Sueños en celeste

berizzoDAVID PALOMO | No niega Ana María Matute en “Luciérnagas” que soñar es peligroso. Y quizá así sea, por aquello de que la mayoría de los vuelos acaban con algún herido o, simplemente, porque las expectativas creadas, a menudo, suelen quedarse pequeñas en su inconsistencia. Pero en la afirmación, la escritora, tampoco puede obviar que soñar es tan necesario como vivir. A lo mejor por eso a los niños se les educa con fantasías y a los aficionados de cualquier deporte con ilusiones. Ocurre cada verano y se repite por mímesis en la primera jornada de Liga, cuando el tiempo no puede sepultar las sorpresas y el arranque invita a pensar en positivo. El ejemplo más claro viste de celeste y se hace llamar Celta. Y la prueba es su victoria ante el Getafe (3-1) con goles de Nolito, Orellana y Larrivey.

El panorama puede cambiar en la próxima jornada. Puede ocurrir, ¿por qué no? Pero los tres puntos conseguidos el pasado fin de semana responden a una manera de hacer las cosas que patentó la temporada pasada Luis Enrique y que prolonga Berizzo esta campaña. Ninguno de los dos prometió milagros en su presentación. Eso sí, juraron luchar por colocar al club donde se merece. Y la realidad es que, de momento, el Celta no sólo se come el césped cuando pisa Balaídos, sino que practica buen fútbol.

El resultado es el esperado a poco que se conozca a Berizzo. Desde que comenzara a jugar en las categorías inferiores de Newell’s ha mantenido la misma filosofía de vida. ‘El Jefe’, como le apodaron sus compañeros, siempre fue una garantía en la zaga, provisto de olfato para parar a los delanteros, sobrado de carácter al emparejarse con atacantes correosos y fiable como pocos. La prueba más evidente la ofrece aquel año 2000 en el que se partió el peroné ya como jugador del Celta. “Dejo a mis compañeros primeros. A ver qué hacen sin mí”, les dijo a los periodistas al llegar a Vigo.

Cinco jornadas más tarde, el equipo sumó tan solo dos puntos, recibió seis goles y salió de los puestos que daban acceso a la UEFA. Lo que pareció una fanfarronada del ‘Toto’ se convirtió en una maldición en toda regla. Su influencia en aquel Celta se extendía más allá de la defensa. Él era el líder. De ahí que Karpin le comparara con Simeone por su carácter ganador.

Todo eso que apuntaba como jugador, lo pone en práctica ahora como entrenador. Formado al lado de Bielsa, su apuesta se basa en mezclar el buen fútbol con la agresividad propia del fútbol argentino. Y, para conseguirlo, qué mejor que trabajar y, por supuesto, soñar. Como hizo durante toda su vida Ana María Matute, aunque, en el fondo, pensara que era una de las cosas más peligrosas de este mundo.

27/08/2014

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