Ébola

Togo supporters pray during their African Nations Cup (AFCON 2013) Group D soccer match against Ivory Coast in RustenburgÁLVARO MÉNDEZ | Uno de los extraños efectos que tiene pasar una semana fuera de España es que, por unos días, se desconecta del panorama informativo patrio, ese mismo que tan acostumbrado está a crear derivas de noticias y volver sobre ellas una y otra vez en el período estival. Al echar un vistazo ayer a los informativos pude observar la tremenda psicosis que se ha desatado —o que han favorecido a que se desate— a causa de que un enfermo de ébola, un misionero que se había dejado la vida limpiando coágulos de sangre de contagiados en Liberia, fuese traído a Madrid en busca de un tratamiento.

El problema, por lo tanto, no era que más de 1.000 personas hubieran fallecido en África a causa de la enfermedad en lo que va de año, sino que existiera una mínima posibilidad de que se produjera un contagio en nuestra sociedad supracivilizada. Los estudiosos de la información achacarían este cinismo mayúsculo al factor de la proximidad, pero llega un momento en que dicho factor se sobreexplota hasta tal grado que carece de validez alguna. Y ocurre siempre. La verdad, aunque duela, es que sólo nos acordamos del ‘continente olvidado’ cuando, hablando mal y pronto, nos hacen la puñeta.

Por lo tanto, el problema es real. Y no aquí, precisamente, sino al sur del estrecho de Gibraltar. Tal y como ha ocurrido repetidamente a lo largo de la historia reciente, si el deporte se paraliza es porque existe una causa de fuerza mayor. En septiembre, por ejemplo, comenzarán a disputarse las eliminatorias para la Copa África que se celebrará en 2015, el torneo con el que decenas de jugadores intentan deslumbrar al mundo para conseguir un pasaporte hacia el fútbol occidental. Sin embargo, esta fase ya ha sido agitada por la epidemia que está asolando el oeste del continente.

De hecho, la Confederación de Fútbol Africano ya ha anunciado que aquellos partidos que estaban programados para jugarse en páises afectados como Guinea y Sierra Leona —que reciben a Togo y Congo respectivamente— deberán disputarse en otras sedes aún por decidir a causa del brote de ébola. Tal es la situación. Además se permitirá que los países que acojan a Guinea y Sierra Leona podrán llevar a cabo todos los controles que estimen necesarios para prevenir el contagio del mortífero virus.

La cuestión ahora es saber qué naciones accederán a recibir los partidos que disputen estas dos selecciones. O, en otras palabras, quiénes son los valientes que se atreven a ello. Será trágico comprobar cómo los distintos gobiernos de la zona se pasarán la patata caliente, aunque probablemente sea más desalentador incluso recordar cuál es la deuda histórica que se tiene con estos países y que, desde mediados del siglo XX, les ha sumido en la más profunda dependencia.

Sí, la decisión de la CAF es sólo fútbol. Pero es sumamente indicativo de que, quizá, el problema es bastante más grave en África que en nuestra intocable Europa. Aunque nos quieran hacer creer lo contrario.

15/08/2014

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