Resignarse

RonaldKoemanSouthamptonJULIÁN CARPINTERO | ‘The saints’. Es evidente que el apelativo por el cual se conoce a los aficionados del Southampton no necesita ningún tipo de traducción. Dicho sobrenombre les acompaña desde el nacimiento del club en 1885, fecha en que fue fundado como el equipo que representaría a la Iglesia de Saint Mary. Desde entonces, más allá de la FA Cup lograda en 1976, el mayor triunfo de la entidad del sur de Inglaterra quizá haya sido su capacidad de supervivencia ante el continuo saqueo de jugadores al que se ha visto sometido año a año y que en este mercado de fichajes está alcanzando su punto álgido. Sin embargo, como si de beatos se tratara, no pierden tiempo en levantar la voz para empezar a amasar otra nueva hornada.

27 temporadas consecutivas llevaba el Southampton compitiendo con la élite del balompié inglés cuando perdió la categoría. Era el año 2005 y Le Tissier, a fe el mejor y más querido jugador de la historia del club rojiblanco, ya no se vestía de corto. El presente y el futuro de la entidad se tornaron más negros, si cabe, tres temporadas después, justo en el momento en que cayeron otro escalón más, pues volver a ver la luz cuando has estado en las catacumbas suele ser una tarea complicada. Sin embargo, de la mano de Nigel Adkins, y con un grupo joven pero ambicioso, el Southampton fue subiendo peldaños de forma vertiginosa hasta codearse de nuevo con los pomposos socios de ese lujoso ateneo llamado Premier League. Sin la brillantina del resto y con manchas de tizna en la cara. A su manera.

Y es que aunque a día de hoy carezca de la popularidad del Manchester United o el Liverpool, el Southampton fue una sociedad tremendamente influyente en el fútbol español de principios del siglo XX. Así como las leyendas del Athletic Sabino Barinaga y Raimundo Pérez Lezama jugaron allí antes de llegar a San Mamés, si el Atlético de Madrid ha cimentado su identidad en las célebres rayas rojas y blancas es porque en sus inicios compró en Inglaterra —por equivocación, dicho sea de paso— unas camisetas a las que el Southampton no lograba dar salida. En este contexto, bien es cierto que su abnegada afición no puede henchir de orgullo el pecho al enumerar unos títulos que son mucho menos numerosos que los subcampeonatos logrados, pero sí está en condiciones de agarrarse a su memoria para recordar las leyendas que han vestido su zamarra. Desde Shilton y Grobbelar hasta Kevin Phillips y Jamie Redknaap, pasando por Wise y Sammy Lee. No obstante, si ha habido una constante a lo largo de su historia esa ha sido su actitud resignada al observar cómo los grandes equipos de Inglaterra lanzaban sus redes sobre sus prolíficos bancos de peces.

AdamLallana

Lallana, Lambert y Lovren, puntales del Southampton en la 2013/14, vestirán este año el rojo del Liverpool.

No está siendo un verano sencillo en St. Mary’s. La grandísima temporada que realizó el equipo la pasada campaña —en la que acabó octavo y llegó a rozar los puestos europeos— no pasó desapercibida para los tiburones de la competición inglesa. Así, el primero en abandonar el barco fue, paradójicamente, el capitán, un Mauricio Pochettino que entrenará al Tottenham tras ganarse el respeto de toda Inglaterra, pero que ya había dejado entrever su marcha tras la dimisión del presidente Nicola Cortese —su gran valedor— en el mes de enero. Pero lo dramático llegó con la diáspora de jugadores, pues Lovren, Lallana y Lambert hicieron las maletas rumbo a Liverpool, Shaw cubrirá el hueco que ha dejado Evra en Old Trafford y Chambers ha sido reclutado por Wenger para su remozado Arsenal. Entre todos han dejado más de 100 millones de libras en las arcas del club, aunque podían no ser los últimos en buscar un futuro más estable que el que puede garantizarles el club rojiblanco, pues Schneiderlin, Wanyama u Osvaldo también cotizan al alza.

Un drama para cualquier institución, pero una situación a la que el Southampton ya se ha enfrentado en más ocasiones a lo largo de su historia. ¿Acaso no se sobrepuso al fichaje de los goleadores Chivers y Channon en 1968 y 1977 por Tottenham y Manchester City, respectivamente? ¿No fue capaz de mirar hacia adelante cuando el Blackburn Rovers se llevó a Alan Shearer en 1992? ¿O cuando, de nuevo los Spurs, pusieron sobre la mesa siete millones de libras por Bale en 2007? ¿Dejó de existir porque el Arsenal fichara a Walcott y a Oxlade-Chamberlain? Nada de eso. Al Southampton le costó, pero volvió a sacar la cabeza.

Cuando se fue Pochettino, la Dirección Deportiva ‘saint’ confió el timón a Ronald Koeman, que dejaba así otro de los clubes expoliados por excelencia: el Feyenoord. A él le han acompañado el ‘capocannoniere’ Pellè y el explosivo Tadić, que junto a Jay Rodríguez intentarán minimizar el impacto de las ausencias. Sea como fuere, el inmortal héroe de Wembley para la afición culé tendrá que trabajar duro y doctorarse en hagiología, la ciencia de lo sagrado. Que Job le acompañe.

02/08/2014

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