El jarrón chino de Yugoslavia

GoranPandevJULIÁN CARPINTERO | Cinco minutos necesitó ‘La Roja’ para sofocar el incendio que la guerrera Macedonia había provocado en sus filas la última vez que se enfrentaron. Fue en el verano de 2009, en el primer partido que los chicos de Del Bosque jugaban después del chasco de la Copa Confederaciones de Sudáfrica, cuando Dempsey le robó a Ramos la cartera y al resto del país las esperanzas de jugar contra Brasil la final de un torneo. Por aquel entonces nadie sabía que ‘sólo’ faltaban cuatro años. Así las cosas, la campeona de Europa viajó hasta la capital Skopje, bañada por el río Vadar, para disputar un encuentro amistoso que un Vicente que aún no era marqués utilizó como banco de pruebas: debutaron Diego López y Monreal, Reina fue el portero titular, Sergio Ramos e Iniesta no disputaron ni un minuto y Busquets todavía no ejercía como el álter ego de Xabi Alonso. Fruto de aquel desbarajuste saltó la sorpresa, pues dos tantos de Pandev condujeron el partido al descanso con un sorprendente 2-0 para los locales, hasta que Torres, Piqué y Riera tiraron de galones para dedicar cada gol al desaparecido Dani Jarque y dejar con la miel en los labios a los 30.000 espectadores que copaban las gradas del Filipo II.

Para suerte de España y desgracia de Macedonia, Pandev ya no estuvo en el partido de ayer. El máximo goleador histórico de la selección balcánica —célebre por aquel voto a Mourinho que la UEFA perdió y que, curiosamente, acabó siendo para el citado seleccionador español en 2013— ha dejado descabezada a una escuadra cuya media de edad no llega a los 25 años y en la que sólo el capitán Pačovski se acerca a los 40 partidos internacionales. Por si fuera poco, a esa falta de experiencia se une el hecho de que la mayoría del grupo de Boško Gjurovski juega en ligas que se alejan del máximo nivel competitivo como son las de Chipre, Bulgaria, Austria, Noruega, Albania, Eslovenia, Dinamarca, Croacia o Bosnia —únicamente el defensa Ristovski compite en la Serie A con el Parma—, además de que tres de ellos juegan en la inhóspita First League local. Sin embargo, el que fuera campeón de Europa con el Inter de Mourinho decidió colgar la camiseta macedonia hace justo un año con una hoja de servicios que se resume en 75 partidos, 26 goles y ninguna participación en una gran competición. Con  las cifras encima de la mesa, el reciente fichaje del Galatasaray es el jugador más importante en la historia del país que gobernó Alejandro Magno en el siglo III a. C. No obstante, es justo decir que Pandev tampoco ha tenido mucha competencia en apenas dos décadas de historia.

Desde mediados del siglo pasado hasta la década de los 90, Yugoslavia fue una de las potencias a tener en cuenta en el fútbol del viejo continente. Aquel equipo unificado ya fue tercero en el Mundial de 1930 y semifinalista en el de 1962, además de llegar a la final en las Eurocopas de 1960 y 1968 y colgarse el oro olímpico en los Juegos de Roma en 1960 gracias al buen hacer de serbios, croatas, bosnios, montenegrinos, eslovenos y… macedonios. Así, entre los grandes mitos de la selección yugoslava como Džajić, Bobek, Halilhodžić, Katanec o Savićević también se colaron los nombres de varios macedonios que contribuyeron activamente a los éxitos de esas generaciones. Hasta que la famosa patada de Boban en mayo de 1990 dio el golpe de gracia a un país que, con la fragilidad de un jarrón chino, se partió en trozos, unos grandes y otros muy pequeños.

Así las cosas, el gigante Vidinić fue el guardián de Yugoslavia en las gestas olímpicas de los años 50, un futbolista pionero en probar fortuna en Estados Unidos al final de su carrera y que, tras anunciar su retirada, entrenó a la mítica selección de Zaire que participó en el Mundial de 1974. Coetáneo suyo fue el genial y polémico Šekularac, mito del Estrella Roja de Belgrado y de aquel combinado nacional que demostró sus aptitudes para el gol en Alemania o Colombia y que en su etapa como técnico entrenó al Marbella de Jesús Gil. La trayectoria del carrilero Najdoski, en cambio, fue mucho más modesta. El Valladolid le fichó en los 90 procedente del Estrella Roja y apenas jugó dos temporadas en Zorrilla, aunque fue uno de los primeros en vestir la camiseta macedonia tras la independencia. Y si el portero Stanojković fue convocado para el Mundial del 90 cuando militaba en el Partizan, sin duda el más importante de todos fue el goleador Darko Pančev, campeón de Europa con el Estrella Roja y Bota de Oro en 1992 que tuvo un desafortunado paso por el Inter tras haber brillado con Yugoslavia en la Copa del Mundo de Italia.

Ayer, Ibrahimi se convirtió en el segundo macedonio tras Pandev que le hacía un gol a España. Aunque pudieron ser más, pero lo impidió un Casillas que, por unos minutos, volvió a parecerse a aquel portero cuya confianza crecía al mismo ritmo que la portería se encogía para los rivales. Sin embargo, los mismos aspectos que invitan a España a volver a sentirse optimista son aquellos que no se vislumbran en el fútbol de un país que, huérfano de Pančevs y Pandevs, se contenta con pequeños hitos como llevarse a casa la camiseta de Munir, que puede serlo todo pero que todavía no es nadie. Cosas de la vida.

09/09/2014

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