Los dragones de la discordia

imageSERGIO MENÉNDEZ | El verano de 2014 está siendo, sin duda, uno de los más convulsos que el Real Madrid ha vivido durante los últimos años. Y ya es decir, teniendo en cuenta que hablamos de una entidad a la que el paso de un entrenador como José Mourinho, el debate en la portería, la bipolarización del vestuario o la obsesión a la hora de conquistar su Décima vienen imponiendo el ritmo de vida de las cocteleras, sometidas a una agitación casi permanente. Justo cuando parecía que la consecución del ansiado título y, en consecuencia, que las incorporaciones a la plantilla hayan podido descartar su mención en el discurso previo a posar con la camiseta, rebajando de este modo el nivel de presión sobre la plantilla y su propia persona, permitirían a ese entrenador con la cara del típico barman al que podrías confesarle tus frustraciones más humillantes que es Carlo Ancelotti reducir el número de frentes abiertos en la barra de Concha Espina.

Sin embargo, la reciente marcha de Diego López y el aterrizaje de Keylor Navas, que lejos de sosegar el plebiscito en la meta lo han reavivado, la sorprendente y fugaz contratación de Xabi Alonso por el Bayern de Múnich o la polémica en torno a la salida de Di María para ponerse a las órdenes de Louis van Gaal, han hecho de las acrobacias del míster por mantener la paz social en el club maniobras totalmente vanas. El torrente de gotas no sólo ha conseguido colmar la hilera de vasos, pues los ha desbordado por completo y alguna copa se ha estrellado contra el suelo del chaparrón. La última en escurrírsele de las manos, hace dos viernes en el Vicente Calderón, donde la falta de gol ha devenido, de forma bastante irónica, en una resaca y unos dolores de cabeza que sólo la compra de un punta con vocación de ibuprofeno como Radamel Falcao habría conseguido remitir. Y ahora, concretamente, desde el pasado martes, para colmo de males, la institución se ha visto envuelta en una nueva discordia que sacude directamente al bien más preciado del equipo: su identidad.

La culpa de todo la tiene el par de dragones que luce, a modo de claroscuro, la segunda equipación que el Real Madrid ha presentado para sus encuentros de Champions League de esta temporada. Si la elección del rosa chillón, tonalidad revolucionaria dentro del ‘pantone’ que ha manejado tradicionalmente el club, para su look más alternativo de siempre no había levantado suficientes ampollas, la inclusión de dos motivos que, por mucho que Adidas y Yohji Yamamoto se empeñen en justificar con ideas pomposas de “grandeza”, “poder”, “resistencia”, “gloria” o “determinación”, no guardan relación alguna con la idiosincrasia del club, ha terminado de desatar la guerra.

Porque sí algo nos ha enseñado el fichaje de James, es que los mares revueltos constituyen el mejor entorno para que Florentino Pérez, un pescador con la visión de negocio del Capitán Ahab, multiplique sus ganancias. Corren tiempos de crisis, el marketing impone su tiránica ley. Y toda vez que la práctica totalidad de colombianos en España se habían convencido de destinar 80 euros por cabeza en vestir como su nuevo héroe, el cuaderno de bitácora recomendaba girar el timón hacia el mercado emergente por antonomasia y poner rumbo a Oriente. La gigantesca comunidad asiática, que representa en cuanto a posibilidades de expandir la venta de camisetas una presa de la talla de Moby Dick, sería la siguiente en plegarse a los arponazos del máximo mandatario blanco. No es casualidad, por tanto, que se decantara a la hora de conseguir su objetivo por el color del uniforme ninja y utilizar un reclamo que la gente de ojos rasgados identificara como propio fácilmente. De ahí el dragón.

No obstante, a falta de que las cifras de ventas determinen si la estrategia ha supuesto un éxito o un fracaso, el público local se ha pronunciado al respecto con disparidad de opiniones. Si bien es cierto que a la nueva equipación no le faltan admiradores, la mayoría de voces se han mostrado bastante críticas, pues entienden que si el club pretende seguir considerándose el principal embajador del señorío a nivel futbolístico debería preocuparle el hecho de que en Europa puedan confundir a sus jugadores con una filial deportiva de la Yakuza. Y es que 112 años de historia son demasiados para renunciar a la tradición en favor del marketing. Porque el aficionado merengue está chapado a la antigua y no dejará nunca de añorar los tiempos de Zanussi, Parmalat, Reny Picot, Teka o, mejor todavía, cuando la zamarra lucía de verdad “limpia y blanca que no empaña”, pero es comprensivo hasta cierto punto y, si tragó con el fucsia en su momento, no va a permitir que ahora le vengan con el cuento de que la moda es cíclica y la estética ‘DJ’s Band’ vuelve más fuerte que nunca. En este sentido, las redes sociales se han convertido en un hervidero de mofas por parte de madres ficticias recomendando a sus hijas tener cuidado al andar de noche por ciertos barrios, “que hay chavales con la tercera equipación del Madrid”, y han servido de altavoz a personajes del tipo Alfonso Ussía, a quien el hecho de que el merengue le haya calado hasta el tuétano no ha impedido que se despache contra la indumentaria en una columna titulada ‘Real Hortera’.

En cualquier caso, recuerden: Xabi Alonso, símbolo de la elegancia hecha persona, se marchaba al Bayern de Múnich horas después de presentarse la camiseta mientras ‘Dioni’, el vocalista de Camela que perpetró junto a Toñín, ‘El Torero’, un atentado similar contra la imagen del club en forma de himno, posaba en Twitter henchido de orgullo por su reciente adquisición. Casualidad o no, que cada cual extraiga sus propias conclusiones…

01/09/2014

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