Esperando a la gabarra

La gabarraÁLVARO MÉNDEZ | Crisis, despidos y desesperación. Hablar de Bilbao en los años 80 es hacerlo de una ciudad inmersa en un proceso de depresión colectiva que se dejaba sentir en todos los ámbitos de la vida. La reconversión industrial, ese eufemismo utilizado para esconder el paro generado por la mecanización y la modernización, había sumido a la provincia de Vizcaya en una espiral de desempleo como pocas se recuerdan.

En el plano balompédico, la situación no era menos halagüeña. Los éxitos deportivos se alejaban tanto en el tiempo que sólo quienes cubrían su testa con ‘txapela’ recordaban ya a ese Athletic campeón de los años 30, 40 y 50. Más que una inspiración, los nombres de las viejas glorias como Gorostiza, Bata, Zarra, Gaínza o el recién retirado Iríbar suponían una pesada losa sobre las nuevas generaciones que brotaban de las categorías inferiores del club. Para más inri, mientras Bilbao no celebraba la consecución de una Liga en 27 años, la vecina San Sebastián acababa de ver cómo su Real, la eterna rival, ganaba dos títulos consecutivos.

Así, la competencia era feroz en una Liga que, junto a los dos clubes vascos, reunía a Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid y Valencia como serios candidatos a la gloria. Fue entonces cuando un viejo conocido de San Mamés, aquel habilidoso rubio de Barakaldo cuya carrera quedó dramáticamente truncada tras una brutal entrada del arlequinado Marañón, se hizo cargo del equipo. En poco tiempo, Javier Clemente fue capaz de edificar un once de garantías con el que hacer frente a los grandes clubes del país.

El elegido para llenar el inmenso vacío dejado por ‘El Txopo’ Iríbar en la portería fue el joven Zubizarreta, espigado arquero que a sus 22 años ya apuntaba muy buenas maneras. La defensa se cimentó en la solidez de Liceranzu y Goicoetxea, una excelsa pareja de centrales complementada por Urquiaga desde la banda derecha. Urtubi y De Andrés tejían en el centro del campo lo que Sarabia y Dani culminaban en ataque. El resultado fue un fútbol eficaz y goleador que devolvió la ilusión a toda una ciudad y que terminó en segunda posición en la primera vuelta de la temporada 1982/83. Era posible.

Finalmente, tras una deslumbrante segunda mitad de campeonato, el Athletic se alzó con el título de Liga anotando en total 71 goles, 14 más que el Real Madrid y 15 más que el Atlético, sus más directos perseguidores. Pero fue sin duda la particular forma de celebrar este tan ansiado título lo que quedó grabado para la posteridad. “Por el río Nervión bajaba una gabarra”, rezaba una canción popular. Y fue Cecilio Gerrikabeitia, miembro de la Directiva del club, quien decidió utilizar por primera vez esta típica embarcación de transporte de acero para exhibir a los ‘leones’ campeones de Liga remontando la ría desde Getxo hasta el Ayuntamiento de Bilbao. Junto a la gabarra, decenas de barcos se sumaban a la fiesta mientras miles de personas teñían de rojiblanco ambos márgenes para contemplar a sus nuevos héroes.

Los éxitos continuaron durante la temporada 1983/84, durante la cual los de Clemente consiguieron el mágico doblete de Liga y Copa. Sin embargo, la década siguiente quedó monopolizada por el poderío de Real Madrid y Barcelona mientras que el Athletic quedaba relegado a un segundo plano a causa de la progresiva transformación económica del fútbol. Y es que, desde entonces, mucho ha llovido sobre las calles de Bilbao, pero no menos ha evolucionado el deporte rey.

Hoy en día, la tradicional apuesta del Athletic choca frontalmente con la actual deriva balompédica. Frente a los multimillonarios traspasos internacionales, galácticos, jeques y oligarcas, la apuesta por la cantera hace que se antoje casi imposible un cara a cara directo con los grandes del fútbol español por el torneo liguero. Al menos, a priori. Pero a pesar de todo, tan arriesgado planteamiento también ha conducido a la participación en la Supercopa de España lograda en 2009, a las finales de Copa de ese mismo año y de 2012 o la final de la Europa League en esta última campaña. ¿Por qué no soñar si el Athletic ha sabido reinventarse para competir en un universo futbolístico radicalmente opuesto a sus principios? La gabarra permanece amarrada, sí, pero no por mucho tiempo.

22/08/2014

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