La quinta de Arza

SevillaJULIÁN CARPINTERO | Aunque necesitaba una carambola, la posibilidad existía. Aquella cálida tarde de domingo de junio de 2007, el Sevilla de Juande Ramos tenía ante sí la opción de proclamarse campeón de Liga. Si bien es cierto que necesitaba ganar al Villarreal en el Pizjuán y que ni Real Madrid ni Barça derrotaran, respectivamente, a Mallorca y Nàstic, la parte rojiblanca de la ciudad del Guadalquivir se disponía a vivir un día que, pasara lo que pasara, ya era histórico. Sin embargo, un tanto del central argentino Fuentes hizo que los sueños de los hispalenses se evaporaran con el calor del verano andaluz, de modo que al final del día el único sevillista que pudo celebrar la Liga fue un pletórico José Antonio Reyes, que con su doblete movilizó al madridismo hasta la Cibeles. A la hinchada de Nervión le tocaría seguir esperando un año más… O quizá toda la eternidad.

1946 siempre será recordado como el año en que Juan Domingo Perón se convirtió en Presidente de Argentina, Italia se convirtió en República o Frank Capra estrenó “¡Qué bello es vivir!”, su cinta más célebre. No obstante, el primer año de paz en Europa tras el armisticio que puso fin a la Segunda Guerra Mundial trajo consigo un acontecimiento insólito en el joven balompié español, pues el Sevilla ganó el que en aquel momento era –y a día de hoy sigue siendo– su primer título de Liga. El equipo que entrenaba el pontevedrés Ramón Encinas interiorizó su papel de tapado y, partido a partido, que diría Simeone, fue capaz de destronar a los todopoderosos Barcelona y Athletic de Bilbao para hacerse un hueco en la eternidad del fútbol nacional.

No era el cuadro que presidía Jerónimo Domínguez y Pérez de Vargas –a la sazón Marqués de Contadero, mano derecha de Franco y Alcalde de Sevilla durante los 50– un equipo en el que brillaran las grandes figuras de la época. Mientras en Les Corts disfrutaban de los goles de César y la jerarquía de los Gonzalvo, el Athletic presumía de la delantera de seda que formaban Zarra, Panizo, Iriondo y Gaínza, pues Venancio aún no asomaba como titular. Por su parte, Chamartín se exaltaba con la garra de Barinaga y el olfato de Pruden, al tiempo que en un Atlético que todavía era de Aviación empezaba a destacar un joven Escudero bajo el abrigo de su entrenador, ‘El Divino’ Ricardo Zamora. Así las cosas, y ante la falta de referentes que de vez en cuando coparan la portada del MARCA, la afición sevillista se conformaba con que su equipo no descendiera y con las carreras de aquel joven extremo de nombre Juan Arza, el mismo que pasaría a la historia con el sobrenombre de ‘El niño de oro’.

Valencia, Athletic y Barça se habían repartido los campeonatos de Liga en la primera mitad de la década, por lo que, a pesar de la evolución que venía mostrando el conjunto rojiblanco en los últimos años, nada hacía indicar que aquella campaña 1945/46 fuera a ser distinta. En este contexto, el británico 2-4-4 que planteó Encinas –con Busto en portería; defensa de dos para Joaquín y Villalonga; dos sólidos centrocampistas como Félix y Herrera para jugar por dentro y otros dos rápidos como Eguiluz y Alconero para aprovechar las bandas; y el póker de delanteros compuesto por el mencionado Arza, Campos, Araujo y López– se mantuvo, silencioso, a la expectativa del sorprendente Oviedo y, sobre todo, del Athletic para hacerse con el liderato a falta de dos jornadas y no ceder ante el empuje del Barcelona, al que tenía que enfrentarse a domicilio en la última fecha cuando a ambos sólo les separaba un punto. Finalmente, un tanto de Araujo en el feudo del Barça sirvió para sumar el punto que al Sevilla le hacía falta para romper el orden establecido y tocar la gloria con los dedos. Cuentan las crónicas de la época que una hora después del empate que hizo campeón al cuadro hispalense actuaba en el Teatro Álvarez Quintero la cantante Antoñita Moreno, que no dudó en salir al escenario envuelta en una bandera del Sevilla para regocijo de los asistentes.

El recibimiento del equipo a su vuelta de Barcelona fue de los que no se olvidan. Tras pasar por Córdoba y brindar con champán con su alcalde, la expedición sevillista se vio obligada a pararse en cada pueblo de la provincia, donde los jugadores eran recibidos como auténticos héroes por una comitiva de coches y bicicletas en una escena puramente ‘berlanguiana’. El Ayuntamiento acordó un decreto para que todos los balcones de la ciudad se engalanaran con los colores rojo y blanco y cada jugador recibió un reloj de oro grabado con el escudo de la ciudad y una cartera de piel que su interior contenía mil pesetas.

Desde entonces, el Sevilla nunca ha vuelto a estar tan cerca de repetir la hazaña como aquel 17 de junio de 2007, cuando los Palop, Luis Fabiano, Kanouté o el malogrado Puerta hincaron la rodilla con más honor que tristeza. La guinda a esa magnífica temporada la pondrían ganando la Copa del Rey en el Bernabéu ante el Getafe, aunque quizá su mayor satisfacción fue haber acabado el año sin que su eterno rival que viste de verde y blanco fuera capaz de ganarles. Como en 1946. Aunque, claro, Arza y compañía ni siquiera tuvieron que enfrentarse a un Betis que vagaba por la Segunda división. Tampoco les hizo falta, pues ya eran eternos.

19/08/2014

Anuncios

One thought on “La quinta de Arza

  1. Pingback: La quinta de Arza | Noticias de mi Tierra

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s