El gol en los genes

‘Chicharito’, junto a su abuelo Tomás Balcázar, durante un homenaje conjunto que recibieron de las Chivas de Guadalajara.

JULIÁN CARPINTERO | El 4 de abril de 2010 el Real Madrid visitaba los Campos de Sport de El Sardinero en su persecución desbocada de un Barça que caminaba firme hacia su segunda Liga consecutiva. Aquel día, más allá de que los de Pellegrini derrotaran por 0-2 al Racing, la anécdota estuvo en el debut de Marcos Alonso Mendoza, un imberbe lateral izquierdo que entró casi al final, hijo del ex futbolista Marcos Alonso y nieto del ex futbolista Marcos Alonso, Marquitos. Quiso el destino que el tercer eslabón de esa generación debutara en Santander, la tierra que había visto nacer a su abuelo y a su padre, pero su recorrido por el primer equipo merengue duró lo mismo que éste tardó en estrellar su BMW. Ayer por la tarde, Javier Hernández Balcázar, hijo del ex futbolista Javier Hernández y nieto del ex futbolista Tomás Balcázar, era presentado en el Santiago Bernabéu.

No dejó de sonreír durante todo el día. Si ‘Chicharito’ Hernández tiene hoy agujetas no será en otro sitio que en las comisuras de los labios, puesto que el mexicano se mostró feliz e ilusionado —como él mismo dijo ante los medios junto a Emilio Butragueño— en su puesta de largo como nuevo jugador madridista. Quién se lo iba a decir a él, que estaba desahuciado en un Manchester United en el que no contaba para Louis van Gaal, que a falta de unas horas para que el frenético mercado de fichajes corriera el telón iba a enfundarse la camiseta del actual campeón de Europa. Y nada más y nada menos que con el número ‘14’ a la espalda, ese que heredó Xabi Alonso cuando Guti se marchó a vivir la pasión turca y que había quedado huérfano desde que el tolosarra decidió vestirse de bávaro. De este modo, ‘Chicharito’ se convertía en el cuarto jugador azteca en la historia del Real Madrid tras José Ramón Sauto, José Luis Borbolla y Hugo Sánchez, todo un motivo de orgullo para la efervescente hinchada del Tri.

Así las cosas, ‘Chicharito’ aterriza en Chamartín —quizá la entidad con mayor capacidad para la autodestrucción de todo el planeta— con la misión de hacer goles, un ‘modus vivendi’ que le llevó a sobresalir en las Chivas de Guadalajara, convertirse en la punta de lanza de la Selección que entonces entrenaba Javier Aguirre y erigirse en icono nacional tras firmar por los ‘red devils’ de Sir Alex. Sin ser excesivamente rápido ni hábil ni fuerte, no ha habido un equipo en el que Javier Hernández no haya sido capaz de hacer goles, una habilidad que, a su vez, se compone de muchas pequeñas virtudes como el oportunismo, la intuición, la inteligencia o la ambición, todas ellas innatas, que están impregnadas en su ADN. Porque, cuando se ata las botas, ‘Chicharito’ se olvida de la razón para obedecer a sus genes.

Tomás Balcázar es, a día de hoy, una leyenda viva de las Chivas. El modesto Nacional  —que hoy deambula por el tercer escalón del fútbol mexicano—, fue el equipo que le llevó a un torneo estatal con sólo 17 años, cuando toda su plantilla era amateur. Gracias a su olfato para el gol y a su habilidad para el remate de cabeza consiguió llamar la atención del gigante de Guadalajara, con el que jugaría durante toda la década de los 50. A pesar de que no fue un goleador de grandes cifras, Balcázar tuvo su oportunidad con la Selección, con la que participó en el Mundial de Suiza en 1954, un torneo en el que anotaría un tanto contra Francia en la fase de grupos. Curiosamente, 66 años después, su nieto también sería capaz de marcarles a los franceses en una Copa del Mundo, la de Sudáfrica de 2010.

A Javier Hernández siempre le llamaron ‘Chícharo’ —que viene a ser una especie de vaina o guisante— porque era bajito (170 centímetros) y tenía los ojos muy verdes. No fue estrictamente un delantero, sino más bien un llegador de segunda línea, pero, especialmente en los Tecos, su eficacia de cara a la portería contraria fue notable. También vistió las camisetas de Puebla y los Monarcas de Morelia y acudió al Mundial celebrado en su propio país en 1986, aunque no llegó a jugar ni un solo minuto. Mientras tanto, se casó con la hija del que fuera goleador de las Chivas Tomás Balcázar y, fruto de su unión, nació el pequeño Javier.

En este sentido, ‘Chicharito’ ya ha conseguido lo que ni su abuelo ni su padre fueron capaces: saltar a Europa y tener la posibilidad de triunfar en dos de los equipos más importantes de todo el planeta. Bien es cierto que las posibilidades de cruzar el charco para los dos primeros exponentes de la saga fueron mucho más limitadas, pero la realidad es que, a sus 26 años, Javier se encuentra ante su último tren para escribir con letras de oro el nombre de México y el de su familia en el mundo del fútbol. De él —y de Ancelotti y su paciencia con Benzema— dependerá ser una figura respetada como lo fue el valiente ‘Marquitos’ o un pseudo desconocido como Marcos Alonso Mendoza.

02/09/2014

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