La orgía de Filbert Way

Leicester City v Manchester United - Premier LeagueJULIÁN CARPINTERO | Corría el 18 de marzo del recién estrenado 2000. El Manchester United de Ferguson volaba hacia su sexta Premier, la segunda consecutiva, cuando tuvo que visitar Filbert Street, el coqueto estadio del Leicester. Aquella tarde los ‘red devils’ repitieron, sin ponerse siquiera el mono de trabajo, el triunfo de la primera vuelta, cuando en Old Trafford derrotaron al conjunto de las Midlands por 2-0 gracias a un doblete de Andy Cole; sin embargo, en esta ocasión fueron Beckham y Yorke los que le dieron los tres puntos al vigente campeón de Europa. Pese a todo, la pasional hinchada del Leicester no regresó a sus casas al borde de la depresión tras haber caído con el líder, pues ya hacía sólo unos días habían conseguido la Copa de la Liga, el tercer y hasta ahora último trofeo de su centenaria y modesta historia.

El pasado domingo el Leicester decidió que era un buen día para quitarse el delantal y la cofia y convertirse en princesa. La escuadra que con puño de hierro dirige Nigel Pearson no se arredró en el debut de Falcao —que le puso un magnífico centro a van Persie para el 0-1— ni ante la sutil cuchara de Di María ni con el genial recurso de espuela de Ander Herrera, que ponía el 1-3 cuando ‘sólo’ faltaba media hora para el final. En cambio, el guión que en su cabeza tenía Louis van Gaal se hizo añicos en el momento en que ‘los zorros’ deciden seguir mostrando sus garras en lugar de resignarse con el rabo entre las piernas. Comenzó entonces una tormenta de goles que únicamente terminó de escampar cuando el árbitro pitó el final. Nugent, Cambiasso, Vardy y Ulloa, que ya había batido a De Gea en la primera parte, fueron los culpables de que el ex seleccionador holandés pasara los últimos minutos del choque buscando un pliegue de su americana en el que esconder sus ya de por sí sonrojadas mejillas. Una victoria histórica para su presidente, el tailandés Vichai Srivaddhanaprabha, y un éxtasis para una afición que ha sufrido mucho hasta poder disfrutar algo así.

Porque hay que remontarse a la mencionada temporada 1999/00 para volver a ver a un Leicester en condiciones de poner en aprietos a los gigantes del fútbol inglés. Ese año supuso el canto del cisne de su técnico, el norirlandés Martin O’Neill, discípulo de Brian Clough después de ser el faro del centro del campo en su Nottingham Forest campeón de Europa en los 80 y que dio el salto al banquillo del Leicester cinco años antes. La incorporación del meta internacional inglés Tim Flowers por poco más de un millón para sustituir a Kasey Keller —que se había marchado libre al Rayo Vallecano— fue el movimiento más destacado de un equipo que mantuvo el bloque con el que había conseguido la permanencia un año antes. Así, Martin O’Neill diseñó un 4-4-2 clásico obra de autor que no sólo le permitió disfrutar de una plácida travesía hasta el octavo puesto, sino que especializó a su Leicester en el intercambio de golpes directo en dos rounds: es decir, las eliminatorias. Así, sólo el Chelsea, a la postre campeón, fue capaz de apearle en los octavos de final de la FA Cup —2-0, tantos de Gus Poyet y Weah—, pues el plato fuerte lo reservaba para la competición fetiche del club, la Copa de la Liga.

Martin O'Neill, con el Leicester.

Un joven Martin O’Neill llevó al Leicester a ganar la Copa de la Liga de 2000 antes de dar el salto al Celtic de Glasgow.

A una alineación que la grada de Filbert Street repetía de memoria y que estaba compuesta por la fiabilidad de Flowers; la solvencia atrás de los Impey, Sinclair, Elliott y Taggart; la clase y el oficio del turco Izzet y de Lennon; la profundidad y la entrega de Guppy y Savage; y el gol y la brega de Cottee y Heskey, se sumaban con frecuencia caras tan reconocibles como la de Stan Collymore, que colgaría las botas en el Oviedo; Zagorakis, elegido Mejor Jugador de la Eurocopa 2004; o el arquero Arphexad, de fugaz paso por el Liverpool y que a día de hoy es un actor porno apodado ‘The Stopper’. Con estos mimbres, el Leicester de O’Neill se plantó en la final de Wembley ante el modesto Tranmere Rovers el 27 de febrero, un equipo al que logró imponerse con un ajustado 2-1 gracias al par de goles que consiguió el central y capitán Elliott. Aquel grupo de jugadores ya serían, para siempre, los héroes que conquistaron la tercera Carling Cup para las vitrinas ‘blues’.

Gracias a ese triunfo, el Leicester jugó la Copa de la UEFA la temporada siguiente, una andadura que tocaría a su fin en la primera ronda al ser eliminado por el Estrella Roja. No obstante, aquel entrañable equipo había empezado a descomponerse meses atrás, cuando el Liverpool puso 11 millones de libras para llevarse a Heskey y Martin O’Neill fue llamado a filas por el Celtic de Glasgow llevándose consigo a Lennon. En este contexto, dos años después de la célebre Copa de la Liga, el Leicester perdía la categoría para ascender, bajar de nuevo y no volver hasta ahora.

Dos ex del United —De Laet y Drinkwater—, y el hijo de una leyenda ‘red devil’ como lo fue Petr Schmeichel —Kasper— fueron titulares en la victoria del Leicester sobre el cuadro ‘mancuniano’, un triunfo que aunque no signifique un título será recordado como uno de los grandes momentos de la temporada y que sirve para demostrar que sobre la jungla del césped los presupuestos no son más que números. O corres o estás muerto.

23/09/2014

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