.

Aunque sea en una competición de segundo nivel, Anelka volverá a sentir la responsabilidad sobre sus hombros. Y es, indudablemente, su última oportunidad para unir cuerpo y alma, dejar de un lado los excesos y volver a encontrarse consigo mismo. O, como se diría en terminología hinduísta, para reajustar sus chakras. Porque el lugar al que llega es más que especial. Ya lo advirtió el escritor francés Romain Rolland: “Si hay un lugar sobre la faz de la tierra donde todos los sueños de los hombres han encontrado un hogar desde el primer día en la existencia del hombre, es la India”. O a lo mejor prefiere la versión paradisíaca de Mecano y se toma este nuevo reto con más filosofía. Hablando de Anelka, todo es posible.

03/10/2014

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