Las reglas de la familia

Florentino-Mendes-CristianoFIRMA DE FÁTIMA MARTÍN | En apenas 15 años, Gestifute se ha convertido en la agencia líder de la representación de futbolistas. Los datos no engañan. Con apenas 80 jugadores en cartera —frente a los más de 200 de su inmediata perseguidora, Stellar Football—, la empresa lusa está tasada en más de 550 millones de euros —el doble que la británica—. La treintena de empleados que conforman su plantilla factura una media de 100 millones de euros al año, figurando entre las empresas portuguesas con mayor crecimiento. Se estima que sólo en el recién cerrado mercado de verano se ha embolsado al menos 30 millones en comisiones. Fundada en 1996, Gestifute está marcada por la personalidad de su creador, el superagente Jorge Mendes, un ambicioso y seductor empresario que ha sabido profesionalizar y elevar al grado de la excelencia los clásicos dogmas de la representación deportiva, manejando el negocio del fútbol mundial desde la proximidad más familiar. El que forme parte de la familia, lo hará para siempre. El que le niegue favores a la familia, quedará excluido.

La familia es la familia. Y, para Mendes, los futbolistas son familia. El agente consigue generar un vínculo inquebrantable con sus representados, convirtiendo sus vidas en el entorno perfecto para el juego. Logra su estabilidad económica y deportiva con contratos desorbitados en algunos de los mejores equipos del mundo. A ello añade ingresos publicitarios extra, logrados con la mediación de Polaris Sport —división de comunicación de Gestifute—. Además, les facilita asesores de cuentas del más alto nivel para que llenen de ceros sus cuentas bancarias con las mejores inversiones. Un departamento médico propio se ocupa no sólo del estado físico del deportista, sino también de la salud de sus seres queridos. ¿Trabajo para sus allegados? ¿Coches? ¿Viviendas? Todo arreglado. Nada innovador, pero profesionalizado hasta el extremo. El jugador vive en un estado idílico y su única preocupación es dar el pase preciso en el momento oportuno o marcar el gol decisivo en el partido más importante. El poder de seducción personal de Jorge hará el resto cuando tenga que persuadir a su representado para aceptar un traspaso poco atractivo sobre el papel. Cristiano Ronaldo, Falcao, James, Tiago, Pepe, Thiago Silva, Diego Costa, Adrián, De Gea… La familia.

La familia es la familia. Y los entrenadores son familia. Mourinho, Scolari, Paulo Bento, Jorge Jesús, Nuno, Lopetegui, Sánchez Flores… Son algunos de los técnicos en la cartera de Gestifute. Mendes siempre busca nuevos talentos de los banquillos porque no hay mejor punta de lanza para expandir los horizontes de la familia. El entrenador tiene voz y voto en las decisiones sobre la plantilla. Aquel profesional que satisfaga los objetivos de la entidad que lo contrata y sirva como puerta de acceso a la familia será la mejor apuesta. Y si, tras una más o menos prolífica carrera en el fútbol de clubes, se les puede encontrar ubicación como seleccionadores en alguna Federación amiga, ¿qué mejor escaparate para revalorizar el negocio familiar?

La familia es la familia. Y los clubes afines son familia. Se calcula que Gestifute ha generado más de 600 millones de euros de ingresos a los clubes portugueses. Motivo más que suficiente como para monopolizar el mercado luso, hasta el punto de que cueste encontrar operaciones en las que no participe directa o indirectamente. Desde Oporto, Benfica o Sporting de Braga hasta entidades en escalones competitivos más bajos: todas son igual de importantes para la familia. Tras el país vecino, los cotos de caza favoritos de Mendes son el español —Real Madrid, Valencia, Atlético de Madrid, Deportivo, Zaragoza…— y el turco —Beşiktaş, Fenerbahçe—. Pero la familia no tiene límites: Inglaterra (Manchester United, Chelsea, Liverpool), Francia (Mónaco), Rusia (Zenit), Brasil, Emiratos Árabes… El cara a cara con los grandes magnates del fútbol (Abramovich, Rybolovlev) es, sin duda, es su mejor habilidad. Ellos confían y la familia nunca les falla.

El mercado del fútbol es peculiar. El vendedor no suele querer vender su ‘producto’ y el comprador no está dispuesto a pagar lo que se le exige. En medio está el futbolista, con sus exigencias económicas y deportivas. Los roces parecen inevitables. Sin embargo, Jorge Mendes y su capacidad de generar confianza familiar, se desenvuelve en ese contexto como pez en el agua. Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado del Atlético, lo define así: “No es el típico agente que coloca a un jugador y luego se despreocupa. No te lía con comisiones. Es trabajador, honrado y busca un equilibro entre las tres partes: jugador, representante y club”. Es la visión idílica de la familia. Algunos le acusan de hinchar los precios del mercado, poner obstáculos en operaciones ajenas, descapitalizar a los equipos con los fondos de inversión, manejar determinados clubes a su antojo y desarraigar a los deportistas con constantes traspasos. Poco importa lo que digan los demás. La familia le deja hacer: tarde o temprano el favor les será devuelto.

La familia es la familia. Y algunos representantes pueden llegar a ser familia. Si la competencia  tiene un buen futbolista y se acerca a Mendes como llave de acceso a la familia, ¿cómo desperdiciar un buen negocio? Una comisión extra por los servicios prestados será más que suficiente para que la colaboración fructifique en operaciones redondas como las de Courtois, Arda o Di María. Y los que no quieran participar, ya saben a qué puertas no pueden llamar. ¿Y los medios de comunicación? Los periodistas de referencia son familia. Cumplen su función publicitando intereses de equipos en el jugador a traspasar y generando sobrecostes antes de que se cierren traspasos o renovaciones. Incluso pueden crear estados de opinión favorables para la familia.

La máxima expresión de la comunión de la familia son los fondos de inversión. Aprovechando la crisis financiera, Mendes ha generalizado en Europa un sistema que venía funcionando en Brasil y Argentina durante años. Junto con Peter Kenyon, fundó Quality Sports Investments en el paraíso fiscal de la Isla de Jersey, convirtiéndose así en algo más que un mero comisionista. El agente invierte su propio dinero en el talento de los jóvenes valores ojeados por el mejor departamento de scouting del mundo. Él, junto con todo aquel inversor interesado en aportar al menos un millón de euros a cambio de una alta rentabilidad a corto plazo —aproximadamente un 10 por ciento de interés—. La apuesta es arriesgada puesto que el activo es el propio futbolista, casi siempre menor de 25 años —frecuentemente en edad juvenil— y los beneficios dependen de su rendimiento, condicionado por imponderables como las lesiones o la adaptación. Por ello, no es inusual la multipropiedad del jugador, que minimiza el riesgo repartiendo la inversión entre fondos y clubes.

El fondo adquiere, pues, la totalidad o parte de los derechos económicos del futbolista y, como obliga la normativa FIFA, cede los deportivos a un equipo a cambio de un arrendamiento, un sueldo para el deportista y un seguro de lesiones. Este club puente —por supuesto, de la familia— devolverá favores aceptando un diamante en bruto o se le recompensará con la incorporación de un talento consolidado. En el plazo más corto posible, en cuanto el jugador se revalorice en el campo, se buscará un traspaso con el que los inversores puedan recoger jugosos beneficios. En la sociedad de la comida rápida y los mensajes de 140 caracteres no conviene dar tiempo a que la afición, enamorada del ídolo, se acabe aburriendo de verle. La clave es encontrar el cénit de su rendimiento en el equipo sin esperar ni un día más, porque cuanto menor sea el tiempo que permanezca en el equipo, mayor será la rentabilidad, menor el riesgo y más posibilidades habrá de efectuar nuevos traspasos. Un negocio mucho más jugoso que el cobro de comisiones. Pero, ¿qué pasa cuando el jugador no se revaloriza en el club puente? Siempre habrá un miembro de la familia, en otra liga u otro peldaño competitivo de la misma, dispuesto adquirirlo al precio que necesite la familia. Porque, para Mendes, los fondos a los que asesora —Doyen, Traffic, Meriton— y los multimillonarios inversores que los sustentan —hombres como Peter Lim, al que también le ha abierto camino para adquirir el Valencia— son familia. Y, por supuesto, la familia es la familia.

14/09/2014

Fátima Martín es periodista ex del diario MARCA y futmi.com

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