‘Capo’ Tavecchio

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SERGIO MENÉNDEZ | “La acogida del jugador es una cosa y el fútbol es otra. En Inglaterra, por ejemplo, se identifica a los futbolistas que llegan y se estudia si cuentan con la profesionalidad necesaria para hacerlos jugar. Aquí, en cambio, llega un ‘Opti Poba’ que antes comía plátanos y ahora juega de titular en el Lazio”. Con estas declaraciones tan polémicas se desmarcó públicamente Carlo Tavecchio, candidato a presidir la FIGC, la principal institución del ‘calcio’ a nivel federativo, y principal favorito a suceder a Giancarlo Abete el próximo 11 de agosto en el cargo que ocupará hasta esa fecha.

Nacido en Ponte Lambro, localidad perteneciente a la provincia de Como, llegó al fútbol ya talludito, con 31 años, procedente del mundo de la contabilidad y las finanzas. A diferencia de Demetrio Albertini, su contrincante en la carrera por dirigir la federación italiana, Tavecchio jamás ha pateado un balón a nivel profesional, pues su irrupción se produjo directamente en los despachos. Nada más licenciarse, trabajó como gerente de banca para, entonces, protagonizar un salto a la política que le llevó a convertirse en alcalde de su pueblo natal, función que desempeñó durante cuatro legislaturas consecutivas y que compatibilizó con la fundación de una sociedad polideportiva en Ponte Lambro. Poco después, también en su localidad natal y en un ámbito puramente futbolístico, se convirtió en presidente de un club de aficionados, puesto que le aportó la experiencia necesaria para convertirse en el máximo mandatario de la Lega Nazionalle Dilettanti, órgano que se encarga de gestionar todo lo relacionado con el balompié transalpino a escala regional, desde 1999 hasta la actualidad.

Y es que Carlo Tavecchio responde a ese perfil de hombre de ambición desmedida, emprendedor, de fuerte personalidad, hecho a sí mismo y al que nunca le valdrá con tener más si puede controlarlo todo. Su baja estatura y la esfera semiperfecta que conforma su estructura facial, combinada con lentes de montura al aire, lejos de proyectar una imagen de candidez, frágil y bonachona, son la mascarada perfecta para esconder un severísimo rictus, dos cejas tan negras como el carbón que casi parecen una debido a ese ceño de fruncir permanente y en paralelo siempre con una boca a la que únicamente veremos esbozar una sonrisa ante la satisfacción por un plan que ha salido perfecto.

¿Su próximo objetivo? A menos que Albertini y Fausto Viviani, líder de Bandera Gialla, una asociación con sede en Bolonia que aboga por suprimir los comportamientos racistas y la xenofobia dentro del calcio, lo remedien, Tavecchio tiene todas las papeletas para ser elegido como dirigente de la FIGC, cargo al que llegaría tras más de un lustro de vicepresidente.

De hecho, además de contar con la adhesión, por ejemplo, de Milan o Lazio, el candidato tiene el respaldo a título particular de jugadores de raza negra, entre los que destaca Joseph Minala, futbolista camerunés del equipo celeste que, según sus propias palabras, le está profundamente agradecido por haberle ayudado en el pasado a salir definitivamente de África y terminar militando en primera división. Juventus, Fiorentina o Sampdoria, por su parte, han tratado de dar la voz de alarma y han mostrado su apoyo a la decisión de Bandera Gialla de remitir a Tavecchio una cesta de plátanos firmada por el mismísimo ‘Opti Poba’, nombre ficticio que utilizó para designar a los jugadores ‘bananófagos’. Dosis de humor para tratar de exterminar una plaga que amenaza de nuevo al fútbol italiano y podría llegar a propagarse entre sus esferas más altas.

31/07/2014

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