‘El chico Pirelli’

image_(1)_recortadaSERGIO MENÉNDEZ | “Ni fumo, ni bebo, ni voy de putas”. He ahí las palabras de Alessio Cerci, ficha que el Atlético de Madrid incorporó a su nómina de futbolistas a pocas horas del cierre del mercado de fichajes, cuando la prensa italiana comenzó a especular con la posibilidad de que el entonces jugador de la Fiorentina estuviese imprimiendo a su ritmo de vida una velocidad superior a la que cabría esperar de alguien que se dedica al deporte profesional. Tanto empeño pusieron, sin embargo, las cabeceras ‘gazzettisticas’ (término que viene a designar las publicaciones de carácter sensacionalista) en sugerir que podía estar viviendo demasiado deprisa que el extremo se vio obligado a desmarcarse de las acusaciones con semejante declaración. Porque, lejos resultar un caso similar a Christian Vieri, lo realmente cierto a día de hoy es que el único sitio donde las cámaras han logrado pillarle en actitud desenfrenada es un terreno de juego.

En este sentido, sus extraordinarias cualidades a la hora de superar rivales haciendo valer  un tren inferior tan portentoso que incluso le ha valido comparaciones con Leo Messi y la capacidad para recorrer los cien metros lisos en torno a los 11 segundos, tiempos que sólo se encuentran al alcance de atletas de la talla de Cristiano Ronaldo o Gareth Bale, no han pasado en absoluto desapercibidas entre los redactores de los medios deportivos españoles y, siempre tan diligentes, ellos también han querido demostrar su premura haciendo las delicias de sus lectores con sobrenombres frescos y originales. De ahí que hayan decidido bautizarlo como ‘El Correcaminos’. Y es que, pese a lo socorrido de la nomenclatura, un rasgo que le permite destacar por encima de sus compañeros de profesión y le sirvió en el pasado para inspirar más motes reside en la fuerza con que ejecuta sus movimientos y, precisamente, en esa capacidad para avanzar de forma vertiginosa. Una velocidad en sangre que le acompaña desde que nació.

Natural de Velletri, localidad perteneciente al Lazio y próxima a la capital del país, Alessio protagonizó sus primeras zancadas tras el balón en las canchas de Valmontone, municipio que pronto supo detectar la velocidad en sangre del pequeño. No en vano, algunos habitantes de la zona llegaron a describir su talento colgándole la etiqueta de ‘El Henry de Valmontone’, una metáfora que le permitió ingresar en las categorías inferiores de la Roma. No había cumplido los 17 cuando el entonces míster ‘giallorosso’ Fabio Capello decidió concederle la alternativa al precoz legionario y le hizo debutar en Serie A contra la Sampdoria. No debió cumplir, sin embargo, ni con los rigores del técnico ni de sus sucesores, puesto que únicamente volvió a gozar de minutos en ocasiones puntuales y durante las dos campañas siguientes se desempeñó en el filial. Las aptitudes del muchacho eran innegables, pero resultaba un tanto anárquico a la hora de concebir la táctica y le faltaba algo de disciplina en defensa. Ya lo decía Pirelli: la potencia sin control no sirve de nada.

Fue entonces cuando el club optó por traspasarlo y comenzó un periplo que templó su fulgurante carrera conduciéndole a través de Brescia y Pisa por los campos de Segunda división. Un par de temporadas de rodaje más tarde se produciría su retorno a la élite del ‘calcio’ de la mano del Atalanta, que prepararía al hijo pródigo para emprender el camino a la que fue su casa. Pero el mismo Claudio Ranieri que le había recibido con los brazos abiertos a su vuelta en la ciudad eterna terminó por cansarse de esperar al crack que habitaba en Cerci y decidió mandarlo a final de curso en dirección a Florencia. Y justo cuando los riesgos de gripar el motor parecían mayores, la idílica Toscana se convirtió en el mejor circuito de pruebas que jamás hubiese imaginado. Allí aprendió a administrar la potencia y explotó el futbolista con criterio y capaz de distinguir si el encuentro pide velocidad o necesita pausa. El único problema que le acarrearon las grandes cilindradas tuvo lugar cuando los ‘carabinieri’ le pidieron que moviese su flamante Maserati, pues lo había estacionado donde no debía, y el futbolista les contestó que lo haría, pero cuando terminase de comer. Porque también va sobrado de carácter.

El paso ulterior y consolidación en el Torino y la reciente convocatoria de Prandelli con la Selección absoluta en Brasil han supuesto el trampolín definitivo a su trayectoria y el pasaporte para ponerse a las órdenes de Simeone y el resto de su cuerpo técnico, si bien el propio ‘Mono’ Burgos advertía del jugador a sólo unos flecos de que se concretase su fichaje: Cerci les puede dar variantes, sí, pero eso no basta con ser bueno. “Para jugar aquí hay que correr”, señalaba. Que no se preocupen Germán y compañía, pues a ese respecto pueden dormir tranquilos.

08/09/2014

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