Silbatinas

casillas-miraMARIO BECEDAS | Se sumergió Casillas en el pozo de la verdad. Saltó de las estrellas que ya le quemaban al foso del Bernabéu. Quien voló como los ángeles emerge del túnel de vestuarios igual que el torero que sale a agujerearse la vida, temeroso del bragado que encontrará fuera. Esas canillas que tintinean y son de plomo en la bocana pasan a ser manoplas de hierro sobre el campo. Al capitán le pesan las manos, ya no llega igual.

Sobremanera se discute sobre el fenómeno solar que afecta a Casillas. Varios autores sostienen que es la edad, otros la falta de gazuza, algún filósofo que toda esta vorágine la comenzó Mourinho y está el gradista soberano que cree que los dioses le han cegado los reflejos por haber filtrado en su día algo de cuyo nombre nadie puede acordarse ya.

La cuestión es que cada pelota aérea se torna en una pesadilla para quien siente cómo ahora cada maniobra suya va a deparar una foto con la que rellenar el ‘timeline’ de Gifker Casillas, una parodia tan dolorosa como artística. Ya el año pasado sufrió Casillas episodios como la zaragata de Godín y el morro torcido del madridista ‘hardcore’ pese a una buena Champions, pero fue su Mundial volatinero lo que le terminó de condenar.

No se pudo probar estadísticamente que ante Holanda el capitán de España y del Madrid estuvo más minutos de rodillas o a cuatro patas sobre el césped que de pie bajo los arcos, pero la impresión del buen aficionado, en vez de lástima y empatía por quien tanto nos ha dado, fue una suerte de desprecio feroz. Quizá no soportemos que algo valioso se oxide ante nosotros. Se había caído el pie de Soweto ante Robben.

Tampoco le ayudó al bueno de Iker que el club despidiera a Diego López de modo que pareciera un accidente y se fichara al mejor portero de la última Liga y el último Mundial —justicia para Keylor— sólo para que saltara la comba más rápido que él en los ejercicios de Vecchi. Darle la titularidad absoluta ha sido apuntarle con láser y mirilla en un estadio de fácil silbatina.

El soberano Bernabéu, recinto del puro, ruedo ibérico de ilusiones, alfombra de grandes noches, fragmento de vía láctea, albero del miedo escénico, mandrágora de padre ‘pipero’ e hijo avergonzado, palco criticón, gallinero burlesco, cancán de piernas de ‘crack’, hoguera de vanidades donde se prendió a Guti, guillotina desde donde se gritó —hace 11 meses— “gordo” a Benzema y pira donde ardió Raúl, somete ahora su blanca y púrpura furia de pitos contra el que considera ídolo caído.

Que si erró en el córner, que si la salida de balón, que si las lentejas de Pepe… La humillación cayó en forma de tromba y gorjeo ante Atlético y Basilea. Bajo la cazuela, el silbido de Concha Espina se convierte en un chillido aterrador, macabro, digno de Hitchcock. Y Casillas, con la muerte en los talones, lo sabe. Entrando así en una margarita viciosa de me odian, me deprimo, me odian, me deprimo, que promete reventar esta temporada.

No está bien Casillas, no debe jugarlo todo, pero algo sí. Cometió un error en el pasado, discutible a todas a luces, y no entiende que su empeño por seguir de titular en el Madrid y en la Selección para recuperar su mejor tono a ojos de todos y retirarse en lo alto se va a convertir en un desgaste semanal que podrá con él y que provocará un divorcio fatal y para siempre con la platea. Que las silbatinas no sean sólo un comienzo.

18/09/2014

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