Hégira

xabiMARIO BECEDAS | No se quiere morir agosto sin reventar la cañería. Éxodos de gloria en un Madrid que viene de la epopeya. La Décima parecía el principio de muchas cosas y va a ser el final de la historia reciente y la revolución pendiente. Cuando todavía no se habían borrado las manchas de sangre tras la marcha de Di María, las rotativas se paran en seco: Guardiola ha llamado a Xabi Alonso.

Elegancia pelirroja, barba con deje a Espinete, raya diplomática, traje a medida y saber estar, Alonso era el tapado del Madrid. Apuesta presidencial, su renovación fue un asunto de Estado y resulta que ahora podrá ser el primer hombre del gran enemigo. Como el Coronel Kurtz de “Apocalipse Now”, Guardiola mece en su hamaca bávara el rencor acumulado hacia el rival que le endosó cuatro en la primavera de fuego. Ahora se lleva la reliquia de todo aquello y el cosmos anterior, los años en que vivimos peligrosamente.

Estuvo la foto de los pies en alto sobre el Camp Nou y estuvo el apoyar a Mourinho en esos Clásicos tan difíciles. Xabi Alonso supo qué quería ser cuando le salió la barba y dejó de ser el grumetillo que le pegaba con mucha rosca en la Real. Aguantó bien la tempestad de Liverpool y se hizo el nombre que le correspondía. Un español de calidad en la ‘Pérfida Albión’ y un astrónomo de la Premier. Sus pases de 40 metros aún despiertan a Rafa Benítez con una lagrimita en la madrugada de Nápoles.

Se convirtió Alonso en el quinto ‘Beatle’, paseando en cazadora de cuero por los aledaños de ‘The Cavern’ y tuvo que venir el Madrid a ponerle en un compromiso. Una oferta irrechazable pero un pronunciamiento para toda la vida. Para qué mirar atrás. Había ganado una Champions en 75 minutos y Luis Aragonés le había recordado —siempre hay que volver a 2008— que no tenía sitio en ‘La Roja’. Si él daba oxígeno, Senna lo creaba.

Fue el Madrid la pasarela necesaria para Alonso. El escaparate en el que hacer gala del ‘charming’, ser El Corte Inglés y coger el relevo de Butragueño metiendo goles en el marengo de Emidio Tucci. No pudo resistirse Del Bosque y nos creó un dilema a los que sabíamos que era bueno pero no le queríamos al lado del ‘tiki-taka’. Sólo nos calló contra Francia, en la Eurocopa de 2012 y su doblete, pero su sitio era Chamartín, donde Mourinho lo exprimió como capataz de la medular, hasta el punto de que los rivales pudieran hacerle zumo, como pasó en el primer Dortmund, y quizá en el segundo. Alonso sabe que ahora las naranjas las recogerá Kroos, por algo es el mejor del mundo en anticipación psicológica.

Exigía la pericia mediática de Alonso un buen golpe final, un escapismo inolvidable y tan neutral como brutal. Dejando buena imagen en el muelle de Concha Espina pero yéndose con lo que los madridistas sólo pueden llamar de una manera: el horror, el ‘Noi de Santpedor’. A la hora en que esto se escribe todo está en el aire, pero el día en el que Xabi, el tolosorra, el pelirrojo, el Van Gogh del círculo central, el ‘14’ no díscolo, el hombre de Mou pero también de Ancelotti, el capitán en la sombra, el jefe taciturno, copa de balón, elegancia exquisita, textil, ese día, decía, en que deja la Selección española, la pirotecnia no se podía quedar ahí. Y no lo hará. Se merecía Xabi más tiempo y mejor prosa, pero los relojes se nos derriten, a Arbeloa y a mí, en una hégira, la del Madrid, que ya roza corazón.

28/08/2014

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