Superagente 86

mendes1MARIO BECEDAS | Temido y respetado, temible y reputado, Jorge Mendes se ha convertido en el fútbol. O el fútbol se ha convertido en Jorge Mendes. Nada queda fuera de su influjo, sólo un Barça al que pretende dejar morir de inanición mediática. Al principio nadie conocía su rostro, pensamos que era un holograma, una leyenda, un sosías. Un nombre que movía los tentáculos del fútbol y que siempre aparecía en alguna negociación. En una década ha convertido a Gestifute en el Portugal del Tratado de Tordesillas.

Como su amigo y primer representado de relumbrón, José Mourinho, Mendes comenzó la delicada resaca del no-fútbol con amarga desilusión. Probó suerte en varios equipos, pero nadie apostó por él. A los 20 años sabía que no sería de los mejores, pero sí que estaría con ellos, o, mejor aún, sobre ellos. Es el rencor uno de los grandes motores humanos, y más cuando se reproduce en medio de una epopeya en la que se toca fondo.

Se abocó primero a un negocio movedizo, peligroso. Una cadena de videoclubes en el norte de Portugal. Una aventura empresarial a la altura de hombres valientes y temerarios, sin miedo ante el riesgo de balance. Carente de emoción, Mendes vio que necesitaba más acción y metió su recortada silueta en las sombras de la noche. Discotecas y clubes le pusieron los neones que le impulsarían. Cogería tablas, cintura, convicción.

Y fue en la profundidad de la noche donde halló El Dorado. Es tras un vaso espirituoso y una barra donde se cierran los mejores tratos, se conocen los amores más tórridos o la filosofía sale en espiral. Ahogado en su vida, Mendes salió de entre las tinieblas del garito y lanzó su último cartucho: se le apareció la Santísima Trinidad. Nuno Espirito Santo se hizo paloma y se posó en los brazos del hombre que le iba a llevar al Deportivo de La Coruña. Mendes nunca olvidaría su adeudo emotivo con Lendoiro. Era el año 1997.

Visto el éxito en la colocación del portero, los jóvenes diamantes lusos quisieron estar en su cartera. Mendes no tuvo otra que hacerse agente. Comenzó con operaciones de leve calado pero mucha base. Hizo parné con las vallas publicitarias, pero cuando empaquetó a Hugo Viana al Newcastle por 12 millones de euros en 2002, supo que ya podría conseguir lo que quisiera. Y eso ha hecho, pese a Messi y Guardiola.

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Llegó el Mourinho del Oporto, al que consiguió vestir de oro en el Chelsea, se avino el descarado Cristiano del Sporting y el fichaje relámpago del United, Ferguson fue a Portugal como el que va al bazar. Deco, Maniche, Carvalho o Vitor Baía ampliaron su arte de persuasión. Pero fue la progresión de los dos primeros lo que le convirtió en amo y señor. El entrenador le dio escaparate, el jugador ha sido su mayor logro, su barro modelado, su niño bonito, su hijo representado.

Impecable terno, rostro desconocido hasta después de verle en las fotografías, Mendes confirmó su ascenso al cielo del fútbol llamando a la puerta de los fondos de inversión y trayéndolos de la chaqueta al mundo del balón. Un tipo de operación que amusgó al estamento de Blatter y que provoca hambrunas en algunas partes del mundo, pero que nadie ha podido detener. Así, Falcao es una especulación como el arroz o el portero Roberto es un número más en alguna cuenta perdida de las Islas Caimán.

Estrechó Mendes su lazo sobre el mundo y creó sus propios premios en Qatar, zalamero con los jeques y los ricos asiáticos de fortuna incipiente y origen humilde. Peter Lim ha sido su enésima conquista. Unos pasos sabios que han convertido a España en una Liga A de Portugal y a clubes como el Valencia o el Depor en su auténtico banco de pruebas. Nuno es, 18 años después de aquella noche, entrenador de los ‘ché’ y Lopetegui del Oporto. Todos pensamos que el Gil Vicente ocuparía la plaza del Murcia en Segunda.

Cristiano Ronaldo, Mourinho, Falcao, Di María, James Rodríguez, Diego Costa, Lopetegui, Pepe, Coentrão, Tiago, De Gea, Nani, Adrián, Quaresma, Moutinho, Simao… Todos suyos. A Florentino le ha traído a James y de cabeza, se le ha llevado a Di María. No ha podido con Falcao, pero ha logrado rasgar el bolsillo de un United desesperado.

El mundo es de Mendes y Jabois se lo topó en un bar de Lisboa con una torre de teléfonos móviles sobre la mesa, sumergido en su perfecto traje y señalando con el dedo a cada mesa del local: “A ése le llevé yo”. “A ese señor también”. Como el superagente que es, siempre sin descanso, siempre atento a cualquier posible operación, poco le faltó para, en un aparte, descalzarse el zapatófono y realizar una venta de última hora o echar la soga sobre algún equipo en problemas. El fútbol tiene Superagente 86 para largo.

04/09/2014

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