‘Eurogorets’

ludÁLVARO MÉNDEZ | Probablemente no descubramos nada si decimos que el fútbol es un deporte hecho por y para la épica. No hace falta que se alineen los planetas para que el deporte rey haga alarde, en ocasiones, de esa impredecibilidad que tan mágico le hace. Y si no, que se lo digan a un pequeño club búlgaro que hace dos décadas ni siquiera existía y que durante la próxima temporada se paseará por las plazas más gloriosas del Viejo Continente.

Solidario acierto para unos y craso error para otros, la Champions League está desde hace varios años específicamente diseñada para dar una ínfima oportunidad a clubes que, sin gozar de una reputación notoria en Europa, brillan en países que están a años luz del poderío económico de la Liga, la Premier League, la Bundesliga o la Serie A. Es el caso del equipo que el miércoles colmó de superlativos adjetivos las redes sociales gracias a una gesta sin precedentes protagonizada por un defensa reconvertido a la fuerza en héroe nacional.

El modesto Ludogorets Razgrad apenas cuenta con 13 años de historia en el fútbol búlgaro. Hasta el año 2010, no era más que uno de tantos equipos que —aunque suene peyorativo— se arrastran por las divisiones inferiores de un país con una tradición balompédica en declive desde la caída del comunismo en el continente. Sin embargo, en ese mismo año lograron subir a la segunda división y, consecuentemente, llamar la atención de Kiril Domuschiev, poderoso hombre de negocios búlgaro y director de una importante compañía de seguros de Luxemburgo. Su llegada al club supuso una enorme inversión económica que se tradujo en fichajes como los del brasileño Marcelinho, Emil Gargorov e Igor Stoyanov (procedentes del CSKA de Sofía) y Svetoslav Dyakov (ex del Lokomotiv de Sofía). Gracias al impulso de estos nombres, el Ludogorets logró el ascenso esa misma temporada y se plantó en la división de oro del fútbol búlgaro.

En su primer año, el club mantuvo un intenso pulso hasta la última jornada con el todopoderoso CSKA, al que derrotó en la jornada final proclamándose campeón de Liga. Desde entonces, el Ludogorets no ha sabido lo que es bajarse del primer puesto de la clasificación. Su exponencial progresión le llevó a lograr tres títulos consecutivos entre 2012 y 2014 y a firmar un glorioso triplete —Liga, Copa y Supercopa—a finales de este año. Además, su brillante trayectoria le dio el billete a la fase previa de clasificación para la Champions League.

Y fue precisamente el miércoles pasado cuando este meteórico club, cuyo estadio apenas es capaz de sentar a 8.000 aficionados, consiguió escribir una página más en el libro de la historia del balompié continental. Tras unos agónicos 90 minutos ante el histórico Steaua de Bucarest, el Ludogorets se jugó su futuro europeo en un cruel tiempo extra que finalizó con las expulsión del meta Vladislav Stoyanov. El destino quiso que quien se enfundara los guantes en el último minuto y en la tanda de penaltis fuera Cosmin Moți, antaño jugador del Dinamo de Bucarest, eterno rival del ‘equipo del Ejército’. Fue el propio defensa quien se encargó de anotar uno de los lanzamientos desde los once metros pero, además —y a aquí llega lo realmente impresionante—se erigió en ídolo para la eternidad al detener dos de las penas máximas del Steaua y clasificar al Ludogorets por primera vez para la Champions League.

Como si de un cuento infantil se tratara, el final —provisional, eso sí— de esta historia no podría haber sido más feliz. El bombo monegasco encuadró ayer al Ludogorets en el grupo B, por lo que se medirá a Real Madrid, Liverpool y Basilea en la fase de grupos. O en otras palabras. Los pupilos de Georgi Dermendzhiev tendrán la oportunidad de visitar el Santiago Bernabéu y Anfield, dos de los coliseos con más mística y romanticismo de toda Europa. ¿Se puede pedir más? Obviamente, sí, pero para ello habría que contar con el permiso de blancos y ‘reds’, algo a priori poco factible. El 16 de septiembre podremos comprobar si este nuevo matagigantes, como algunos ya le empiezan a denominar, consigue hacer honor a su apodo. Y todo ello con el emblemático ‘You’ll never walk alone’ de banda sonora. Como para no soñar.

29/08/2014

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