Éxodo fallido

shakhtarÁLVARO MÉNDEZ | Desgraciadamente, el este de Ucrania es una región que ya se ha acostumbrado demasiado al sonido de las sirenas que avisan de la proximidad de una batalla. Utilizar por ello la manida expresión “saltaron todas las alarmas” para referirnos a un hecho estrictamente balompédico en tiempos de guerra no sería lo más adecuado. Sí es cierto, sin embargo, que hace hace dos semanas los despachos del lujoso Donbass Arena de Donetsk vivieron un revuelo inusual cuando seis jugadores sudamericanos del Shakhtar se negaron a regresar a la ciudad tras un partido amistoso en Francia.

Douglas Costa, Alex Teixeira, Fred, Dentinho, Ismaily y Facundo Ferreira denunciaron la falta de seguridad en el que es ahora el epicentro de un conflicto bélico que corre el riesgo de convertirse en crónico. La consigna era clara: jugar sin riesgos o abandonar la entidad ‘minera’. En un primer momento, el propietario del club, Rinat Ajmétov, lanzó un atrevido órdago como aviso inicial: “Si no vuelven, serán los primeros que van a sufrir”. Ahora bien, poco tardó en darse cuenta el multimillonario de que su gran imperio futbolístico podía venirse abajo si no rectificaba y daba un paso atrás, una de sus especialidades en los últimos tiempos.

Quizá hace falta recordar que Ajmétov, oligarca de las minas que flirteó con los círculos próximos a Vladimir Putin y al depuesto Presidente ucraniano Víktor Yanukóvich, no dudó en cambiarse la chaqueta y criticar con dureza al bando prorruso cuando vio peligrar las generosas subvenciones que Kiev otorgaba a sus negocios. Ahora, accediendo a las reclamaciones de algunas de sus estrellas, el club dejará por tanto la prorrusa localidad de Donetsk para jugar sus partidos de Liga y Champions en la occidentalista Lviv, ciudad que se muestra tremendamente afín a la Unión Europea y que allá por el siglo XVIII perteneció al Imperio Austrohúngaro. Casualidades de la vida.

Pero ya decía Hermann Hesse que “cuando alguien necesita algo con mucha urgencia y lo encuentra, no es la casualidad la que se lo proporciona, sino él mismo. El propio deseo y la propia necesidad conducen a ello”. La mudanza temporal hacia el oeste no es sino parte fundamental de la estrategia de europeización de un equipo que hasta hace bien poco estaba considerado como el defensor de la Ucrania rusa, como el símbolo de quienes preferían mirar a la maternal Moscú antes que a la nacionalista Kiev.

Aunque lo cierto es que no es fácil modificar el ADN ideológico de un club cuando son las propias pasiones las encargadas de establecerlo a lo largo del tiempo. Dos son las principales incógnitas que, a bote pronto, deja este éxodo. En primer lugar, los aficionados del Shakhtar deberán viajar centenares de kilómetros hasta la otra punta del país para ver a su equipo. Pero, además, lo harán con el orgullo arponeado por la traición que supone vivir en casa del enemigo. Y, en segundo lugar, queda por saber cuál será la acogida que la proeuropea Lviv brindará al Shakhtar Donetsk. Dos interrogantes nada despreciables cuando hay sangre —y mucha— de por medio.

Todo o nada. Así de simple es la realidad en un país donde todo, incluido el fútbol, es susceptible de ser utilizado como arma arrojadiza. Así de simple es la realidad en un país donde reina el ‘sálvese quien pueda’ con la improvisación y el ‘chaqueterismo’ por bandera. Así de simple es la realidad en un país en torno al cual las hienas se arremolinan cada vez más hambrientas acelerando irremediablemente su descomposición.

05/08/2014

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